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Inmigración ilegal y
la vigilancia a lo largo de la frontera México-EE.UU.:
Una visión panorámica
Economic and Financial
Review
First Quarter 2001
| El presente artículo
evalúa los factores determinantes de
la migración ilegal México-EE.UU.
y muestra una visión panorámica
sobre las respuestas de vigilancia y las políticas
aplicadas hasta la fecha. |
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La frontera EE.UU.-México
está experimentando una era de comercio e intercambio
sin paralelo. Pero en una época en que los flujos
legales de bienes y personas están a niveles
históricamente altos, también lo están
los flujos ilegales de inmigrantes indocumentados a
través de la frontera. La inmigración
ilegal de México se hizo más común
a fines de la década de los años 60, después
del fin del Programa Bracero en 1964. Este programa
permitía a los trabajadores invitados de México
trabajar legalmente en los Estados Unidos. En las últimas
tres décadas la inmigración ilegal a lo
largo de la frontera suroeste ha aumentado y como resultado
de ello los esfuerzos de vigilancia se han intensificado.
Las capturas en la frontera han aumentado de 200,000
en 1970 a más de 1.5 millones en 1999.
El impacto acumulativo de este
flujo de inmigrantes resulta en una población
inmigrante ilegal de gran tamaño. En 1997, se
estimaba la población inmigrante indocumentada
procedente de México en 3.1 millones.[1] Los
mexicanos constituyen alrededor del 60 por ciento de
la población indocumentada total de los Estados
Unidos, y los Centroamericanos procedentes de El Salvador,
Guatemala, Honduras y Nicaragua conforman otro 13 por
ciento (U.S. INS 1999). Mientras que algunos inmigrantes
indocumentados llegan legalmente y simplemente permanecen
pasada la fecha límite de sus visas de turistas,
la mayoría de los inmigrantes ilegales mexicanos
y centroamericanos que residen en los Estados Unidos
cruzan la frontera sin documentos. Se estima que la
entrada neta de inmigrantes ilegales procedentes de
México, con exclusión de los migrantes
de corto plazo, promediaban alrededor de 202,000 inmigrantes
por año entre los años 1987 y 1996.[2]
El presente artículo evalúa
los factores determinantes de la migración ilegal
México-EE.UU. y muestra una visión panorámica
de las respuestas de políticas y vigilancia.
Muchos observadores, al observar el gran número
de inmigrantes ilegales, han llegado a la conclusión
que la vigilancia fronteriza constituye un elemento
poco disuasivo. Algunas investigaciones apoyan este
enfoque. Singer y Massey (1998) muestran tasas de captura
decrecientes a lo largo de la frontera en la década
de los 80 y a principios de la década de los
90. Otras investigaciones muestran que los inmigrantes
apresados simplemente intentan más cruces fronterizos
hasta que lo logran—lo que también sugiere
que el aumento en la vigilancia tiene poco resultado
(Kossoudji 1992).
Por otro lado existe evidencia
de que el aumento de la vigilancia en la frontera está
correlacionado con la caída de los salarios para
los varones jóvenes en las ciudades fronterizas
de México (Hanson, Robertson y Spilimbergo 1999).
Esto podría implicar que la vigilancia más
estricta en la frontera tendría el efecto de
atrapar a los inmigrantes potenciales en el lado mexicano
de la frontera. Los informes publicados sobre el incremento
en las muertes de inmigrantes también implica
que una vigilancia más estricta en la frontera
obliga a los inmigrantes a tomar rutas más largas
para ingresar a los Estados Unidos (Nevins 2000, Rosenblum
2000). En el presente artículo, exploro las fechas
y el patrón de sustitución entre lugares
de cruce de la frontera. También analizo los
cambios en la industria de contrabando (coyote), tales
como los cambios en las tasas de uso de contrabandistas
y en sus tarifas para evaluar la efectividad de la vigilancia
en la frontera en los últimos treinta y cinco
años.
La inmigración es el resultado
tanto de factores de empuje dentro de México
como de factores de atracción en los Estados
Unidos. Las redes de familias migratorias y los contrabandistas
han facilitado la inmigración ilegal, mientras
que los diferenciales de salarios y empleo la han fomentado.
Aunque la vigilancia fronteriza inicial tuvo poco impacto,
los esfuerzos más recientes sí tienen
resultados. Los primeros esfuerzos de vigilancia generaron
un incremento en la demanda de contrabandistas, sin
el correspondiente aumento en los precios de los coyotes.
Sólo las más recientes iniciativas de
vigilancia, especialmente los Operativos Hold the Line
y Gatekeeper, han tenido éxito en revertir el
declive de treinta años en las tarifas de los
contrabandistas y en el traslado de los inmigrantes
a lugares de cruce remotos. Los riesgos se han incrementado
conjuntamente con las tarifas de los contrabandistas,
tal como se refleja en el creciente número de
muertes relacionadas con cruces ocurridas desde 1995.
A la luz de estos sucesos, he llegado a la conclusión
que éste es un buen momento para que los funcionarios
encargados de la adopción de políticas
en México y los EE.UU. consideren la formulación
de un convenio bilateral laboral y migratorio.
