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¿El crecimiento en las fronteras o en las fronteras
del crecimiento?
Southwest Economy
May/June 2002
La frontera entre Texas y México tiende a crecer
rápidamente en términos de población
y fuentes de trabajo. Sin embargo, los logros en cuanto a
bienestar se captan mejor en términos de tasas más
bajas de desempleo y crecimiento de los ingresos reales.
En el pasado, las tasas de desempleo de la franja fronteriza
han estado entre las más altas del país y el
ingreso per cápita de la frontera ha sido aproximadamente
la mitad del promedio nacional. Las ocasiones en las que
los ingresos de la frontera han aumentado ligeramente, el
progreso ha sido aniquilado por una recesión en Texas
o una devaluación del peso mexicano. Resulta interesante
que el progreso de la frontera a finales de la década
de los 90 parezca haber roto con el pasado de muchas maneras.
La prosperidad (“boom”) de la frontera se inició cuando
la economía texana y la mexicana crecieron al mismo
tiempo. Ahora, con ambas economías estancadas, surgen
algunas preguntas: ¿Cuáles son los logros más
recientes de la frontera? ¿Cómo se alcanzaron? ¿Habrán
llegado esta vez para quedarse?
Logros recientes del bienestar de la frontera
La reducción del desempleo y
el aumento de los ingresos. Con el crecimiento de la economía
de la frontera durante la década de los 90, las tasas
de desempleo cayeron y los ingresos aumentaron. A pesar de
que la tasa de desempleo de las ciudades que están
en la franja fronteriza continúa siendo más
alta que la tasa de desempleo del resto del estado de Texas
y del país, durante la década pasada se registraron
avances récord. Tal como lo ilustra el Cuadro 1, hubo
una tendencia marcada a la baja de las tasas de desempleo
en todas las ciudades fronterizas, entre 1990 y 2000. McAllen,
que históricamente había sido la ciudad fronteriza
con la más alta tasa de desempleo, mostró el
mayor progreso. Entre 1990 y 2000, la tasa de desempleo de
McAllen bajó del 25 por ciento en febrero de 1990,
al 12.5 por ciento en diciembre de 2000; es decir, que se
redujo en 50 por ciento. Laredo, que es la ciudad que en general
ha tenido la más baja tasa de desempleo de entre todas
las ciudades fronterizas, vio cómo la tasa de desempleo
cayó de aproximadamente un 12 por ciento en 1990, a
una tasa históricamente baja del 6.3 por ciento en
diciembre de 2000.

Las tasas de desempleo de la
franja fronteriza se han mantenido estables, a pesar de
que actualmente se ha detenido la economía.
Aunque la tasa de Texas ha alcanzado el nivel máximo
de 5.8 por ciento en seis años, las tasas de desempleo
de El Paso, Laredo y McAllen han permanecido en el mismo
nivel o han bajado durante el último año. Mientras
que las tasas de desempleo aumentaron a principios de 2001
en Brownsville, McAllen continuó experimentando avances
y las tasas bajaron durante el último año.
La tasa de desempleo de Laredo que se ajustaba temporalmente,
regresó al mismo 6.9 por ciento de hace un año,
y la tasa de El Paso ha permanecido generalmente estable,
aumentando ligeramente del 8 al 8.2 por ciento entre marzo
de 2001 y marzo de 2002.
De manera muy parecida a lo que
sucede con el desempleo, los niveles de ingresos en la
franja fronteriza no se comparan
favorablemente con los niveles promedio de Texas y del resto
de los Estados Unidos. Sin embargo, así como hubo
cambios en la tasa de desempleo, el nivel de ingresos en
la frontera también mejoró en la década
de 1990. De hecho, el ingreso per cápita de todas
las ciudades fronterizas, excepto de El Paso, aumentó más
rápido que el ingreso estadounidense entre 1990 y
1999 (Cuadro 2). El ingreso per cápita de las ciudades
fronterizas aumentó 12.7 por ciento en términos
reales, comparado con un 11.6 por ciento en el resto del
país. La ciudad de Laredo registró los logros
más impresionantes, seguida por Brownsville y McAllen.
El Paso tuvo el crecimiento más lento del nivel de
ingresos de las cuatro áreas metropolitanas fronterizas,
logrando sólo el 9 por ciento en términos reales,
entre 1990 y 1999.

