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Print-Friendly VersionArtículos de investigación

¿Estuvo el TLCAN detrás del gran crecimiento de las maquiladoras en México?
Economic and Financial Review
Tercer Cuarto 2001

A pesar del consenso de los comentaristas, que de otro modo típicamente están en desacuerdo, hay al menos tantas razones para sospechar que el TLCAN no causó el crecimiento de las maquiladoras como las hay para sospechar que sí.

Entre los más impresionantes fenómenos industriales producidos por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), observamos el rápido crecimiento de plantas que operan bajo el programa de maquiladoras de México. En su versión institucional más sencilla, la maquiladora importa insumos, regularmente de los Estados Unidos, los procesa, y los devuelve a su país de origen, incluso para ser sometidos a un proceso adicional. El esquema de las maquiladoras permite que dichos insumos y la maquinaria utilizada en su proceso, entren a México exentos del pago de aranceles aduaneros. Al devolver los bienes procesados, el embarcador paga impuestos sólo por el valor agregado por el proceso en México.[1]

Diagrama 1: Empleos en México en el sector de las maquiladorasA pesar de que las maquiladoras han estado operando en México desde los años sesenta, su producción y creación de empleos empezaron a cobrar fuerza con el advenimiento del TLCAN, en 1994 (Diagrama 1). Durante los primeros seis años siguientes a la implementación del TLCAN, los empleos en las maquiladoras crecieron un 110 por ciento, comparado al 78 por ciento de crecimiento registrado en los seis años anteriores al Tratado. Tanto los oponentes como los defensores del TLCAN, así como otros observadores, concuerdan que el tratado de libre comercio fue la causa de este rápido crecimiento. Balla (1998, 55), por ejemplo, sostiene que, sin duda, el TLCAN ha provocado un rápido aumento en las actividades de las maquiladoras. San Martín (2000, 32A) mantiene que el TLCAN sigue siendo el factor principal en el crecimiento sectorial de las maquiladoras. Carrada-Bravo (1988, 8) argumenta que el aceleramiento de las inversiones directas extranjeras, como resultado del TLCAN, también contribuyó a la creación de más de medio millón de empleos en la región fronteriza entre los Estados Unidos y México.… Estos nuevos empleos, derivados de la expansión de la industria maquiladora, [pagan más] que aquéllos no relacionados al comercio internacional. Un informe posterior a la implementación del TLCAN, producido conjuntamente por el Economic Policy Institute y el U.S. Business y la Industry Council Educational Foundation (1997) sostiene que a medida que nuevas plantas o plantas ampliadas se incorporan a la producción en la zona de las maquiladoras … el déficit producido por el comercio entre los dos países aumentará aún más. Aun antes de que el TLCAN fuera implementado, Perot y Choate (1993) declararon que el flujo de empresas estadounidenses que voluntariamente se están trasladando a México atraído bajo el programa maquilador amenaza convertirse en una inundación bajo el TLCAN.[2]

Las Maquiladoras No Son Nada Nuevo, Como Tampoco Lo Es La Controversia Que Las Rodea
A pesar del consenso de los analistas, que de otro modo típicamente están en desacuerdo, hay por lo menos tantas razones para sospechar que el TLCAN no fue la causa del gran crecimiento del sector de las maquiladores, como para sospechar que sí lo causó.[3] Ciertas maquiladoras han experimentado episodios de rápido crecimiento, aunque diferente al registrado recientemente.

México desarrolló el programa maquilador en respuesta a la cancelación, en 1964, de un programa estadounidense mediante el cual, a partir de la Segunda Guerra Mundial, se concedía temporalmente la entrada a trabajadores agrícolas mexicanos, para permitirles trabajar en los Estados Unidos. Las maquiladoras ofrecieron entonces una alternativa en el sector de las manufacturas al programa de admisión de braceros, los trabajadores agrícolas que habían perdido sus trabajos al terminar el programa estadounidense.

Las plantas maquiladoras mexicanas se convirtieron en algo controversial en los Estados Unidos, tan pronto como aparecieron. Algunos comentaristas se quejaron de que mientras la mayoría de los braceros habían sido hombres, la nueva fuerza obrera de las maquiladoras estaba mayormente constituida por mujeres. No obstante, la controversia no tuvo tanto que ver con esos empleos para las mujeres mexicanas, sino con la idea misma de exportar empleos a México.

