Una mejor manera
Productividad y reorganización
en la economía americana
Compare a los Estados Unidos de
la actualidad con épocas anteriores o con otras
naciones y un hecho se va a destacar: Vivimos mejor.
Otórguele la mayor parte
del crédito a la productividad. A través
de ella, obtenemos más bienes y servicios de
cada pequeño esfuerzo de trabajo. A través
de ella, aseguramos el progreso económico y recibimos
cheques de pago de mayor monto. El poder de la productividad
ha hecho de los Estados Unidos la nación más
rica en el mundo.
Estados Unidos ha prosperado al
hacer las cosas de una mejor manera.
Nos hemos vuelto más productivos
al crear nuestro capital social: al agregar más
maquinaria, fábricas, oficinas e instalaciones
para la investigación.
Nos hemos vuelto más productivos
al llevar a un nivel más alto las destrezas de
los trabajadores, ya sea mediante instrucción
formal, experiencia en la marcha o al volverlos a capacitar.
Nos hemos vuelto más productivos,
al introducir nuevas tecnologías que incrementan
la producción, mejoran la eficiencia y reducen
costos.
También nos hemos vuelto
más productivos a través del comercio.
Los mercados abiertos obligan a las compañías
a esforzarse más para competir. A través
del comercio, las compañías ganan acceso
a producciones más baratas, una gama más
profunda de fondos de inversión y de tecnología
de todas partes del mundo. El comercio expande los mercados,
de modo que las compañías puedan explotar
las economías de escala.
La mayoría de estadounidenses
reconocen de buena gana—y elogian—las fuerzas
que elevan la productividad en el lugar de trabajo,
pero hay más respecto a este motor del progreso
económico. Cuando las compañías
y los trabajadores logran una gran eficiencia a nivel
microeconómico, liberan un poder que reorganiza
la economía entera, con lo que se incentivan
más ganancias en productividad a nivel macroeconómico.
(Consulte el Cuadro 1).
| Cuadro
1 |
| La
ruta al progreso |
Las
economías impulsan su productividad
de dos maneras: micro y macro. Las ganancias
de la microeconomía se dan dentro
de una empresa mientras ésta
invierte, capacita trabajadores, se
innova y compite. Las ganancias de la
macroeconomía suceden cuando
se reorganiza la economía completa,
alternando recursos, de manera que ellos
producen más que antes. Ambos
tipos de productividad hacen nos ayudan
a mejorar. Las estadísticas capturan
la capacidad de la productividad para
incrementar el consumo y el tiempo libre,
pero ignoran otras ganancias, como mejores
condiciones laborales, nuevos y mejores
productos y una mayor variedad.
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| Fuentes
microeconómicas de crecimiento
de la productividad |
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Inversiónes |
| Al
incrementar los bienes de
capital con los cuales trabaja
la mano de obra, se eleva
la producción. En
años recientes, Estados
Unidos ha estado invirtiendo
más del 10 por ciento
de su PIB en su capital
de maquinaria, fábricas,
oficinas e instalaciones
para la investigación. |
| Innovación |
| La
nueva tecnología
siempre ha jugado un papel
importante en el incremento
de la productividad, al
impulsar la producción,
mejorar la calidad y ahorrar
tiempo y otros recursos. |
| Educación
y capacitación |
| Los
trabajadores se vuelven
más productivos cuando
alcanzan un nivel superior
de destrezas y talentos.
La creación de capital
humano se inicia en el aula,
pero las economías
modernas recompensan a los
trabajadores por una amplia
gama de habilidades. |
| Comercio |
| Los
mercados abiertos intensifican
la competencia, al darles
a las compañías
mayores incentivos para
reducir costos y mejorar
la calidad. El comercio
también brinda acceso
a la tecnología,
a la producción y
al capital que podrían
no estar disponibles localmente
de manera inmediata. |
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| Fuentes
macroeconómicas de
crecimiento de la productividad |
| Comercio |
| Al
ser una fuerza poderosa
para la reorganización,
el comercio hace que la
economía sea más
productiva, aun si las empresas
no se vuelven más
eficientes. |
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| Fuentes
macroeconómicas de
crecimiento de la productividad |
| Reorganización |
| Cuando
las compañías
y los trabajadores se vuelven
más eficientes, la
economía redistribuye
los recursos para usos más
productivos, ya sea en las
compañías
existentes o en compañías
nuevas. Cuando el mercado
recicla trabajadores y otros
recursos, la economía
crece. |
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Los resultados
del crecimiento de la productividad
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| Medibles |
- PIB más alto
- Más tiempo
libre
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| No
medibles |
- Mejores condiciones
de trabajo
- Productos nuevos y
mejorados
- Más variedad
- Mayor seguridad y
fiabilidad
- Un medio ambiente
más limpio
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Los recursos de operaciones modernizadas
no sólo se lanzan a la ociosidad. Con menos mano
de obra necesaria para producir el nivel existente de
producción, los talentos y la energía
de los trabajadores están disponibles para otras
tareas, ya sea en empresas que ya están en los
negocios o en nuevas empresas. La reorganización
amplía la producción a través de
toda la economía, con lo que satisface necesidades
que no se han cumplido o que tal vez hasta se desconocían.
