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Print-Friendly VersionInforme Anual 2003—Banco de la reserva federal de Dallas

El exprimidor de la reorganización

Las maravillas futuristas de la serie televisiva “Viaje a las estrellas” incluían el transportador, un maravilloso mecanismo que podía trasladar personas y objetos de un lugar a otro.

¡Qué ventaja para la productividad! Los traslados y los viajes de negocios no tomarían tiempo en lo absoluto. El trabajo se aceleraría, a medida que las compañías movilizaran materias primas, inventarios y productos terminados en un abrir y cerrar de ojos.

El transportador, si alguna vez llegara a ser real, dispararía una revolución económica, tan inquietante como extraordinaria. El transporte instantáneo haría obsoleta toda nuestra infraestructura de transporte: automóviles, camiones, barcos, aeroplanos, ferrocarriles, bodegas y más. La mayoría de trabajadores en esas industrias perderían sus trabajos.

La teletransportación ofrece una ilustración fantasiosa de la paradoja de la productividad. Nos hace mejores, pero no sin una reorganización exprimidora hasta los huesos que cambie tanto en qué lugar como en qué forma trabajamos.


El comercio aumenta la productividad, tanto en las naciones exportadoras como en las importadoras.

La manufactura ofrece un estudio de caso continuo de la productividad en acción. Desde la Revolución Industrial, el sector ha resistido ola sobre ola de reorganización, en gran parte por la nueva tecnología que aumentó la producción por hora del trabajador promedio. El número de trabajadores de fábrica llegó a su punto más alto en 1979 en 20 millones y decayó a 14 millones en el año 2003. La manufactura también ha ido descendiendo como un porcentaje del empleo total desde la II Guerra Mundial, llegando a un punto bajo del 11 por ciento en el año 2003.

Las pérdidas de empleos no significaron que los consumidores carecieran de bienes fabricados. Impulsados por una productividad mayor, la producción local de fábrica ha conservado lo propio, oscilando entre 15 y 17 por ciento de un PIB en expansión desde 1977. Al mismo tiempo, hemos podido intercambiar nuestra producción agrícola, nuestros servicios y otros productos por bienes fabricados en el extranjero.

En tanto que el empleo de fabricación en los EE.UU. se vino en picada, el mercado general de la mano de obra continuó avanzando (Cuadro 2). Desde 1979 hasta el año 2003, los estadounidenses presentaron más de 114 millones de reclamos iniciales por beneficios de desempleo, una cifra que captura sólo una fracción de la cantidad de pérdidas de empleos. Aun durante este mismo período, Estados Unidos creó suficiente trabajo para una fuerza laboral creciente, con el empleo total ascendiendo de 91 a 130 millones. Para la mayor parte, los trabajadores adicionales produjeron nuevos bienes y servicios, con lo que se expandió el tamaño del pastel económico.

A pesar de las pérdidas de empleos durante la reciente recesión, la tasa de desempleo de EE.UU. ha sido relativamente baja en los años recientes. Y aparte de todo el reordenamiento y la reestructuración, la productividad continuó aumentando, con un incremento del 67 por ciento de 1979 a 2003.

Una sólida productividad y el crecimiento de empleos van de la mano, debido a que Estados Unidos no ha tratado de impedir la reorganización del mercado laboral con regulaciones excesivas. En el año 2003, la revista Forbes concluyó que Estados Unidos tiene el mercado laboral más libre del mundo: por un amplio margen.

Los países que impiden un cambio económico se vuelven rezagados, no sólo en la carrera por la productividad, sino también en los estándares de vida. Las leyes que dificultan el despido de trabajadores y los mandatos para un pago excesivo de indemnizaciones obstaculizan los cambios que constituyen el alma de la productividad. El costo de las buenas intenciones continúa siendo alto en Latinoamérica, por ejemplo. La mayoría de naciones de la región impide la reorganización por favorecer intereses económicos bien enraizados. Al hacer esto, se engañan ellos mismos respecto al progreso económico.


Con las computadoras, las cámaras diminutas y los brazos robotizados, los médicos pueden operar actualmente al manipular delicados instrumentos por control remoto. Los cirujanos en el campo emergente de la telemedicina ya han desempeñado procedimientos quirúrgicos en pacientes a distancia, con lo que crean ahorros potenciales en tiempo de viaje, en tanto que utilizan las instalaciones de manera más eficiente.

La movilidad de la mano de obra, desde luego, no es el único impulsor de la productividad macroeconómica. A medida que la economía se reorganiza para producir más, también reduce los precios relativos a los salarios, de modo que nuestros cheques de pago compran más. El efecto del precio es particularmente visible con las ganancias en productividad provenientes del comercio, en donde las importaciones más baratas hacen que los presupuestos de los consumidores alcancen para más. Para ilustrar la manera en que el intercambio genera una productividad mayor, simplifiquemos el mundo a sólo dos países y dos bienes: Estados Unidos y China, que producen granos de soya y zapatos.

En un mundo sin comercio, cada país elabora ambos productos. Su producción combinada totaliza 800 pares de zapatos y 7,000 bushels de granos de soya. La introducción del comercio en este mundo estilizado le permite a Estados Unidos especializarse en granos de soya, mientras que China fabrica zapatos: un reflejo de la ventaja comparativa. (Consulte el Cuadro 3).