Los opositores a las maquiladoras argumentaban que el programa ayudaba a las empresas estadounidenses y de otros países a aprovecharse de los salarios inferiores vigentes en México. Mientras las empresas que habían empleado a trabajadores de baja habilidad en los Estados Unidos se mudaban a México, los oponentes sostenían que estaban "llevándose empleos de los Estados Unidos".

Los defensores de las maquiladoras sostenían que si esas plantas de ensamblaje no se hubieran mudado a México, se habrían ido a otros países con mano de obra barata, en muchos casos en Asia. En efecto, así decían, los países asiáticos de mano de obra barata habían servido como plataformas de exportación de las manufacturas estadounidenses, antes de que las maquiladoras entraran en escena.[4]

Más concretamente, las maquiladoras de México reflejaron un fenómeno más amplio, el de la globalización de las manufacturas. A pesar de que las maquiladoras eran creación del sistema legal mexicano, operaciones similares podían encontrarse en todo el mundo, gracias a las décadas de costos decrecientes en las comunicaciones y el transporte. Esta reducción en los costos facilitó el desarrollo de una ambiciosa red de plantas de ensamblaje en Taiwán, y luego en Guatemala, Isla Mauricio, y Vietnam, cuyos productos empezaron a exportarse al mundo industrializado en general, particularmente a los Estados Unidos (Grunwald y Flamm 1985; Romer 1993).

Ese proceso de globalización no fue resultado del TLCAN. En realidad, el TLCAN fue resultado de ese proceso de globalización. De no haber ocurrido la reducción en los costos de comunicación y el transporte, que hizo posible la globalización, las presiones de orden político que originaron el TLCAN no hubieran sido tan fuertes.

¿Ha cambiado el TLCAN a las maquiladoras?
A pesar de que el TLCAN ha motivado a muchas empresas a iniciar o ampliar sus operaciones en México, es también probable que haya desalentado la expansión de las maquiladoras, e incluso perjudicado sus operaciones regulares, en general. Esto se debe a que el TLCAN permite la operación de producción compartida entre las maquiladoras por estadounidenses y mexicanos en el marco de maquila pero sin el programa de maquila de exportación.

Para 1999, la mayoría de las importaciones procesadas dentro del programa de las maquiladoras, y luego importadas a los Estados Unidos, podían entrar sin pagar aranceles aduaneros, dentro de ese marco legal. El Automotive Products Trade Act y la exención de aranceles aduaneros para ciertos productos procedentes de países favorecidos, así como las eliminaciones tarifarias dispuestas por el TLCAN, hicieron que el ingreso de los productos fuera tan fácil como bajo el régimen de las maquiladoras (Watkins 1994). Y debido al papeleo original requerido por el programa de maquiladoras, su utilización como esquema operativo en la época del TLCAN podría parecer innecesariamente costosa.

Otro freno para operar bajo este programa tuvo que ver con las restricciones de orden ecológico. En algunos casos, la gestión de los desechos y las regulaciones en cuanto al tratamiento de los mismos pudieron haber sido interpretadas como más estrictas para las maquiladoras que para las demás plantas mexicanas con el mismo tipo de manufactura. Bajo el TLCAN, algunas de estas plantas podrían exportar a los Estados Unidos bajo niveles de proteccionismo no mayor de los disfrutados por las maquiladoras, convirtiendo la participación de las maquiladoras en un costo innecesario.[5]

Además, a partir del 1 de enero del 2001, el TLCAN se convirtió en el único marco legal para la importación de productos exentos de impuestos de aduana procedentes de las maquiladoras mexicanas, terminándose así, efectivamente, el programa de las maquiladoras como instrumento comercial entre los países de Norte América. En esa fecha, las disposiciones del TLCAN eliminaron gradualmente las exenciones arancelarias irrestrictas de componentes y equipos importados procedentes de las maquiladoras. Impusieron también las reglas que requerían los componentes mínimos de origen norteamericano (50 por ciento y, en algunos casos, aún más) para el libre movimiento de productos entre México, los Estados Unidos o Canadá.

