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Print-Friendly VersionInforme Anual 2003—Banco de la reserva federal de Dallas
Una mejor manera
Productividad y reorganización en la economía americana

Compare a los Estados Unidos de la actualidad con épocas anteriores o con otras naciones y un hecho se va a destacar: Vivimos mejor.

Otórguele la mayor parte del crédito a la productividad. A través de ella, obtenemos más bienes y servicios de cada pequeño esfuerzo de trabajo. A través de ella, aseguramos el progreso económico y recibimos cheques de pago de mayor monto. El poder de la productividad ha hecho de los Estados Unidos la nación más rica en el mundo.

Estados Unidos ha prosperado al hacer las cosas de una mejor manera.

Nos hemos vuelto más productivos al crear nuestro capital social: al agregar más maquinaria, fábricas, oficinas e instalaciones para la investigación.

Nos hemos vuelto más productivos al llevar a un nivel más alto las destrezas de los trabajadores, ya sea mediante instrucción formal, experiencia en la marcha o al volverlos a capacitar.

Nos hemos vuelto más productivos, al introducir nuevas tecnologías que incrementan la producción, mejoran la eficiencia y reducen costos.

También nos hemos vuelto más productivos a través del comercio. Los mercados abiertos obligan a las compañías a esforzarse más para competir. A través del comercio, las compañías ganan acceso a producciones más baratas, una gama más profunda de fondos de inversión y de tecnología de todas partes del mundo. El comercio expande los mercados, de modo que las compañías puedan explotar las economías de escala.

La mayoría de estadounidenses reconocen de buena gana—y elogian—las fuerzas que elevan la productividad en el lugar de trabajo, pero hay más respecto a este motor del progreso económico. Cuando las compañías y los trabajadores logran una gran eficiencia a nivel microeconómico, liberan un poder que reorganiza la economía entera, con lo que se incentivan más ganancias en productividad a nivel macroeconómico. (Consulte el Cuadro 1).

Cuadro 1
La ruta al progreso
Las economías impulsan su productividad de dos maneras: micro y macro. Las ganancias de la microeconomía se dan dentro de una empresa mientras ésta invierte, capacita trabajadores, se innova y compite. Las ganancias de la macroeconomía suceden cuando se reorganiza la economía completa, alternando recursos, de manera que ellos producen más que antes. Ambos tipos de productividad hacen nos ayudan a mejorar. Las estadísticas capturan la capacidad de la productividad para incrementar el consumo y el tiempo libre, pero ignoran otras ganancias, como mejores condiciones laborales, nuevos y mejores productos y una mayor variedad.
 
Fuentes microeconómicas de crecimiento de la productividad
Inversiónes
Al incrementar los bienes de capital con los cuales trabaja la mano de obra, se eleva la producción. En años recientes, Estados Unidos ha estado invirtiendo más del 10 por ciento de su PIB en su capital de maquinaria, fábricas, oficinas e instalaciones para la investigación.
Innovación
La nueva tecnología siempre ha jugado un papel importante en el incremento de la productividad, al impulsar la producción, mejorar la calidad y ahorrar tiempo y otros recursos.
Educación y capacitación
Los trabajadores se vuelven más productivos cuando alcanzan un nivel superior de destrezas y talentos. La creación de capital humano se inicia en el aula, pero las economías modernas recompensan a los trabajadores por una amplia gama de habilidades.
Comercio
Los mercados abiertos intensifican la competencia, al darles a las compañías mayores incentivos para reducir costos y mejorar la calidad. El comercio también brinda acceso a la tecnología, a la producción y al capital que podrían no estar disponibles localmente de manera inmediata.
   
Fuentes macroeconómicas de crecimiento de la productividad
Comercio
Al ser una fuerza poderosa para la reorganización, el comercio hace que la economía sea más productiva, aun si las empresas no se vuelven más eficientes.
Fuentes macroeconómicas de crecimiento de la productividad
Reorganización
Cuando las compañías y los trabajadores se vuelven más eficientes, la economía redistribuye los recursos para usos más productivos, ya sea en las compañías existentes o en compañías nuevas. Cuando el mercado recicla trabajadores y otros recursos, la economía crece.
   
Los resultados del crecimiento de la productividad
Medibles
  • PIB más alto
  • Más tiempo libre
No medibles
  • Mejores condiciones de trabajo
  • Productos nuevos y mejorados
  • Más variedad
  • Mayor seguridad y fiabilidad
  • Un medio ambiente más limpio

Los recursos de operaciones modernizadas no sólo se lanzan a la ociosidad. Con menos mano de obra necesaria para producir el nivel existente de producción, los talentos y la energía de los trabajadores están disponibles para otras tareas, ya sea en empresas que ya están en los negocios o en nuevas empresas. La reorganización amplía la producción a través de toda la economía, con lo que satisface necesidades que no se han cumplido o que tal vez hasta se desconocían.