¿Cómo se explican la reducción del
desempleo y el aumento de los ingresos? En general, las tasas
de desempleo cayeron debido a que las fuentes de empleos
crecieron más rápido que la población;
los ingresos aumentaron debido a dos situaciones: los salarios
aumentaron dentro de ciertas industrias y la cantidad de
trabajos creció en industrias que pagan salarios relativamente
altos. Tal como se muestra en el Cuadro 3, el crecimiento
de las fuentes de empleo superó el rápido crecimiento
de la población en todas las ciudades fronterizas,
lo que causó las reducciones en la tasa de desempleo.
Otro factor importante en el Valle del Río Grande
ha sido la disminución de la importancia de la agricultura.
El trabajo del campo es típicamente de temporada y
que paga salarios bajos. La disminución del sector
ha reducido el número de trabajadores agrícolas
y ha contribuido a la caída de las tasas de desempleo
en McAllen y Brownsville. Al mismo tiempo que ha disminuido
la cantidad de trabajos agrícolas en el Sur de Texas,
en todo el país han aumentado las oportunidades en
otro tipo de trabajos para los que no se requiere mucha preparación.
Esto puede haber provocado la migración de trabajadores
de temporada de esta región, con el objeto de buscar
empleos de todo el año en industrias en expansión,
tales como la producción y procesamiento avícola
en el Sureste y el empaquetado de carne en el medio Oeste.

Mientras tanto, el aumento de
ingresos en la franja fronteriza se remonta a un aumento
de las ganancias promedio, particularmente
en ciertas industrias en expansión, así como
al crecimiento de fuentes de empleo en industrias que pagan
salarios altos.[1] Las industrias clave están determinadas
por la función única de la frontera como puerta
al comercio internacional y como destino de los consumidores
procedentes de México. Como resultado de esto, hay
una porción mayor de empleos que el promedio en sectores
tales como el gobierno, la transportación y el comercio
al mayoreo y menudeo. La transportación y el gobierno,
junto con las finanzas, los seguros y los bienes raíces
(FIRE, por sus siglas en inglés), fueron sectores
de gran crecimiento que lograron que la franja fronteriza
se diferenciara de lo que sucedió en el resto del
país, al exceder las tasas de crecimiento de fuentes
de empleo de los Estados Unidos en la década de 1990
(Cuadro 4). En todas estas tres industrias, se paga
más
de lo que se paga en los trabajos fronterizos promedio.[2]

Varios de estos sectores industriales
fueron algunos de los que experimentaron el mayor aumento
en ganancias durante
la década. Tal como se muestra en el Cuadro 5, las
ganancias promedio por trabajador en FIRE, la minería,
el gobierno federal y el comercio mayorista crecieron por
encima de las tasas promedio (62, 34, 15 y 11 por ciento,
respectivamente).
La expansión de fuentes de empleo en el gobierno
federal, tales como el crecimiento récord de la Patrulla
Fronteriza de los Estados Unidos como parte de las medidas
enérgicas frente a la inmigración ilegal, posiblemente
dio origen a los aumentos de ganancias en este sector. Irónicamente,
mientras algunos sectores fronterizos se benefician al evitar
la entrada de gente, otros, tales como el comercio al mayoreo
y menudeo, se benefician al permitir la entrada. Los sectores
del comercio al mayoreo y menudeo dependen claramente de
la afluencia de los compradores mexicanos. Cabe recalcar,
por ejemplo, el impacto que tuvo la devaluación del
peso a finales de 1994 en cuanto a las ganancias de esta
industria (Cuadro 5); estos sectores no se pudieron empezar
a recuperar de ese impacto, sino hasta después de
1996.

Resulta interesante el hecho
de que en este período
y de entre todas las industrias, los beneficios más
sorprendentes en cuanto a ganancias se lograron en el sector
FIRE, cuyas ganancias promedio aumentaron 62 por ciento entre
1990 y 1999. El tremendo crecimiento de la población
y el consecuente aumento de la demanda de viviendas, contribuyeron
al impresionante crecimiento de este sector.[3] Tal como
se ilustra en el Cuadro 3, tres áreas metropolitanas
de la franja fronteriza de Texas y México superaron
tanto la tasa de crecimiento de Texas, como la nacional,
mientras que la de El Paso creció más rápido
que la de los Estados Unidos (aunque creció más
lentamente que la del estado).