Inmigración ilegal: Fuentes
de los datos y tendencias
Para
tener una idea de los cambios ocurridos en la inmigración
ilegal en la frontera suroeste, confío en dos
fuentes de datos. La primera es el Proyecto de migración
mexicana (MMP 1999), que consiste de información
reunida en el oeste de México entre los años
1987 y 1997. El oeste de México, particularmente
los estados de Michoacán, Jalisco y Guanajuato,
son la fuente tradicional de los inmigrantes que se
dirigen a los Estados Unidos. La encuesta MMP pregunta
a los jefes de hogar escogidos al azar por la familia,
el trabajo e historias de migraciones. [3] La tasa de
migración se muestra en el Cuadro 1 e incluye
tanto los viajes legales como ilegales. Tal como se
muestra, las tasas de migración aumentaron en
más del doble entre los años 1965 y 1995,
con un incremento del 3.7 por ciento al 7.5 por ciento
al fin del período de muestra. Los incrementos
sostenidos en la migración están asociados
con la década de los años 1970 y mediados
de la década de los años 1980, con un
pico nunca visto antes de casi el 10 por ciento alcanzado
en 1988.
La
otra fuente de datos sobre inmigración ilegal
es la información del Servicio de inmigración
y naturalización (INS) sobre el número
de extranjeros ilegales capturados cada año por
la Patrulla Fronteriza. Aunque las capturas también
reflejan la intensidad de la vigilancia que se discute
más adelante en detalle, la relación de
fechas que se muestran en el Cuadro 2 es consistente
en gran medida con los patrones de migración
observados en los datos de la encuesta a los hogares
en el Cuadro 1. Las capturas aumentaron de alrededor
de 21,000 en 1960 a más de 1.5 millones en 1999
con marcados incrementos en la década de los
años 1970, a mediados de la década de
los años 1980 que llevó a la promulgación
de la Ley de control y reforma de la inmigración
(IRCA, por sus siglas en inglés), y nuevamente
en el período de 1994 a 1996. Para fines comparativos,
también presento la tasa de inmigración
ilegal en la muestra MMP para los años que se
dispone la información. La inmigración
ilegal en la muestra MMP tiene alta correlación
con las capturas hasta los comienzos de la década
de los años 1990. A medida que los hogares dejan
de aparecer en los datos de la MMP (los hogares son
encuestados sólo una vez) o se legalizan mediante
la amnistía bajo lo estipulado en la IRCA, la
muestra resulta menos representativa. Este problema
resulta más severo después de 1991.
Orígenes y factores determinantes
de la migración México – EE.UU.
El Programa Bracero
La inmigración a gran
escala desde México tiene sus raíces en
el Programa Bracero, un programa de trabajadores invitados
iniciado en 1942 (Massey et al. 1987). Éste dispuso
la inmigración legal temporal de trabajadores
de México a los Estados Unidos, en parte para
cubrir la escasez de mano de obra en los EE.UU. como
resultado de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo,
después de la guerra, los agricultores y propietarios
de predios agrícolas de frutales y hortalizas
tuvieron éxito en convencer al gobierno a extender
el programa durante la década de los años
1950. No fue hasta 1964 que se atendió el pedido
formulado por los trabajadores sindicalizados de poner
fin a la mano de obra contratada del extranjero y así
se abandonó el Programa Bracero (Calavita 1992).
De 1942 a 1964, el Programa Bracero
trajo un promedio de más de 200,000 trabajadores
anualmente (Calavita 1992). La mayoría de braceros
se concentraron en Tejas, California, Arkansas, Arizona
y Nuevo México. Cuando se dio por concluido el
programa bracero en 1964, fue bajo una nube de controversia
y por consecuencia no se puso en su lugar ningún
otro intercambio de trabajadores. Eventualmente el fin
abrupto del programa trajo como resultado una nueva
era de inmigración en gran medida ilegal desde
México. La nueva era tuvo un comienzo lento en
parte debido al crecimiento económico sostenido
en México en la década de los años
60. También en 1965 México instituyó
un programa de industrialización en la frontera
que se conoce como el programa maquiladora, específicamente
dirigido a crear trabajos para los inmigrantes despedidos.[4]
Sin embargo, para comienzos de la década de los
años 70, se aceleraba nuevamente el movimiento
de inmigrantes mexicanos hacia los Estados Unidos.
Factores determinantes de la
inmigración ilegal
El resurgimiento de la inmigración
ilegal luego del fin del Programa Bracero muestra el
poder de los factores económicos y sociales.
Los lazos formados entre los empleadores, reclutadores
y trabajadores migrantes durante el período Bracero
rebajaron los costos y riesgos de la migración
a los Estados Unidos por fines de trabajo (Massey et
al. 1987). Los factores clave tales como las redes y
la disponibilidad de contrabandistas de personas conocidas
como los “coyotes” permiten que se eleve
la migración. Sin embargo, los factores determinantes
subyacentes de la migración México-EE.UU.
son los salarios más altos y la disponibilidad
de trabajo en los Estados Unidos. El fondo político
también es importante. Leyes que existen pero
no son aplicadas, tales como las sanciones a los empleadores
de la IRCA, denotan una tolerancia por la inmigración
ilegal.