La reorganización proveniente del comercio ofrece otra fuente de productividad macroeconómica. A medida que la competencia obliga a los productores a procurar una ventaja comparativa en el mercado, los recursos cambian hacia sus mejores usos, con lo que se crea un empleo más eficiente de la mano de obra a nivel de toda la economía.


La historia de Estados Unidos ha sido una constante agitación en los empleos: primero, dejar las granjas y llegar a las fábricas; luego, continuar hacia los servicios. La reorganización asidua de la economía eleva la productividad.

La historia nos muestra el poder de la productividad macroeconómica en acción. Cuando se fundó, Estados Unidos era principalmente agrícola, con más del 90 por ciento de la población trabajando duramente en las granjas. Cuando los tractores, las recolectoras, la irrigación y las semillas de alto rendimiento hicieron más productivos a los granjeros individuales en el siglo pasado, aproximadamente, Estados Unidos podía abastecerse de alimentos a sí mismo—y ampliar sus mercados de exportación—con un número menor de trabajadores agrícolas.

La mano de obra desplazada de las granjas se congregó en las ciudades, en donde encontraron trabajo ensamblando vehículos, construyendo casas, generando electricidad y creando una abundancia de bienes para el consumidor. Con el tiempo, las fábricas crecieron más automatizadas y vieron grandes saltos de productividad. Los trabajadores se trasladaron de líneas de montaje a empleos en venta al menudeo, atención médica, finanzas, administración y servicios.

Con el gran alcance de la historia, los efectos acumulativos de la productividad sobre los estándares de vida han sido asombrosos. La producción per cápita ha crecido 25 veces desde 1776. Sólo en las pasadas dos generaciones, el ingreso real promedio en los Estados Unidos se ha más que duplicado, gracias en gran parte a la producción incrementada por hora.

La productividad también les ha permitido a los estadounidenses reducir la semana laboral promedio de 76 horas en 1830 a 60 en 1890, a 39 en 1950 y a sólo 34 en la actualidad. Dicho todo esto, la productividad ofrece algo cercano a la alquimia económica: más por menos. Obtenemos más de los bienes y servicios que queremos por menos tiempo en el trabajo.

Los seres humanos poseen algún instinto innato para innovar y mejorar, pero la productividad avanzó a paso de tortuga en una gran parte de la historia. Los granjeros estadounidenses de principios del siglo XIX trabajaban el suelo de la misma forma que sus ancestros europeos lo hicieron por siglos. Lo que no es sorpresa, sus estándares de vida también eran casi los mismos.

La llegada del capitalismo industrial en el siglo XIX aceleró el paso del progreso, al dar un ímpetu poderoso y hasta agresivo a la productividad. El invernadero competitivo del capitalismo enfrenta a unos productores contra otros, en una contienda por recursos y clientes. La disciplina del mercado recompensa a aquellos que producen y castiga a los que roban. Los ganadores en la carrera de la productividad cosechan utilidades incrementadas y ganan un porcentaje del mercado, mientras que los perdedores ven hundirse su capacidad para competir, hasta que eventualmente se salen del negocio.

Las ganancias en eficiencia que hacen menos voluminosas a las empresas y la reestructuración de empleos al nivel de la economía requieren de lamentables ajustes. Algunos sólo ven las dificultades. Temerosos de la pérdida de sus empleos y de la agitación en sus vidas, dichas personas tienen un único mensaje: Conservar el status quo. Lo que fallaron en ver es que esa sociedad debe resistir el torbellino para obtener el beneficio de la productividad.

Si se toman conjuntamente, la micro y la macro productividad constituyen una potente mezcla para el progreso económico. Mediante una sucesión de revoluciones tecnológicas y reorganizaciones industriales, la nación avanzó de la edad de las carretas de caballos a la de viajes en aeroplano, comunicaciones satelitales, cibernética, ingeniería genética e Internet: todo generado por olas de productividad.

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Índice de la Informe Anual 2003
En inglés
Carta del presidente
Una mejor manera
Subiéndose a una oleada de tecnología
Trabajar de forma más inteligente, no más duro
El exprimidor de la reorganización
La evolución del trabajo
Cosechando los resultados de la productividad
La mejor esperanza para un mejor futuro
Reconocimientos, Notas, Créditos de fuentes y fotografías