La mayor parte del crecimiento
de la población fronteriza
se puede atribuir a las altas tasas de aumento natural (número
de nacimientos menos número de muertes), que significó aproximadamente
un 62 por ciento de aumento de población en McAllen
y Laredo, y un 77 y 98 por ciento de aumento de población
en Brownsville y El Paso, respectivamente. Además,
existe también el fenómeno de inmigración
internacional, tanto de manera legal como ilegal, a las ciudades
fronterizas; y también hubo inmigración doméstica
a Laredo y McAllen, lo que dio como resultado un 9 por ciento
de aumento de población, comparado con el 29 por ciento
debido a la inmigración internacional en ambas ciudades.
La explosión demográfica fronteriza provocó la
explosión en la industria de la construcción,
lo que a su vez provocó que el costo real de las viviendas
bajara en casi todas y cada una de las ciudades fronterizas
durante la década de 1990.[4] La expedición
de permisos de construcción de casas unifamiliares
aumentó 54, 53 y 57 por ciento en Brownsville, El
Paso y McAllen, respectivamente, entre 1992 y 1999. Una contribución
importante de construcciones residenciales y venta de casas
ha sido para ejecutivos y gerentes de la industria de las
maquiladoras, que viven en el lado estadounidense de la frontera
y tienen que transportarse para llegar a sus lugares de trabajo.
A pesar del progreso, continúa habiendo pobreza.
A pesar de que el nivel de ingresos en el área fronteriza
creció por arriba del promedio en los 90s, en esa
década se logró relativamente poco en cuanto
a que los ingresos fronterizos se acercaran más a
los promedios estatales y nacionales.[5] En 1999, el ingreso
promedio per cápita de las ciudades fronterizas texanas
era de $14,737, comparado con $26,266 en Texas y $27,859
en el resto del país. Como resultado de esto, las
tasas de pobreza de la frontera son bastante más altas
que el promedio nacional y la percepción de la situación
de la frontera es que se trata de una zona con pobreza crónica.
Sin embargo, la situación a la que se le da menos
atención es que una porción mayor del diferencial
de ingresos se debe a las características demográficas
de la población fronteriza. Aproximadamente el 86
por ciento de la población fronteriza (urbana) es
de origen hispano, comparado con el 32 y el 12 por ciento
en Texas y los Estados Unidos, respectivamente. Si en lugar
de comparar el nivel promedio de ingresos de la frontera
con el nivel nacional promedio, comparáramos el nivel
promedio de ingresos de la frontera con el nivel promedio
de ingresos de los hispanos en los Estados Unidos, desaparecerían
las diferencias en cuanto a los niveles de ingresos. De acuerdo
con los datos del censo de 2000, el ingreso reportado personalmente
por cada miembro de la familia entre los hispanos es de $12,271,
comparado con $25,318 entre los blancos no hispanos. Ésta
es sólo una comparación burda, pero ilustra
el punto de que el ingreso per cápita no es marcadamente
más bajo ahí que en otros lugares, siempre
y cuando se mantengan constantes los factores sociodemográficos.
Por otro lado, explicar las diferencias
en cuanto a niveles de ingresos simplemente basándose en estratificación
de origen étnico, no explica las razones subyacentes
del porqué los ingresos fronterizos son más
bajos. No sólo es más probable que las familias
que viven en las fronteras sean más grandes, sino
que además son más jóvenes en promedio,
o sea, personas relativamente jóvenes que todavía
no han logrado alcanzar todo su potencial en cuanto a ganancias.
Otros factores que contribuyen a bajar ingresos son las bajas
tasas en la participación de mano de obra, bajos niveles
de educación, tasas elevadas de abandono escolar y
a que gran parte de los trabajadores nacieron en el extranjero
y tienen conocimientos limitados del inglés. Otra
razón por la que los ingresos en la zona fronteriza
son bajos es debido a la gran población de trabajadores
migratorios, especialmente en el Valle del Río Grande.