Redes
Aunque ciertos factores económicos
tales como los diferenciales de salarios son considerados
vitales pero no pueden ser modificados si los costos
de migración son prohibitivos. Un inmigrante
ilegal primerizo debe superar costos fijos significativos
para obtener información sobre el destino y cómo
llevar a cabo un viaje exitoso.[5] Los investigadores
sobre la inmigración han encontrado redes—miembros
de la familia y amigos con experiencia migratoria—como
la forma más común en que se transmite
esta información crucial al inmigrante potencial.
El
Programa Bracero sentó las bases para la inmigración
ilegal masiva en parte a través de la creación
de redes y la divulgación de información
pertinente a la migración México-EE.UU.
y al empleo en los mercados de trabajo de los EE.UU.
Desde entonces las redes han continuado expandiéndose
como muestra el Cuadro 3 para las redes de hermanos
(definidas como las que tienen un hermano con experiencia
de inmigración a los EE.UU.). El diecinueve por
ciento de los hogares MMP tenían acceso a por
lo menos una red de hermanos en 1965, mientras que el
41 por ciento tenían acceso en 1991. Estos mismos
hogares promediaban 1.7 redes de hermanos en 1965 y
2.3 en 1991. Sin embargo, durante este período
una parte importante de redes de hermanos se afincaron
permanentemente en los Estados Unidos. En otras palabras,
están cambiando tanto la cantidad como la calidad
de las redes de inmigrantes.
Contrabandistas
Junto con las redes de inmigrantes,
la disponibilidad de contrabandistas de personas, o
coyotes como se les llama comúnmente, hacen posibles
para muchos inmigrantes indocumentados los viajes a
través de la frontera. Los coyotes pueden ser
contratados en el pueblo nativo del inmigrante o a lo
largo de la frontera y típicamente acompañan
al inmigrante a su destino final. [6]
La tarifa del contrabandista,
o “precio del coyote”, representa un costo
importante de la inmigración ilegal. Curiosamente,
pese a un incremento en la vigilancia, los precios de
los coyotes estaban sufriendo un marcado declive durante
la mayor parte del período de muestra. En 1994,
los precios de los coyotes promediaban alrededor de
$300—un tercio de los precios de 1965. (Más
abajo se presentan en mayor detalle los precios de los
coyotes.)
Los factores más importantes
para la caída de los precios de los coyotes fueron
el desarrollo de la infraestructura y la libre entrada
a la industria del coyote. La construcción de
infraestructura tales como carreteras y aeropuertos
y el crecimiento de ciudades gemelas a lo largo de la
frontera, tales como Tijuana/San Diego y Ciudad Juárez/El
Paso, han hecho que la frontera sea más accesible
a los viajeros del interior de México. Por ejemplo,
antes de 1930, sólo dos vías férreas
conectaban el centro de México con la frontera
con EE.UU., y no existían carreteras principales
que conectaran el interior de México con cualquier
ciudad fronteriza de los EE.UU. (Scott 1982). La mayoría
de las carreteras que unen el interior con la frontera
fueron construidas entre 1940 y 1960. Similarmente,
la expansión del transporte aéreo comercial
durante esos años fue dramática. Como
resultado de ello, el tiempo de viaje fue significativamente
reducido y esto permitió a los coyotes cobrar
menos por sus servicios.
Otro factor en la caída
de los precios de los coyotes ha sido el libre ingreso
a la industria. En teoría, cualquier inmigrante
que ha llevado a cabo un cruce ilegal de la frontera
puede usar la experiencia para trabajar como un coyote.
Esto implica que en la medida que la inmigración
ilegal se hizo más común, más y
más inmigrantes ingresaron al comercio de contrabando.[7]
La mayor competencia entre los proveedores empujó
los precios hacia abajo.
Salarios
Con
la existencia de redes y coyotes, los costos de la inmigración
ilegal se han reducido lo suficiente como para permitir
a los potenciales inmigrantes responder a los factores
cambiantes tales como los salarios relativamente bajos
en México y los cambios desfavorables en la economía.
Massey y Espinosa (1997) y Orrenius (1999) brindan una
visión integral de los factores determinantes
de la inmigración México-EE.UU. Los cambios
desfavorables en la economía causan el desempleo
en las ciudades, deprimen los precios de los productos
agrícolas en el campo y hacen que sea difícil
pagar los préstamos. El Cuadro 4 muestra el PIB
per capita (el PIB total y el PIB agrícola) desde
1965. El aparente incremento de la emigración
Mexicana a mediados de la década de los años
80 es consistente con los declives en el ingreso real
en esa época. Los salarios de la industria manufacturera
mexicana narran una historia similar y, en 1999, estaban
todavía debajo de los niveles máximos
alcanzados en 1981. La producción del sector
agrícola, aunque menos volátil que la
producción nacional, estuvo en caída durante
la segunda mitad del período de la muestra.
Seguros y mercados de capital
El Cuadro 4 sugiere que los
bajos ingresos y los cambios desfavorables o crisis
económicas intermitentes actúan como factores
de empuje y generan una migración de salida.
Sin embargo, una corriente de pensamiento sostiene que
simplemente el riesgo de una recesión puede también
generar la emigración en buenas épocas.