Por otra parte, a pesar de que el TLCAN empezó a reducir los impuestos de aduana de los bienes importados a los Estados Unidos desde México, desde sus inicios el 1 de enero del 1994, las reducciones totales no fueron instantáneas. En la medida en que las importaciones desde México gozaron de un tratamiento arancelario más favorable que el del TLCAN, las maquiladoras mantuvieron su atractivo.[6]

Algunos cambios relacionados con el TLCAN favorecían inequívocamente a las maquiladoras. Echeverri-Carroll (1999) nota, por ejemplo, que el TLCAN eliminó todos los programas mexicanos de incentivos a ciertas industrias. Al ocurrir esto, algunas empresas cambiaron al programa de maquiladoras, para seguir importando libre de aranceles, a México.

En breve, ciertos factores sugieren que el TLCAN pudo haber afectado grandemente el desarrollo de las maquiladoras. Otros factores sugieren razones para sospechar que el TLCAN tuvo un impacto más bien modesto, y aún otros sugieren de que el acuerdo de intercambio desalentó del todo el desarrollo de las maquiladoras. No es fácil determinar si efectivamente el TLCAN contribuyó positivamente a la creación de empleos en el sector de las maquiladoras, a no ser utilizando recursos econométricos. A pesar de esto, la tasa de expansión de las maquiladoras durante los seis años siguientes al TLCAN fue dos quintos mayor que durante los seis años anteriores al TLCAN.

Si el programa de maquiladoras ha sido eliminado, ¿por qué nos hacemos estas preguntas?
Los analistas regularmente atribuyen al TLCAN por todos los cambios posteriores al TLCAN en el intercambio comercial entre México y los Estados Unidos. (Véase, por ejemplo, el Council of the Americas de 1999 y Rothstein y Scott 1999.) Cierta evidencia econométrica sugiere que el TLCAN explica en parte el desarrollo comercial entre los dos países, aunque factores ajenos al Tratado pueden haber sido responsables de muchas de las fluctuaciones en el intercambio comercial entre México y los Estados Unidos, desde que el acuerdo entró en vigor (Gould 1998). Otros modelos de exportación indican que el papel jugado por el Tratado en la expansión de las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos no es del todo claro (Garcés-Diaz 2001).

En todo caso, gran parte de la actividad económica relacionada con el comercio entre los Estados Unidos y México, como, por ejemplo, la producción de las maquiladoras, no aparece como relacionada al TLCAN. ¿Por qué es esto importante? Si la producción de las maquiladoras y el intercambio comercial dependieran directamente del TLCAN, las implicaciones para modelar el impacto del Tratado serían muy diferentes si éste no influyera en gran parte del intercambio comercial entre los Estados Unidos y México. Por ejemplo, si se determinara que la actividad de las maquiladoras fue afectada por el TLCAN, tal vez los estimados del impacto del Tratado en el intercambio comercial entre México y los Estados Unidos deberían excluir los datos relacionados con las maquiladoras.

El asunto se ve mucho más claro si lo consideramos en el contexto más amplio del intercambio comercial entre México y los Estados Unidos. Los embarques mexicanos de petróleo crudo a los Estados Unidos representan una parte importante del comercio entre los Estados Unidos y México, aunque estén claramente desconectados del TLCAN. Podría ser posible identificar otros productos de este tipo. Si se descubriera que el impacto del TLCAN en el comercio entre México y los Estados Unidos es más bien limitado, las investigaciones acerca del Tratado deberían también verse sujetas a mayores limitaciones que las actuales.

Supongamos, sin embargo, que el TLCAN sí afectó las actividades de las maquiladoras. Otro aspecto interesante del examen de la relación entre las maquiladoras y el TLCAN tendría que ver no sólo con la determinación de si, efectivamente, el Tratado afectó a las maquiladoras, sino también en qué medida y cómo. Por ejemplo, ¿pudo haber afectado el TLCAN sólo directamente la actividad de las maquiladoras? O, ¿fueron sólo indirectos sus efectos?