Los trabajadores migratorios viajan al medio Oeste y al Sureste
durante las temporadas de cultivo y lo que ganan fuera del
estado no son datos que se capturan en las estadísticas
que se usan aquí, lo que provoca las tendencias a
la baja del ingreso medido.
Asimismo, debido a la falta de
trabajadores calificados, pocas de las industrias que ofrecen
salarios altos están
localizadas en la zona fronteriza.[6] Tradicionalmente, esta
región ha atraído compañías que
buscan trabajadores poco calificados, como la industria del
vestido en El Paso o, más recientemente, los centros
de llamadas en el Valle del Río Grande. El sector
agrícola, caracterizado por ingresos relativamente
bajos y por ofrecer sólo trabajos de temporada, reduce
aún más el nivel de ingresos per cápita
de la frontera.[7]
¿Cómo se lograron los beneficios
de la frontera?
Históricamente, el éxito
o fracaso de la economía fronteriza ha dependido de
las fortalezas y debilidades de las economías mayores
que la rodean. Las economías de los Estados Unidos,
México y Texas se han alternado los papeles de salvador
y villano en la frontera. De los cuatro períodos de
recesión que se han experimentado en la frontera desde
1980, dos han sido el resultado de recesiones en las tres
economías (1982, 2001), mientras que uno fue sólo
debido a la situación de México y Texas, y otro,
el período de la Crisis del Tequila en 1995, fue únicamente
debido a la situación de la economía mexicana.[8]
El Cuadro 6 ilustra, año por año, las dimensiones
de las fluctuaciones del crecimiento de trabajos en la frontera
con las economías estadounidense, texana y mexicana
durante este período. Una vez más, las diversas
ciudades fronterizas han pagado de manera diferente durante
los ciclos comerciales. Antes de finales de la década
de los 90, el crecimiento del índice de empleos en
Laredo fue sin lugar a dudas el más cíclico,
alcanzando un promedio de 6 por ciento de pérdida de
fuentes de trabajo en los años de recesión de
1982, 1986 y 1995. Sin embargo, la más reciente recesión
le pegó más duro a la ciudad de El Paso.

Con las tres economías creciendo rápidamente,
particularmente después de 1995, no resulta sorprendente
que la zona fronteriza haya logrado un progreso económico
importante a finales de los 90. A pesar de eso, dos cosas
fueron muy diferentes esta vez: el libre comercio y la estabilidad
de la macroeconomía de México. Cuando México
abrió su economía al comercio a través
de su participación en el Acuerdo General de Aranceles
y Comercio (conocido entonces como GATT por sus siglas en
inglés, y ahora como Organización Mundial de
Comercio o WTO, por sus siglas en inglés) en 1986
y más tarde en el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (TLCAN) en 1994, el comercio entre México
y Estados Unidos creció en volumen y sufrió asimismo
rápidos cambios de composición. Ambos desarrollos
beneficiaron la economía de la frontera.[9] El volumen
aumentado del comercio en ambas direcciones es procesado
en la frontera, no sólo por las aduanas estadounidense
y mexicana y muchas otras instituciones gubernamentales,
sino también por transportistas, agentes de transportación
de carga, agentes aduanales, agentes de seguros, banqueros
y operadores de puentes. Es difícil imaginar que exista
cualquier tipo de negocio que no haya sido afectado directa
o indirectamente por el comercio internacional en la frontera
entre Texas y México.
El cambio de composición de las exportaciones mexicanas,
desde materias primas como plata y café hasta productos
manufacturados como partes automotrices y electrónicas,
ha sido también benéfico para la frontera,
al provocar un crecimiento más rápido del índice
de empleos en maquiladoras. La mayoría de las maquiladoras
están localizadas tan sólo atravesando la frontera
en las ciudades mexicanas hermanas de Matamoros (Brownsville),
Reynosa (McAllen), Nuevo Laredo (Laredo) y Ciudad Juárez
(El Paso). El índice de empleos en las maquiladoras
de estas ciudades aumentó 83 por ciento en promedio
durante la década de 1990.[10] Dada la interdependencia
interfronteriza en cuanto a transacciones al menudeo, bancarias,
de seguros y de bienes raíces, el rápido crecimiento
del índice de empleos y de ganancias del lado mexicano
provoca una mayor demanda de estos bienes y servicios en
el lado estadounidense.