Esta teoría enfatiza la necesidad de asegurar
el ingreso del hogar contra las crisis negativas locales
al coordinar la migración y los envíos
de ciertos miembros particulares del hogar en buenos
y malos tiempos. Los mercados de capital subdesarrollados
también hacen que sea difícil o imposible
obtener préstamos para muchos mexicanos. En las
encuestas, los inmigrantes también citan la necesidad
de un capital para montar un negocio, construir una
casa, reintegrar un préstamo o financiar un procedimiento
médico como una razón principal para migrar
a los Estados Unidos.
Política de inmigración
La política tanto
en el país nativo como en el país anfitrión
también afecta la dinámica de la migración.
En México, la incapacidad del gobierno de generar
un crecimiento económico sostenido e instituciones
financieras estables conducen a una mayor emigración.
En los Estados Unidos (y en muchos otros países),
simplemente la restricción de la inmigración
a por debajo de la demanda mundial por visas crea un
incentivo para que los extranjeros inmigren ilegalmente.
Otras políticas de los EE.UU., tales como la
generosidad de los programas de asistencia pública
y la disponibilidad de la atención de la salud,
también tienen un impacto. Las dos políticas
más significativas de los EE.UU. promulgadas
en recientes años, sin embargo, son la Ley de
control y reforma de la inmigración (IRCA, por
sus siglas en inglés) y la Ley de reforma de
la inmigración ilegal y responsabilidad de los
inmigrantes (IIRIRA, por sus siglas en inglés).
IRCA fue aprobada en 1986 en
respuesta al incremento de la inmigración ilegal
a mediados de la década de los años 80.
Las condiciones económicas empeoraron en México
a comienzos de la década de los años 80,
y para 1983 tanto la tasa de migración como las
capturas comenzaron a elevarse. La IRCA tenía
como objetivo disuadir la inmigración ilegal
al asignar más fondos al INS y a la vigilancia
de las fronteras imponiendo sanciones a los empleadores
que a sabiendas contrataban trabajadores indocumentados
y al crear un programa de trabajadores agrícolas
invitados (H-2A). La IRCA también ofrecía
amnistía a los trabajadores agrícolas
y a los residentes de largo tiempo en los EE.UU. Finalmente
la amnistía establecida por la IRCA legalizó
a tres millones de inmigrantes ilegales—dos tercios
de los cuales eran de México.
A
corto plazo, la aprobación de la IRCA se correlaciona
con un incremento de la inmigración total pero
una reducción en la tasa de inmigración
ilegal en los datos de MMP y en el número de
capturas en la frontera (Cuadro 2) (Bean, Edmonston
y Passel 1990, Orrenius 2000). Es posible que la IRCA
haya fallado en detener la inmigración ilegal
en el medio a largo plazo en parte porque raramente
se aplican las sanciones a los empleadores y el programa
de trabajadores invitados es demasiado pequeño
y estrecho para llenar las necesidades de los empleadores
y trabajadores migrantes. Los efectos a corto plazo
pueden haber sido el resultado de legalizar el flujo
usual de inmigrantes ilegales, muchos de los cuales
se desplazan regularmente entre los Estados Unidos y
México. El Cuadro 5 muestra el impacto dramático
que la amnistía de la IRCA tuvo sobre los inmigrantes
en la muestra MMP, reduciendo el porcentaje de cruces
ilegales de 77 por ciento en 1986 al 29 por ciento en
1989.
Pasados diez años desde
la implementación de la IRCA, la IIRIRA continuó
algunas de las disposiciones de la IRCA al aumentar
aún más las penas a los contrabandistas
así como a los que ingresan ilegalmente. La IIRIRA
también dispuso un incremento al doble de la
Patrulla Fronteriza para el 2001, incrementó
las sanciones a la falsificación de documentos,
redujo los procedimientos de las deportaciones, limitó
la revisión judicial de las órdenes de
deportación e hizo que la declaración
falsa de ciudadanía fuera sancionada hasta con
cinco años de cárcel. Mientras tanto la
legislación de reforma de los programas de bienestar
aprobado en 1996 negó el acceso a muchos beneficios
públicos a los inmigrantes ilegales y a muchos
inmigrantes legales. Probablemente la IIRIRA no ha tenido
un fuerte impacto en el volumen de la inmigración
ilegal pero ha hecho que la adaptación al estatus
legal sea más difícil para los extranjeros
ilegales que residen aquí. La reforma de los
programas de bienestar y la negativa a proveer beneficios
como los cupones de alimentos han afectado mayormente
a los inmigrantes legales.
Evaluación de las tendencias
recientes de vigilancia en la frontera
Las
autoridades de los EE.UU. respondieron a la creciente
inmigración ilegal aumentando la vigilancia en
la frontera. Tal como se muestra en el Cuadro 6, las
horas de vigilancia (medidas por el número de
horas que los agentes de la Patrulla Fronteriza pasan
en los turnos de vigilancia) crecieron en tres fases
a lo largo de este período (Dunn 1996). En esta
sección, se revisa cada fase de vigilancia con
respecto a su posible efecto en la probabilidad de captura
de individuos. Las tasas de uso de los coyotes, los
precios que cobran los coyotes, y los patrones de cruce
de los trabajadores cíclicos son sustitutos a
la eficiencia de la vigilancia.