Diagrama 2; Exportaciones de maquiladoras como porcentaje de la totalidad de las exportaciones mexicanasFinalmente, aunque las maquiladoras hayan sido eliminadas como fenómeno separado del TLCAN, las implicaciones de tales plantas en la liberalización del comercio y frente al Tratado, podrían merecer un modelo y tratamiento normativo diferentes, si es que el Tratado causó algún tipo de comportamiento diferente al de las viejas normas del sistema de las maquiladoras. Podemos medir estas relaciones mientras sea estadísticamente posible, a fin de considerar las maquiladoras como entidades separadas. El Diagrama 2, que muestra la relación entre las exportaciones de las maquiladoras y las totales de México, demuestra la importancia que pueden tener estas implicaciones. Nótese que las exportaciones de las maquiladoras contaron por más de la tercera parte de todas las exportaciones mexicanas, durante todos los años de la última década.

Modelando el comportamiento de las maquiladoras, con o sin el TLCAN
Para probar el impacto del TLCAN en las fluctuaciones de las maquiladoras, yo aplico la variable de un modelo diseñado para explicar la creación de empleos por parte de las maquiladoras (Gruben 1990). Este modelo matemático incluye ajustes relacionados con problemas estadísticos inherentes al examen de tales relaciones (Hernández y Navarrete Vargas 1988; Gruben 1990) y luego agrega una variable binaria para todos los períodos desde1994 en adelante.

El valor de este modelo es que es muy parsimonioso, aunque, sin embargo acomoda las expectativas tanto de la demanda como de la oferta, en el cálculo de las fluctuaciones en la nómina de empleados de las maquiladoras. Para tomar en cuenta el lado de la demanda, utilizo la producción industrial estadounidense, tal y como lo hacen Hernández y Navarrete Vargas (1988). Las razones para esto es que las maquiladoras son esencialmente un segmento del sector industrial de los Estados Unidos. Al incrementarse o caer la producción industrial en los Estados Unidos, los empleos en las maquiladoras proporcionalmente aumentarán o caerán. (Formulé también una versión de este modelo, utilizando el producto interno bruto (PIB) de los Estados Unidos, debido a que es una medida mucho más amplia tanto de la demanda como de la oferta. No informo acerca de estos resultados, debido a que, independientemente de la configuración de las duraciones y otras variables en el modelo, el PIB de los Estados Unidos nunca fue de mucha utilidad para arrojar luz sobre la producción industrial del país.)

Una segunda categoría de variables tiene que ver con los salarios relativos, a pesar de que, tal y como se explica a continuación, tales variables requieren ajustes estadísticos antes de adaptarse a la ecuación regresiva. El índice de empleos en las maquiladoras mexicanas se contraerá o expandirá inversamente al índice de los salarios en el sector manufacturero mexicano, frente a sus comparables en los países que compiten con México en la oferta de productos a los Estados Unidos, incluyendo los mismos Estados Unidos. En el modelo típico de maquiladora (Hernández y Navarrete Vargas 1988; Gruben 1990; Truett y Truett 1993), los competidores de las maquiladoras son plantas en los Estados Unidos y en países asiáticos recientemente industrializados. Ceteris paribus, mientras los salarios mexicanos caen con relación a los estadounidenses o asiáticos, se prevé un aumento en el índice de empleo de las maquiladoras mexicanas.

Expreso los salarios en dólares, a fin de describir los costos relativos desde el punto de vista del productor o consumidor estadounidense. Este detalle es importante. ¿Por qué denominar salarios extranjeros en dólares, cuando los trabajadores son pagados en sus monedas nacionales? La razón es que las maquiladoras son operadas principalmente por empresas estadounidenses o extranjeras, que utilizan la producción de las maquiladoras como aporte a sus operaciones en los Estados Unidos. En todo caso, estas empresas están vendiendo en el mercado estadounidense. Esperan mantener reducidos los costos de producción expresados en dólares, independientemente del lugar de la producción. Así, aunque los trabajadores en las plantas extranjeras de una empresa sean pagados en moneda local, el valor en dólares de estas nóminas es lo que importará realmente a los productores, al momento de decidir si producirán en México, los Estados Unidos, o, por ejemplo, Hong Kong.