A pesar de que todas las ciudades
fronterizas se han beneficiado del comercio liberalizado
con México y del crecimiento
de las maquiladoras, sus experiencias individuales han sido
diferentes. Por ejemplo, la cercanía de McAllen a
la tercera ciudad mexicana en tamaño, Monterrey, y
la expansión fenomenal de las maquiladoras en Reynosa,
la ciudad hermana de McAllen, fueron dos situaciones que
impulsaron el crecimiento de McAllen. Laredo, debido a su
ubicación única en la región que se
conoce con el apodo de la supercarretera del TLCAN, procesa
actualmente 40 por ciento del comercio por tierra con México.
El comercio entre Estados Unidos y México creció un
promedio de 12 por ciento al año entre 1990 y 2000,
lo que apresuró el crecimiento de Laredo. Brownsville,
ciudad estratégicamente localizada en el Golfo de
México, que cuenta tanto con puerto marítimo
como con industria turística, se ha beneficiado de
manera similar con el aumento del comercio entre Estados
Unidos y México, así como del influjo de compradores
mexicanos.
El Paso es un caso ligeramente
diferente. Con 40 por ciento de empleos de manufactura
en la industria del vestido antes
de 1994, la economía de la ciudad fue vulnerable a
la reducción de tarifas arancelarias sobre las prendas
de vestir de México, debido al TLCAN. Por tanto, el
desempeño laboral relativamente débil en la
década de 1990 (comparado con el de otras ciudades
fronterizas) es impresionante actualmente. El Paso ha sufrido
un cambio estructural durante la última década,
provocado en gran medida por los consumidores y las industrias
de Ciudad Juárez.[11]
La estabilidad de la macroeconomía mexicana y la
fortaleza del peso. Un resultado positivo de la recesión
de México de 1995 fue un compromiso por lograr una
macroeconomía estable y el cambio a una política
de flotación de la paridad.[12] Dicha política
no evita la posibilidad de una depreciación de la
moneda, pero hace más raras las devaluaciones y repentinas.
En el pasado, las devaluaciones mexicanas han devastado muchas
veces la economía de la frontera. Ahora, sin embargo,
la política de las tasas de cambio está acompañada
por un banco central que combate la inflación. Junto
con los incrementos en cuanto a inversión extranjera
directa particularmente en el sector de las maquiladoras,
producto del TLCAN, estos cambios han provocado que el peso
se mantenga notablemente fuerte en los años posteriores
a la Crisis del Tequila.
La fortaleza del peso es otra
razón subyacente del
mejoramiento de la economía fronteriza entre Texas
y México. A pesar del retroceso reciente en la economía,
el peso no se ha debilitado demasiado y continúa desempeñando
un papel vital en la prosperidad de la frontera. Debido a
que el peso afecta directamente el poder de compra de los
mexicanos, lo que a su vez influencia la demanda de bienes
y servicios estadounidenses, no se puede dejar de enfatizar
la importancia que tiene para la economía de la frontera.
La fortaleza del peso tiene el
mayor impacto directo en las ventas al menudeo de la frontera
estadounidense. Por
otra parte, la forma en que el nivel de ventas al menudeo
varía dependiendo de la tasa de cambio peso/dólar
es una buena forma de medir la influencia que tienen los
consumidores mexicanos sobre la economía de la frontera.
Como lo demuestra el Cuadro 7, las ventas al menudeo en todas
las cuatro metrópolis fronterizas bajaron drásticamente
en 1994–95 como resultado de la devaluación
por la Crisis del Tequila. El cambio a la baja en el sector
de ventas al menudeo se sintió de una manera especialmente
severa en Laredo. La disminución del 60 por ciento
en el valor del peso entre enero de 1994 y diciembre de 1995,
disminuyó de manera importante el poder de compra
de los mexicanos.

No
obstante, a partir de principios de 1996, las ventas al menudeo
empezaron a
crecer una vez
más y, con la
excepción de Laredo, han superado los niveles anteriores
a 1995. Como la ciudad fronteriza más grande, El Paso
tiene el nivel más alto de ventas al menudeo del condado.