Tres fases de la vigilancia
En los esfuerzos iniciales
de vigilancia, hasta 1986, las horas de vigilancia quedaron
rezagadas ante el influjo de migrantes. Las horas aumentaron
a fines de los años 70, ya que ante la creciente
inmigración ilegal, la administración
Carter aprobó un aumento en el financiamiento
del INS (Rosenblum 2000). Una gran parte del dinero
adicional fue dedicado a equipo y armamento. En la siguiente
fase, durante la administración Reagan, los temas
de la frontera y de la inmigración adquirieron
una mayor urgencia, y la aprobación de la IRCA
en 1986 marcó un punto crucial para la vigilancia
en la frontera y en general para la política
de inmigración.
Una gran parte del 33 por ciento
de aumento en el financiamiento del INS fue asignado
para la Patrulla Fronteriza, y el efecto en las horas
de vigilancia es obvio en el Cuadro 6. El Congreso también
hizo más estrictas las penas contra los contrabandistas
de migrantes.
A medida que la inmigración
ilegal empezó a crecer nuevamente a comienzos
de los años 90, se tomó entonces aún
otra iniciativa de vigilancia. La tercera fase de vigilancia,
que empezó en 1993 y utilizó medidas enérgicas
para lugares específicos, marcó definitivamente
el aumento más grande en las horas de vigilancia.
El objetivo era hacer costosa la inmigración
ilegal dirigiendo el tráfico ilegal fuera de
las ciudades fronterizas y lejos de las carreteras y
edificios (U.S. GAO 1999b). Los agentes tomaron posiciones
fijas a lo largo de caminos comúnmente usados
dentro de las áreas urbanas. Esto, junto con
el levantamiento de cercos y el uso de equipos de vigilancia,
forzó a los migrantes ilegales a abandonar las
áreas densamente pobladas. Una vez en las áreas
remotas, los inmigrantes ilegales podrían ser
detectados más fácilmente y detenidos
por la Patrulla Fronteriza.[8]
La estrategia fue implementada
primero en El Paso (Operativo Hold-the-Line), luego
en 1994 en San Diego (Operativo Gatekeeper) y en Nogales,
Arizona (Operativo Safeguard), y por último en
1997 en el Sur de Texas (Operativo Río Grande).
Como resultado de ello, entre 1993 y 1997, el presupuesto
para la vigilancia a lo largo de la frontera Suroeste
aumentó en más del doble. El número
de agentes de la Patrulla Fronteriza se incrementó
de 4,200 en 1994 a 7,700 en 1999 (U.S. GAO 1999a).
La evidencia de las tasas del
uso de contrabandistas y las tarifas de los contrabandistas
Para disuadir la inmigración
ilegal, la creciente vigilancia fronteriza debe elevar
el costo que enfrentan los migrantes. Esto se logra
frecuentemente aumentando la probabilidad de ser capturado
(pero también puede obtenerse elevando otros
riesgos a los migrantes tales como la posibilidad de
sufrir lesiones o inclusive la muerte). ¿Ha aumentado
la probabilidad de ser capturado, y por lo tanto el
costo y el riesgo para el migrante, durante los períodos
de vigilancia bajo estudio?
La probabilidad de captura no
puede ser medida directamente debido a que se desconoce
el número de inmigrantes ilegales tratando de
cruzar.[9] Las capturas podrían estar en aumento
debido al creciente número de inmigrantes y no
debido a la creciente probabilidad de captura. Una medida
alternativa de cambios en la probabilidad de captura
son los cambios en las variables relacionadas que no
son afectadas directamente por el volumen de inmigración
ilegal, como por ejemplo, la propensión de los
inmigrantes ilegales de contratar coyotes. Es más
probable que los migrantes usen un coyote cuando ellos
perciben que tienen una posibilidad mayor de ser capturados
al tratar de cruzar por su cuenta. Otra variable relacionada
es el precio que cobran los coyotes. Los precios de
los coyotes deberían aumentar con el incremento
de las probabilidades de captura, manteniéndose
todos los otros factores sin cambio alguno, ya que el
riesgo que corre el contrabandista aumenta con la posibilidad
de ser capturado.
Las
barras en el Cuadro 7 presentan el porcentaje de inmigrantes
ilegales en los datos de la encuesta que contrataron
a coyotes en cada año. El uso de coyotes aumentó
fuertemente en 1970 y la tendencia siguió creciendo
por el resto de la década. Para 1979, más
del 70 por ciento de los inmigrantes ilegales en la
muestra estaban contratando coyotes. Después
de nivelarse a comienzos de los 80, las tasas del uso
de coyotes tendió a aumentar ligeramente a inicios
de la IRCA (1986-1990). Este patrón proporciona
alguna evidencia de que, a pesar del aumento en la inmigración
ilegal en general, los costos para los migrantes aumentaron
durante las dos primeras fases de vigilancia. Sin embargo,
el Cuadro 7 también ilustra que los aumentos
en el suministro de contrabandistas sobrepasaron los
aumentos en la demanda por contrabandistas, ya que los
precios bajaron a pesar de las tasas más altas
de uso. En términos reales (dólares de
1994), el precio promedio reportado del coyote bajó
de más de $900 en 1965 hasta alrededor de $300
en 1994. Sin embargo entre 1996–1997, el precio
de los coyotes tuvo una tendencia alcista nuevamente.