Como ilustración, supongamos que los trabajadores de un país cualquiera recibían 200 pesos diarios hasta ayer y que súbitamente tengan que recibir, a partir de hoy, 300 pesos diarios. No obstante, supongamos también que este aumento ha llegado acompañado por una devaluación monetaria, en virtud de la cual 10 pesos compraban ayer un dólar, mientras que hoy, para comprarlo, se requieren 20 pesos. Esto se traduce en una reducción en el costo en dólares de la nómina de los empleados, de los $20 diarios de ayer a los $15 diarios de hoy. Naturalmente, las empresas estadounidenses, que venden sus productos en los Estados Unidos, súbitamente descubrirán que su operación en un país donde se paga en pesos es mucho más atractiva, aunque los trabajadores reciban hoy 300 pesos diarios, en vez de 200.

Algunos se preguntarán por qué yo (y los demás economistas que modelamos econométricamente el comportamiento de las maquiladoras) utilizamos salarios relativos expresados en dólares, en vez de alguna medida de producción por unidad salarial, expresada en dólares. Para el propietario de una maquiladora, la producción por unidad salarial que una empresa no maquiladora pudiera generar podría no ser relevante. Esto se debe a que las maquiladoras aportan habilidades administrativas y economías de escala que pudieran dar lugar a una mayor productividad de los obreros frente a las plantas manufactureras promedio en México, que emplean obreros con iguales destrezas, pero sin tener que pagar salarios diferenciales para compensar una mayor productividad.[7] A pesar de cierta escasez de trabajadores calificados, México aún cuenta con una abundante fuerza laboral poco diestra, pero cuya productividad podría aumentar mediante la adopción de prácticas administrativas eficientes y un mejor diseño de las plantas industriales. Los costos de la unidad laboral no son muy evidentes en los modelos de las maquiladoras, mientras que para los salarios relativos sencillos sí se ofrece mucho más información.

¿Está el desarrollo de las maquiladoras después de la entrada en vigencia del TLCAN vinculado a variables ajenas al tratado?
Diagrama 3: Producción industrial en los Estados UnidosUn examen de las tres variables explicativas tratadas hasta ahora ofrece una idea de por qué el nivel de empleos de las maquiladoras aumentó después de la entrada en vigencia del TLCAN. El Diagrama 3 muestra la producción industrial de los Estados Unidos entre 1975 y 1999.

Nótese la aceleración en 1992 y en 1995. Durante los seis años del TLCAN, la producción industrial en los Estados Unidos creció un 32 por ciento, frente a un 11 por ciento registrado en los seis años anteriores al Tratado.

Diagrama 4: Relación de costos de mano de obra entre México y los Estados UnidosEl Diagrama 4 muestra la relación entre los salarios por hora en México y los de los Estados Unidos, en el sector manufacturero, con inclusión, en ambos casos, de las prestaciones, expresados en dólares. Nótese la súbita reducción de esta relación, en 1995, un año después del inicio del TLCAN. A pesar de que este índice asciende algo en los años siguientes, nunca supera el nivel alcanzado entre 1991 y 1994. Según la información disponible, estos menores índices de remuneración pudieran estar asociados a un nivel de empleos más alto en las maquiladoras.[8]

Diagrama 5: Relación de costos de mano de obra entre México y los países asiáticosSimilarmente, la relación de los salarios industriales por hora en México con los salarios industriales por hora en una muestra de países asiáticos (Hong Kong, Corea, Singapur, y Taiwán) también caen súbitamente en 1995 (Diagrama 5). Como en la relación México-U.S., la relación México-Asia aumenta ligeramente después de 1995. Pero a diferencia de la relación México–U.S., la relación México–Asia nunca se eleva hasta algún valor alcanzado antes de 1995. Como con las relaciones México–U.S., las relaciones México-Asia pueden estar asociadas con el número más alto de empleados de las maquiladoras.

Los modelos econométricos más recientemente publicados de comportamiento de las maquiladoras utilizan series de datos que finalizan en 1988. Contamos con once años de datos disponibles desde que el último modelo fue estimado, así que es probable que las relaciones entre las variables independientes y dependientes puedan haber cambiado.[9]