McAllen ocupa el segundo lugar y el de crecimiento más
rápido y además, está a la cabeza en
ventas al menudeo de “exportación”, o
sea, ventas realizadas a los ciudadanos mexicanos. Esto se
debe en gran parte a la cercanía de Monterrey, que
tiene una población cercana a los 4 millones de habitantes.[13]
¿Se mantendrá el crecimiento
económico de la frontera?
En el pasado, las épocas de prosperidad
de la frontera se han detenido de manera abrupta frecuentemente.
La recesión de 2001, sin embargo, no parece amenazar
la expansión constante de la frontera. Esto se debe
a mejoras fundamentales en elementos de base determinantes
del crecimiento económico de la frontera, según
se especifica anteriormente, tales como la estabilidad macroeconómica
en México y la liberalización del comercio.
No obstante, la economía de la frontera sigue enfrentando
serios desafíos. Los cambios simultáneos en
el panorama de las maquiladoras, las medidas de seguridad
después del 11 de septiembre y las inminentes inspecciones
de seguridad de los camiones serán todas situaciones
que impongan desafíos para el crecimiento y progreso
continuados.
Aunque de muchas maneras ha sido
un desarrollo positivo, la fortaleza del peso ha impuesto
más presión
a las maquiladoras para que busquen ahorrar en costos de
mano de obra, tal vez reduciendo el índice de empleos
más de lo que lo hubieran hecho si el peso estuviera
más débil o se estuviera depreciando lentamente.
El hecho de que el peso esté fuerte aumenta el costo
relativo de la mano de obra mexicana y hace que los productores
mexicanos que la necesitan sean menos competitivos. Además,
a pesar de que la recesión de 2001 ha sido poco severa,
tanto de acuerdo con los estándares estadounidenses
como con los mexicanos, de todas maneras provocó un
número récord de despidos en la industria de
las maquiladoras. Para enero de 2002, alrededor de 240,000
empleados de maquiladoras habían sido despedidos durante
el último año. Esto representa una pérdida
en un solo año, del 19 por ciento del total de los
empleos de la industria de las maquiladoras.
Aún cuando la recuperación económica
está dominando, se especula que no todos los trabajadores
de las maquiladoras que perdieron su trabajo volverán
a ser contratados. La evidencia anecdótica sugiere
que los productores están aprovechando la disminución
de puestos de trabajo para hacer cambios que les permitan
ser más competitivos: buscando modernizarse con tecnología
que requiere menos mano de obra, tratando de expandirse más
al Sur de México (lejos de la frontera) o hasta reubicándose
en países de Centroamérica y Asia donde los
niveles salariales son más bajos. Todos estos cambios
implican un crecimiento más lento del índice
de empleos en el lado mexicano de la frontera, con algunos
efectos negativos coincidentes también en el lado
estadounidense.
Otro
riesgo del pronóstico de la economía de la frontera
son los retrasos al cruzar, causados por medidas de seguridad
permanentes como resultado de los ataques del 11 de septiembre.
Las medidas de seguridad implementadas inmediatamente después
de los ataques, detuvieron virtualmente el tráfico
de cruce de la frontera. Al reemplazar las revisiones vehiculares
aleatorias con revisiones universales, el tiempo de espera
se duplicó y hasta se triplicó. Cuando sucedieron
los ataques terroristas, el número de cruces vehiculares
ya había bajado debido a la recesión, después
de haber subido abruptamente durante la década de 1990
(Cuadro 8). Después de los ataques, los cruces
bajaron más. La caída de cruces vehiculares
incluyó una caída en el número total
de carros, camiones y gente que viajaba al Norte. Esto tuvo
un impacto negativo en las ciudades fronterizas estadounidenses
por todas las razones previamente mencionadas.
El
descenso del número de cruces rumbo al Norte se ilustra
tal vez de la mejor manera en El Paso, donde la recesión
ha tenido un impacto ligeramente mayor que en las otras ciudades
fronterizas. Como lo muestra el Cuadro 9, los cruces fronterizos
en El Paso de las personas que viajaban hacia el Norte, bajaron
drásticamente en la primavera de 2001 y una vez más
en septiembre. La reducción del número de cruces
parece estar muy relacionada con los despidos en la industria
maquiladora, pero dada la baja de cruces en septiembre y la
falta de recuperación, las revisiones de seguridad
y las esperas resultantes también han desempeñado
un papel importante.