Los precios más altos en las tarifas de contrabando
de inmigrantes después de 1994 concuerdan con
el impacto de una vigilancia más estricta.
Las tasas en el uso de coyotes
llegan a su nivel máximo en los datos de la encuesta
en 1996. Debido a que la muestra MMP se vuelve más
reducida al final del período de la muestra,
la información contenida en los últimos
datos es ligeramente menos confiable. En todo caso,
la evidencia anecdótica apoya la premisa de que
en 1995, la frontera se había vuelto mucho más
difícil de cruzar.
De hecho, la más reciente
iniciativa fronteriza, la serie de campañas en
lugares específicos empezando con los Operativos
Hold-the-Line y Gatekeeper, probablemente han sido los
esfuerzos de vigilancia más exitosos hasta la
fecha. Por primera vez son comunes las anécdotas
de personas que cruzan la frontera y son capturadas
con tal frecuencia que regresan, renunciando a sus esperanzas
de llegar a los Estados Unidos. Las horas de vigilancia
y las estadísticas de capturas son las más
altas hasta ahora y los precios de los coyotes están
aumentando por primera vez en más de treinta
años.
La nueva estrategia de vigilancia
y el cambio de lugares de cruce en la frontera
Otra señal indicativa
de que las ofensivas recientes constituyen un elemento
disuasivo es el trastorno en los antiguos patrones de
cruce de la frontera. Los inmigrantes de ahora evitan
los antiguos lugares populares de cruce de la frontera
en California y favorecen los de Texas y Arizona. Dentro
de los estados, el cambio también es notorio.
En California, los migrantes eligen cruzar los arduos
desiertos de El Centro en vez de arriesgar un cruce
al sur de San Diego. En Texas, es menos probable que
los migrantes traten de cruzar por El Paso, prefiriendo
cruzar mucho más lejos al sur en Texas a través
de Laredo, McAllen, Brownsville y más recientemente
Del Río.
Reasignación interestatal
de migrantes
Como el lugar que tiene la
mayor parte de la frontera entre los EE.UU. y México,
históricamente Texas ha sido el principal lugar
de intercambios económicos y culturales entre
los dos países. En 1900, la población
de California era solamente la mitad de la de Texas,
y la frontera entre California y México estaba
mayormente despoblada (Lorey 1999). Sin embargo, después
de la Depresión, California sobrepasó
a Texas tanto en el crecimiento económico como
en el de la población. Como resultado de ello,
se produjo una enorme migración hacia el oeste,
tanto dentro de los Estados Unidos como desde México,
y la mayoría de los que se trasladaban se dirigían
hacia California. En México, las ciudades a lo
largo del camino, tales como Mexicali y Tijuana empezaron
a crecer.
Por
los datos de la encuesta en el Cuadro 8, podemos ver
que como la mitad a tres cuartos de todos los cruces
de la frontera entre 1965 y 1990 fueron hacia California.
Después de la IRCA, hubo una disminución
en la fracción de los cruces que se dirigían
hacia California y el correspondiente aumento en la
propensión a cruzar hacia Texas. Estas tendencias
se intensificaron después de la implementación
del Operativo Gatekeeper. Gatekeeper también
condujo a un aumento en los cruces hacia Arizona, a
pesar de que este hecho no es obvio de los patrones
en los datos MMP (es claro por los datos de capturas
del INS). Las tendencias empíricas concuerdan
con la interpretación de que con la promulgación
de la IRCA y la implementación de Gatekeeper,
la vigilancia en la frontera en California se volvió
más efectiva que la vigilancia en Texas. Los
que cruzan la frontera respondieron cambiando hacia
Texas y Arizona.
Reasignación intraestatal
de migrantes
Los
cambios son igualmente impresionantes dentro de Texas.
Viendo los datos en el Cuadro 9, el aumento en los cruces
en Texas empezando en 1990 está casi completamente
concentrado en el sector de El Paso. La reanudación
de los cruces en El Paso después de la IRCA fue
un factor importante en la decisión de implementar
el Operativo Hold-the–Line. Los datos revelan
el impacto de la campaña de 1993 con una disminución
del 75 por ciento en las capturas en el período
de un año. Sin embargo, el subsiguiente aumento
de capturas en los otros sectores de Texas sugiere que
los migrantes respondieron cruzando más hacia
el sur.
El cambio de preferencia en los
lugares de cruce de la frontera es especialmente notorio
después de la caída del peso en diciembre
de 1994. Las capturas en el sector de McAllen–Laredo
se incrementaron a niveles sin precedentes después
de 1995.
Muertes en el cruce de la frontera
Una intención específica
de la nueva estrategia de vigilancia en la frontera
ha sido la de eliminar el tráfico de inmigrantes
ilegales del centro de las ciudades. La consecuencia
ha sido desviar a los inmigrantes hacia áreas
mucho menos pobladas. Hoy en día los inmigrantes
ilegales cruzan por territorios inhóspitos y
se exponen a condiciones climáticas extremas,
mucho más de lo que se exponían diez o
veinte años antes. Los críticos de las
campañas en la frontera claman que como resultado
de ello las lesiones y muertes que ocurren a lo largo
de la frontera son las más altas hasta ahora.