Finalmente, para evaluar el impacto del TLCAN sobre las fluctuaciones en la nómina de empleados de las maquiladoras, uso una variable binaria con un valor de 0 correspondiente a los años anteriores al TLCAN, y con un valor de 1 en los años sucesivos a su entrada en vigencia. Esta variable es la más importante en este modelo. Un valor estimado positivo y significativo del coeficiente del TLCAN podría significar que San Martín (2000), Balla (1998), Carrada-Bravo (1998), el Economic Policy Institute, el U.S. Business and Industry Council and Educational Foundation (1997), y Perot y Choate (1993) tienen razón cuando señalan que el TLCAN es el factor determinante del crecimiento de las maquiladoras. Un valor estimado negativo y significativo del coeficiente del TLCAN podría significar que el mismo desalienta el crecimiento de las maquiladoras. Este resultado podría sugerir que los aspectos desalentadores sobre las maquiladoras del Tratado podrían superar los aspectos favorables del mismo. En caso de que el coeficiente estimado del TLCAN sea insignificante, no podemos rechazar la hipótesis nula de que el valor del coeficiente es cero, y en tal caso tendríamos que concluir que el TLCAN tal vez no ha tenido impacto sobre las maquiladoras.

Los datos estadísticos preliminares sugieren que las viejas relaciones aún se mantienen
Las columnas de la A a la C en la Tabla 1 presentan el resultado de tres ecuaciones de regresión sencilla, en las que cada una incorpora por lo menos una variable relacionada con índices salariales mexicanos, además de la variable del índice de producción industrial, y la variable binaria del TLCAN. Utilizo datos anuales desde 1975 al 1999. Con excepción de la variable binaria del TLCAN, los datos son transformados en las primeras diferencias de sus formas logarítmicas, así es que este factor será estacionario.[10] La columna A reporta una ecuación regresiva que incluye la variable de la producción industrial estadounidense (Producción Industrial) y (siguiendo a Gruben 1990) un patrón de la variable de salarios en los Estados Unidos y México (Salarios Méx./U.S.), junto con la variable binaria del TLCAN. Tal y como se esperaba, el coeficiente de producción industrial es positivo y significativo. El coeficiente de salarios entre México y los Estados Unidos es negativo y significativo. Se hace notar que la variable binaria del TLCAN es insignificante y negativa, y que discutiré las implicaciones de este hecho, más adelante.

Tabla 1
Ecuaciones de empleo en las maquiladoras
 
A
B
C
D
E
CONSTANTE
.08781**
(.015193)
.077245***
(.015758)
.088691***
(.018936)
.080133***
(.011714)
.080674***
(.011988)
Salarios
Méx./USA (-1)
-.132065
(.060174)
__
-.141554
(.131125)
__
__
Salarios
Méx./Asia (-1)
__
-.108876*
(.059248)
.010268
(.125143)
__
__
Principales
Componentes (-1)
__
__
__
-.014589*
(.007566)
-.019336*
(.010012)
Principales
Componentes (-2)
__
__
__
-.013934*
(.00735)
-.016974
(.012390)
Producción
industrial
1.049863**
(.395894)
1.131543**
(.401794)
1.051087**
(.406940)
1.278143***
(.389837)
1.200418**
(.484877)
Variable binaria
del TLCAN
-.019877
(.025985)
-.010857
(.027943)
-.020874
(.029329)
-.025703
(.022549)
-.025216
(.025341)
R2
.534362
.504401
.534536
.737014
.747451
R2 ajustado
.460840
.426148
.431100
.675134
.684314
Error normal de
regresión
.051558
.053191
.052961
.040064
.040354
Suma del cuadrado de los residuales
.050507
.053757
.050488
.027287
.026056
Registro probable
37.75743
37.04029
37.76173
42.39968
__
Media dependiente variable
.118631
.118631
.118631
.121682
.120555
Desviación estandar de la variable dependiente
.070217
.070217
.070217
.070291
.071823
Criterio Akaike
-2.9354259
-2.873069
-2.848846
-3.39971
__
Criterio Schwartz
-2.737951
-2.675591
-2.602000
-3.152007
__
Estadistica Durbin-Watson
1.548164
1.434754
1.544536
2.027825
1.859293
***
**
*
 Notable al nivel de 0.1
 Notable al nivel de 0.5
 Notable al nivel de .10
NOTA : Las desviaciones estandares están en paréntesis