Cabe mencionar, sin embargo,
que las complicaciones adicionales del cruce de la frontera
del otoño pasado, se debieron
a que por necesidad se cambió a una nueva tecnología
para que fuera posible para los viajeros mexicanos cruzar
la frontera con un pase o lo que se conoce como la visa láser.
Muchas de las personas que cruzaban constantemente la frontera
no cumplieron con la fecha límite para la conversión
o simplemente no podían pagar la cuota de $45. El
resultado de eso fue mucha confusión y menos cruces.
Una vez combinados, estos diversos factores han tenido un
impacto negativo en las economías fronterizas estadounidenses,
como en la de El Paso. El nivel al que se han mantenido las
ventas al menudeo se ha debido principalmente a la fortaleza
del peso y a que los mexicanos tratan de economizar, haciendo
ahora menos viajes y comprando más en cada viaje.
Un próximo desafío final para la frontera
es el tratado de camioneros del TLCAN, programado para entrar
en vigor este verano. A pesar de que la ley está diseñada
para hacer que el cruce de la frontera de los camioneros
sea menos molesto, al permitir que los camioneros mexicanos
entren a los Estados Unidos, la ley también establece
que es necesario hacer inspecciones de seguridad más
completas de los camioneros y requisitos más rigurosos
para los choferes. A lo largo de la frontera, se están
colocando estaciones para inspecciones de seguridad a los
camioneros. Estas estaciones deben estar ubicadas en la propia
frontera y no en el perímetro de la zona comercial
fronteriza (típicamente a una distancia de entre 5
y 20 millas de Río Grande). Los camiones que recorren
distancias cortas y que se dirigen al Norte, probablemente
van a ser inspeccionados junto con los camiones mexicanos
que recorren distancias largas.
Debido a que principalmente se
utilizan compañías
transportistas que recorren distancias cortas para realizar
viajes cortos para cruzar la frontera, y considerando que
estos vehículos frecuentemente son más viejos
y tienen más kilometraje, existe la preocupación
de que las inspecciones van a provocar que haya líneas
de espera más largas, retrasos y mayores congestionamientos
en los cruces fronterizos. No obstante, el Departamento de
Transportación de los Estados Unidos ya dijo que si
una de las estaciones de inspección se retrasa debido
a vehículos descompuestos o que están fuera
de servicio, la cerrarán hasta que vuelva a estar
en condiciones de realizar más inspecciones.
A mediano y largo plazo, la nueva
ley y las inspecciones de seguridad serán desarrollos positivos, haciendo
que los camiones fronterizos cumplan con los códigos
y bajando el costo del comercio a través de la frontera,
al eliminar algo de la industria de transporte de corta distancia.
Sin embargo, en ciudades como Laredo el comercio más
modernizado tendrá menos necesidad de servicios de
transportación y almacenamiento. Estos sectores han
sido grandes impulsores de la economía de Laredo.
Conclusión
La economía de la frontera entre
Texas y México tuvo un buen desempeño en la
década de 1990. Los residentes de la frontera tuvieron
mayores oportunidades de empleo y más posibilidades
de lograr ganancias e ingresos mayores. Las ciudades fronterizas
texanas crecieron en cuanto a tamaño y ámbito
de acción. En esa época, el crecimiento se cimentó
en buenas bases (una economía mexicana sana y el comercio
libre en Norteamérica) que debían asegurar también
el crecimiento futuro. La frontera experimentará más
cambios: un crecimiento menos rápido de la población
y de las fuentes de trabajo en el lado mexicano de la frontera,
mayor seguridad y la entrada de camiones mexicanos para transportación
a gran distancia. Estos cambios pueden ser positivos si, por
ejemplo, el hecho de que el crecimiento de la población
sea más lento se traduce en estándares de vida
más altos, si la mayor seguridad se implementa a través
de mejor tecnología que no aumente el tiempo de los
cruces fronterizos y si la modernización del transporte
camionero aumenta el flujo y la eficiencia del comercio entre
los Estados Unidos y México.