Rosenblum (2000) cita en 324 el número de muertes
relacionadas a los cruces en 1999, un aumento desde
las cifras de un solo dígito antes de 1995. Se
cree que el número de muertes ha llegado a 388
en 2000. El estimado mexicano es de 430.
Repercusiones políticas de
la inmigración ilegal
Los funcionarios encargados de
la adopción de políticas enfrentan opciones
difíciles con respecto al asunto de la inmigración.
Al igual que el migrante enfrenta costos y beneficios
al migrar, los países anfitriones (de origen)
sufren los costos y beneficios de la inmigración
(emigración). Con frecuencia los países
anfitriones luchan contra la inmigración ilegal
para minimizar la carga fiscal de los inmigrantes, para
limitar la competencia a los nativos en el centro de
trabajo, y para atender las preocupaciones de los nativos
sobre hechos que van desde la asimilación de
los inmigrantes a la erosión cultural y lingüística.
Al mismo tiempo, los funcionarios encargados de la adopción
de políticas han llegado a comprender el papel
de los trabajadores migrantes en una economía
en crecimiento. En el caso de los EE.UU. al parecer
las autoridades no desean incurrir en las consecuencias
económicas de terminar la inmigración
ilegal. Como consecuencia, rara vez se hacen efectivas
las sanciones que la IRCA impuso contra los empleadores
que contratan trabajadores indocumentados. Más
aún, el INS ha abandonado en gran medida su antigua
táctica de llevar a cabo redadas en los centros
de trabajo, y su política de facto desde 1997
ha sido “una vez que estás adentro, estás
adentro.”[10]
El resultado de las dos fuerzas
opositoras ha sido un flujo constante de inmigrantes
ilegales. Sin embargo, la política exterior hacia
México parece implicar que no son deseables los
cambios grandes y súbitos en ese flujo. El préstamo
de ayuda de 1995 fue defendido en parte con el argumento
de que haría más lenta la migración
Mexicana al exterior generada como resultado de la caída
del peso de 1994. La IRCA fue igualmente sustentada
como una defensa contra la secuela de la crisis de la
deuda de México en los años 80. Los que
proponían la NAFTA también argüían
que las mejores condiciones económicas, obtenidas
por medio del comercio, generarían menos emigración
procedente de México.
En el lado mexicano, los funcionarios
encargados de la adopción de políticas
enfrentan un dilema diferente, a pesar de que igualmente
para México hay aspectos positivos y negativos
de la migración de México a los EE.UU..
La migración hacia el exterior de los ciudadanos
mexicanos trae de $4 a $7 billones en remesas cada año,
y muchos de esos fondos fluyen hacia algunas de las
áreas más pobres del país. Los
emigrantes son la tercera fuente más grande de
reservas extrajeras después del comercio y el
turismo. La emigración ha reducido la presión
sobre los políticos en manejar las crisis económicas
a niveles locales y nacionales. Sin embargo, México
ha perdido millones de hombres y mujeres en edad laboral
para beneficio de los Estados Unidos. A nivel local,
el impacto de la emigración masiva ha sido grave
en algunos lugares. Villas y pueblos han sido despoblados.
En años de crecimiento económico, los
mercados laborales se han tenido que adaptar, en parte
mediante la creciente participación de las mujeres
en la fuerza laboral.
Para los funcionarios mexicanos
encargados de la adopción de políticas,
la situación del mejor caso de emigración
sería una población de emigrantes que
se van en los tiempos malos, envían mucho dinero,
y regresan a casa en los buenos tiempos para trabajar,
invertir y conducir negocios. La repercusión
de la política es para que México promueva
lazos más cercanos con la comunidad emigrante
y convenza a los Estados Unidos de permitir mayor movilidad
en el cruce de la frontera. Aparentemente este punto
de vista es compartido por el Presidente mexicano Vicente
Fox, quien propone una renovación de los acuerdos
migratorios bilaterales celebrados con los Estados Unidos
y sugiere una frontera que permitiría un desplazamiento
más libre tanto de personas como de bienes. Un
terrible resultado de la campaña en la frontera
y de otras leyes de inmigración de los Estados
Unidos ha sido el desalentar de volver a casa a los
inmigrantes ilegales que solían entrar y salir
(Orrenius 2000). Desde la perspectiva de ambos países,
un programa que incorpore una migración temporal
de los mexicanos a los Estados Unidos basada en el trabajo
puede resultar ser el arreglo más beneficioso
(Orrenius y Viard 2000).[11] Esto limitaría el
impacto fiscal para los contribuyentes de los EE.UU.
y permitiría a los trabajadores migrantes mexicanos
mantener sus residencias Mexicanas y desplazarse libremente
entre los dos países.
Conclusión
Desde la Segunda Guerra Mundial,
las barreras entre México y los Estados Unidos
se han reducido. Hace cien años, las diferencias
entre los salarios eran tan grandes como lo son ahora,
pero virtualmente no había migración entre
los dos países. El intercambio de personas y
bienes estaba limitado por la distancia, la falta de
carreteras y aviones, una información escasa,
y las diferencias lingüísticas y culturales.
Hoy, después de cincuenta años de migración
y asentamiento en gran escala, el escenario es enormemente
diferente, y el comercio y la migración entre
México y los EE.UU. ha crecido de manera significativa.