¿Qué sucede? La producción total de zapatos aumenta a 2,000 pares, todos fabricados en China. Al mismo tiempo, la producción de granos de soya aumenta a 10,000 bushels, toda cosechada en Estados Unidos. Ambos países consumen más de ambos productos y pagan menos por el producto que importan. Al calcular la productividad, descubrimos incrementos del 122 por ciento para China y de 47 por ciento para Estados Unidos.

La productividad agregada representa un bono del comercio: y del comercio en sí. Las fuerzas laborales y las fuentes de dinero permanecieron sin cambio tanto en Estados Unidos, como en China. Ningún país elevó la producción por hora ni en zapatos ni en granos de soya. El comercio los hizo a ambos más productivos, aun cuando las empresas y los trabajadores no se hicieron más eficientes por sí solos.

El comercio puede ser tan poderoso en cada parte de él como la tecnología en hacernos productivos. Para alcanzar los mismos resultados sin comercio, Estados Unidos requeriría de nueva tecnología lo suficientemente buena para duplicar su productividad en zapatos. China necesitaría volverse cuatro veces más eficiente en la tarea agrícola de los granos de soya.


El uso de escáneres de radio para cobrar tarifas hace al transporte más eficiente, lo que les ahorra tiempo a los motoristas. Los carriles con tarifas de carretera abierta manejan cerca de 2,000 vehículos por hora, comparado con 750 para cajas automatizadas de monedas y 360 para cobradores de tarifas.

El ejemplo resalta lo que ocurre con una amplia variedad de bienes y servicios en el mundo real. Como la tecnología y otras fuentes de productividad, el comercio realiza un aporte poderoso a la eficiencia general de la economía. Las ganancias en productividad del comercio brindan una sólida justificación para los mercados abiertos. Se pierden enormes beneficios cuando los países se pliegan a los estrechos intereses de sus productores y ponen en práctica medidas de proteccionismo que bloquean las importaciones o elevan su precio.

Las ganancias en productividad provenientes del comercio conllevan a menudo subcontratación en el exterior, una tendencia controversial debido a su impacto en los trabajos en los EE.UU. El traslado del empleo fuera de las fronteras no es nuevo en el campo de la manufactura, pero la Internet y otras tecnologías de redes han hecho posible cambiar algunos empleos de servicios a países con salarios más bajos. Programadores de computadoras están escribiendo códigos desde países lejanos. Centros de llamadas en India—no Indiana—se encuentran manejando consultas de clientes estadounidenses.

La tecnología y los mercados abiertos dictan que la producción continuará cambiándose al extranjero. La subcontratación significa algunas pérdidas de empleos en el país, pero no podemos ignorar las ganancias correspondientes: Las empresas reducen costos. Los consumidores ven precios más bajos. La economía se vuelve más productiva, con lo que impulsa el crecimiento y nuevos empleos. Una división global más eficiente de la mano de obra le dará a la economía de los EE.UU. un gran impulso en productividad para los años que vienen.

Cuadro 3
Intercambio de actualización: Cómo el simple intercambio impulsa la productividad
Dos naciones, dos bienes
El comercio parece crear productividad del aire. Para ilustrar de qué manera, se simplificar el mundo a China y a Estados Unidos, a cada uno se le otorga una fuerza laboral, oferta de dinero y una capacidad de producción hipotéticas. Como la nación más avanzada, Estados Unidos mantiene una ventaja absoluta en la producción de ambos productos.
 
China
Estados Unidos
Fuerza laboral
Oferta de dinero
500
¥4,000
100
$10,000
Producción por trabajador    
Zapatos (pares)
Granos de soya (bushels)
4
8
5
100
 

El comercio amplía el pastel
Sin comercio, cada país satisface sus propias necesidades. Tanto China como Estados Unidos distribuyen su mano de obra para producir granos de soya y zapatos. Dada su fuente de mano de obra y su productividad, las naciones producen un combinado de 800 pares de zapatos y 7,000 bushels de granos de soya. Con el libre comercio, China explora su ventaja comparativa en producir zapatos. La ventaja de EE.UU. radica en producir granos de soya. El comercio aumenta la producción total: Los zapatos aumentaron a 2,000 pares, mientras que los granos de soya se incrementaron a 10,000 bushels. Con la producción aumentada, tanto China como Estados Unidos consumen más zapatos y más granos de soya.

 
China
Estados Unidos
Empleo
Sin
comercio
Libre comercio
Sin comercio
Libre comercio
Zapatos
Granos de soya
125
375
500
0
60
40
0
100
Producción
 
 
 
 
Zapatos
Granos de soya
500
3,000
2,000
0
300
4,000
0
10,000
Consumo
 
 
 
 
Zapatos
Granos de soya
500
3,000
1,500
5,000
300
4,000
500
5,000
 

Los precios bajan, la productividad sube
Las importaciones reducen los precios. Los granos de soya de los EE.UU. cuestan a los consumidores chinos un 80 por ciento menos que los producidos en su país. Los zapatos chinos les cuestan a los estadounidenses 50 por ciento menos que los locales. Ningún país se hizo más eficiente en la producción de zapatos o granos de soya, pero una hora de trabajo compra ahora más de lo que lo hacía antes. Simplemente a través del comercio, la productividad crece 122 por ciento en China y 47 por ciento en Estados Unidos.

 
China
Estados Unidos
Precios
Sin
comercio
Libre comercio
Sin comercio
Libre comercio
Zapatos
Granos de soya
Índice general
¥2
¥1
100
¥2
¥0.2
45
$20
$1
100
$10
$1
68
Productividad
 
 
 
 
Índice general
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