La reorganización proveniente
del comercio ofrece otra fuente de productividad macroeconómica.
A medida que la competencia obliga a los productores
a procurar una ventaja comparativa en el mercado, los
recursos cambian hacia sus mejores usos, con lo que
se crea un empleo más eficiente de la mano de
obra a nivel de toda la economía.
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La historia de Estados Unidos ha sido una constante
agitación en los empleos: primero, dejar
las granjas y llegar a las fábricas; luego,
continuar hacia los servicios. La reorganización
asidua de la economía eleva la productividad.
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La historia nos muestra el poder
de la productividad macroeconómica en acción.
Cuando se fundó, Estados Unidos era principalmente
agrícola, con más del 90 por ciento de
la población trabajando duramente en las granjas.
Cuando los tractores, las recolectoras, la irrigación
y las semillas de alto rendimiento hicieron más
productivos a los granjeros individuales en el siglo
pasado, aproximadamente, Estados Unidos podía
abastecerse de alimentos a sí mismo—y ampliar
sus mercados de exportación—con un número
menor de trabajadores agrícolas.
La mano de obra desplazada de
las granjas se congregó en las ciudades, en donde
encontraron trabajo ensamblando vehículos, construyendo
casas, generando electricidad y creando una abundancia
de bienes para el consumidor. Con el tiempo, las fábricas
crecieron más automatizadas y vieron grandes
saltos de productividad. Los trabajadores se trasladaron
de líneas de montaje a empleos en venta al menudeo,
atención médica, finanzas, administración
y servicios.
Con el gran alcance de la historia,
los efectos acumulativos de la productividad sobre los
estándares de vida han sido asombrosos. La producción
per cápita ha crecido 25 veces desde 1776. Sólo
en las pasadas dos generaciones, el ingreso real promedio
en los Estados Unidos se ha más que duplicado,
gracias en gran parte a la producción incrementada
por hora.
La productividad también
les ha permitido a los estadounidenses reducir la semana
laboral promedio de 76 horas en 1830 a 60 en 1890, a
39 en 1950 y a sólo 34 en la actualidad. Dicho
todo esto, la productividad ofrece algo cercano a la
alquimia económica: más por menos. Obtenemos
más de los bienes y servicios que queremos por
menos tiempo en el trabajo.
Los seres humanos poseen algún
instinto innato para innovar y mejorar, pero la productividad
avanzó a paso de tortuga en una gran parte de
la historia. Los granjeros estadounidenses de principios
del siglo XIX trabajaban el suelo de la misma forma
que sus ancestros europeos lo hicieron por siglos. Lo
que no es sorpresa, sus estándares de vida también
eran casi los mismos.
La llegada del capitalismo industrial
en el siglo XIX aceleró el paso del progreso,
al dar un ímpetu poderoso y hasta agresivo a
la productividad. El invernadero competitivo del capitalismo
enfrenta a unos productores contra otros, en una contienda
por recursos y clientes. La disciplina del mercado recompensa
a aquellos que producen y castiga a los que roban. Los
ganadores en la carrera de la productividad cosechan
utilidades incrementadas y ganan un porcentaje del mercado,
mientras que los perdedores ven hundirse su capacidad
para competir, hasta que eventualmente se salen del
negocio.
Las ganancias en eficiencia que
hacen menos voluminosas a las empresas y la reestructuración
de empleos al nivel de la economía requieren
de lamentables ajustes. Algunos sólo ven las
dificultades. Temerosos de la pérdida de sus
empleos y de la agitación en sus vidas, dichas
personas tienen un único mensaje: Conservar el
status quo. Lo que fallaron en ver es que esa sociedad
debe resistir el torbellino para obtener el beneficio
de la productividad.
Si se toman conjuntamente, la
micro y la macro productividad constituyen una potente
mezcla para el progreso económico. Mediante una
sucesión de revoluciones tecnológicas
y reorganizaciones industriales, la nación avanzó
de la edad de las carretas de caballos a la de viajes
en aeroplano, comunicaciones satelitales, cibernética,
ingeniería genética e Internet: todo generado
por olas de productividad.
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