La respuesta al comercio ha sido positiva, pero la respuesta
a la inmigración ilegal ha sido el correspondiente
aumento en la intensidad de la vigilancia en la frontera.
Los esfuerzos iniciales de vigilancia
en la década de los años 70 y 80 fueron
tremendamente inefectivos. Ellos lograron aumentar la
tasa en el uso de coyotes entre los migrantes, lo que
creó una industria floreciente de contrabando
que ofrecía una tarifa que bajaba constantemente.
Las iniciativas de vigilancia más recientes han
sido exitosas, teniendo como resultado sin embargo,
precios más altos de los coyotes y posiblemente
tasas más altas de migrantes desanimados que
renuncian a tratar de cruzar la frontera. Una evidencia
adicional es el cambio en los patrones de cruce de los
migrantes. Cuando se ha elegido un lugar para una campaña,
el efecto ha sido casi inmediato, ya que los migrantes
han respondido cruzando por algún otro lugar.
Actualmente los migrantes evitan los lugares que solían
ser populares para cruzar la frontera como San Diego
y El Paso y prefieren usar las rutas más remotas.
Las reasignaciones interestatales e intraestatales de
los migrantes son evidentes tanto en los datos de las
capturas del INS como en los datos de la encuesta Mexicana.
Desdichadamente, como han sido reducidas las opciones
de cruce en la frontera, los migrantes están
arriesgando más para llegar a los Estados Unidos.
El resultado ha sido el número récord
de muertes relacionadas al cruce de la frontera.
La controversia acerca del impacto
de la vigilancia en la frontera sobre la inmigración
ilegal ha llevado naturalmente a más debates
sobre la pregunta más trascendental, es decir
los costos y los beneficios de la inmigración
ilegal. Hay instrumentos políticos que permitirían
que ambos países cosechen los beneficios de la
migración entre México y los EE.UU. a
la par que mitigan los costos. Uno de ellos es el desarrollo
de acuerdos bilaterales de trabajadores migrantes que
permitirían el ingreso legal y temporal de trabajadores
mexicanos al mercado de trabajo de los EE.UU.
—Pia M. Orrenius
 |
| Notas
La autora quisiera
agradecer a Gordon Hanson por proporcionar
los datos sobre la vigilancia, a Jason Saving
por sus comentarios a un borrador inicial,
a Jennifer Afflerbach por su cuidadosa edición,
y al Agente Supervisor de la Patrulla Fronteriza
LeRoy Schleinkofer por compartir sus experiencias
y conocimiento del tema.
- Este número no incluye los aproximados
2.8 millones de inmigrantes ilegales a
los que se les otorgó residencia
legal bajo la disposición de amnistía
de la Ley de control y reforma de la inmigración
de 1986. Ver el reporte titulado “Estimados
anuales de la población inmigrante
no autorizada que reside en los Estados
Unidos y componentes de cambio: 1987–1997.”
- Se estima que el número de personas
que ingresan a la población residente
no autorizada nacidos en México
es de 330,000 por año. (Ver el
reporte al que se hace referencia en el
pie de página 1). La diferencia
se debe a la emigración, ajuste
de estatus, deportación y muerte.
- La historia de la migración incluye
el número, el momento, y el destino
de los viajes; estatus legal en el viaje;
modo de cruzar (solo, con familia, o con
contrabandista); y el monto de la tarifa
del contrabandista. La muestra ha sido
seleccionada sobre la base de cabezas
de familia masculinas entre las edades
de 15–65.
- Inicialmente, las maquiladoras empleaban
principalmente a trabajadoras mujeres.
Como resultado de ello, el programa de
industrialización de la frontera
hizo poco para ayudar a emplear a los
braceros desplazados (Gruben 1990).
- En un esperado marco de referencia de
utilidad, el trabajador migrante con aversión
a riesgos sufre las inconveniencias de
las incertidumbres que rodean un viaje
hacia un destino desconocido y que involucra
el cruce ilegal de la frontera. Por lo
tanto los riesgos percibidos son un elemento
de disuasión a la migración.
- Spener (próximamente) describe
el papel del contrabandista y sus métodos
con más detalles.
- El creciente tráfico de drogas
en los años 80 pueden haber atraído
a más personas al negocio del contrabando.
- De acuerdo a los agentes, esta estrategia
ha funcionado con menos eficiencia en
las áreas donde la vegetación
esconde al inmigrante—como en Laredo
y en la parte baja del Valle Río
Grande.
- A pesar de estas dificultades, Singer
y Massey (1998) desarrollaron estimados
sobre la probabilidad de capturas. Ellos
descubrieron que el promedio (1965–92)
de probabilidad de captura es de 0.33
y que las probabilidades alcanzaron su
máximo nivel a fines de los años
70 pero han disminuido desde entonces.
- La vigilancia interna desde 1997 se
ha concentrado en la captura y deportación
de inmigrantes criminales.
- El programa de trabajadores invitados
propuesto por el Sen. Phil Gramm incorpora
algunas de estas ideas, incluyendo la
emisión de visas temporales a ciudadanos
mexicanos que trabajan ilegalmente en
los Estados Unidos.
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Sobre el autor
Pia M. Orrenius es
una economista del Departamento de investigaciones
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