Otros desarrollos que no se detallan
en este artículo
desempeñaron un papel vital en el bienestar de la
frontera durante la década de 1990, como mayores posibilidades
de encontrar viviendas accesibles, mejores servicios de atención
médica, y más escuelas y colegios con buenos
fondos. El futuro de la frontera debe incluir inversión
continuada en el capital humano de los residentes fronterizos,
a través de un énfasis al acceso a estos servicios,
y principalmente en educación y capacitación
laboral. A largo plazo, aumentar el nivel de ingresos hasta
alcanzar los niveles estatal y nacional sólo puede
lograrse mejorando la capacidad de la fuerza de trabajo de
la frontera.
| — |
Pia M. Orrenius y Anna L. Berman |
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Sobre los autores
Orrenius es economista
senior y Berman es una analista económica
del Departamento de Investigación del
Banco de la Reserva Federal de Dallas.
Notas
Las autoras agradecen
a Keith Phillips por haber compartido sus ideas
sobre este tema y por sus valiosos comentarios.
- Para
mayores detalles acerca del aumento de ingresos
en la zona fronteriza,
consulte “Border Region Makes Progress in the 1990s”, de Eric
Dittmar y Keith Phillips, Federal Reserve Bank of Dallas Vista, diciembre
de 1999.
- En 1999, las ganancias promedio por puesto
por sector fueron de la siguiente manera:
gobierno civil federal $62,925; minería
$39,738; transportación
$34,344; comercio al mayoreo $32,152; gobierno estatal y local $30,506;
FIRE $27,740; manufactura $27,097; servicios
$20,800; construcción $20,659;
comercio al menudeo $17,057. Las ganancias incluyen sueldos y salarios,
otros ingresos de trabajo (principalmente
beneficios/prestaciones) e ingresos del
propietario. Los promedios son por tipo de trabajo (no por persona) y pueden
restarle importancia
a las ganancias individuales, ya que algunos trabajadores tienen más
de un trabajo.
- Jesus Cañas también toca
el tema del crecimiento de la demanda mexicana
de servicios de los bancos y compañías
de seguros estadounidenses a lo largo de la frontera en “A Decade
of Change: El Paso’s Economic
Transition of the 1990s”, Federal Reserve Bank of Dallas Business
Frontier, 1ª edición, 2002.
- Consulte “Housing Affordability:
Outlook Improving Along the Border”,
de Toby Cook, The Border Economy, Federal Reserve Bank of Dallas, junio
de 2001.
- Consulte “Texas Border Cities: An
Income Growth Perspective”,
de Robert W. Gilmer, Matthew Gurch y Thomas Wang, The Border Economy,
Federal Reserve
Bank of Dallas, junio de 2001.
- Consulte “The Border: Is It Really
a Low-Wage Area?”,
de Lori Taylor, The Border Economy, Federal Reserve Bank of Dallas,
junio de 2001.
- Un modelo alternativo para comparar los
ingresos, que ignora detalles como el tamaño
de la familia y la participación
de la fuerza de trabajo, consiste en considerar los ingresos
promedio por puesto de trabajo, así como
Dittmar y Phillips lo hacen en el artículo mencionado
en la Nota 1. En 1999, los ingresos por puesto de trabajo de
la frontera
alcanzaron alrededor
del 70 por ciento del promedio nacional.
- Una recesión en
la frontera se define vagamente en este contexto como un año
en el que el crecimiento del índice
de empleos es cero o negativo.
- Para más detalles acerca
del cambio en el comercio entre Estados Unidos y México,
consulte “Beating
Border Barriers”, de Pia Orrenius,
Keith Phillips y Benjamin Blackburn, Federal Reserve Bank
of Dallas Southwest Economy, 5ª edición, septiembre/octubre
de 2001.
- Entre 1990 y 1999, el índice de
empleos de la industria de las maquiladoras
creció 161 por ciento
en Reynosa, 79 por ciento en Ciudad Juárez,
54 por ciento en Matamoros y 37 por ciento en Nuevo Laredo.
- Consulte
el artículo mencionado en la Nota 3.
- Otras reformas
benéficas incluyeron un sector
bancario liberalizado, que permitía que los
bancos mexicanos estuvieran en manos de propietarios
extranjeros.
- Para más información acerca
de ventas de exportación
al menudeo, consulte “Transportation Infrastructure
and the Border Economy”,
de Keith Phillips y Carlos Manzanares, The Border
Economy,
Federal Reserve Bank of Dallas, junio de 2001.
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