La columna B de la tabla ofrece una ecuación con las mismas variables, sólo que el coeficiente o relación salarial entre México y el Asia sustituye al coeficiente salarial entre México y los Estados Unidos. Los resultados son, sin embargo, esencialmente, los mismos. La producción industrial toma un signo positivo y significativo. La relación México–Asia toma un signo negativo y débilmente significativo. El coeficiente correspondiente a la variable binaria del TLCAN es, también en este caso, negativo e insignificante.[11]

Aunque el enfoque común en la formulación de modelos econométricos de maquiladoras ha sido tomar en cuenta tanto los salarios mexicanos en comparación con los estadounidenses, como los mexicanos frente a los de otros países en vías de desarrollo, surge casi siempre un problema de estimación. Si coloco ambas variables salariales en la misma ecuación, regularmente ninguna pasará por una prueba estadística significativa, aunque las efectuemos separadamente. Ocurren también cambios en los signos. Estos problemas pueden ser vistos en la Columna C de la Tabla, donde tanto la relación de salarios entre México y los Estados Unidos como la salarial entre México y los países asiáticos aparecen en una ecuación junto con la producción industrial estadounidense y la variable binaria del TLCAN. Las estadísticas t correspondientes a las variables de los índices salariales caen por debajo de lo significativo. Por otra parte, el coeficiente de salarios entre México y los países asiáticos cobra un aspecto positivo, aunque es negativo cuando el de México y los Estados Unidos no figura en la ecuación. Estos resultados debilitados sugieren la recurrencia de "multicolinearidad entre dos variables que expresan costos relativos,” las cuales figuran en un ejercicio similar de modelaje de maquiladoras preparado por Hernández y Navarrete Vargas (1988).[12] Los movimientos de dos variables salariales guardan una estrecha relación; esta correlación reduce sustancialmente la capacidad del análisis de regresión de atribuir separadamente variaciones en el nivel de empleo de las maquiladoras a una variable salario.[13]

No tenemos un método directo de corregir problemas de multicolinearidad, que no sea el creciente número de observaciones. Existe un procedimiento mediante el cual se puede ponderar variables salariales a fin de evitar la multicolinearidad.

Mediante el análisis de los componentes principales, la variación de las variables puede ser comprimida en una o más variables de índices conocidos entre los componentes principales. El componente principal es una combinación linear de algunas series de variables, como la compuesta por los dos índices salariales de este modelo. Un proceso matemático es utilizado para maximizar la variación de cada una de las variables salariales que puedan ser captadas en un solo índice. Esto elimina los efectos contaminantes de la correlación de una variable salarial con la otra, y la multicolinearidad deja de ser un problema.

Mediante este procedimiento de maximización, un coeficiente es asociado a cada variable original. En este estudio, las variables salariales son las variables originales. Los valores del coeficiente estimado de las variables de este índice indican la importancia relativa de cada variable original en el nuevo componente derivado.

Nótese que los estimadores de los componentes principales están prejuiciados. Este también es el caso, desafortunadamente, de los estimadores derivados de los demás procedimientos, a fin de evitar problemas de multicolinearidad—incluyendo los estimadores en “ridge” regresión. No obstante, la intención de este modelo es la de identificar el impacto del TLCAN en el crecimiento del sector de las maquiladoras. Debido a que la variable binaria del TLCAN no ha sido convertida en componente principal, el prejuicio del estimador en la parte del componente principal del modelo tendrá poco efecto en este ejercicio. La relación entre las fluctuaciones en la producción industrial de los Estados Unidos—tampoco captada mediante los componentes principales—y las fluctuaciones en la nómina de empleados de las maquiladoras también son desprejuiciadas.

Después de todo, ¿afecta el TLCAN a las maquiladoras? Resultados más completos
Habiendo aplicado la estimación de los componentes principales a la formulación de un índice variable libre de problemas relacionados con la multicolinearidad, aunque capaz de reproducir tanto las relaciones salariales entre México y el Asia como las de entre México y los Estados Unidos, la utilizo para probar el impacto del TLCAN en las fluctuaciones en la nómina de empleados de las maquiladoras.

El resultado que presento (Columna D de la tabla) es la culminación de un buen número de estimados anteriores, en los que utilicé el conjunto optimo de rezagos. Al estimar este modelo, construí modelos alternativos capaces de ofrecer todas las posibles combinaciones de rezagos, partiendo del cero (o sea, contemporáneos) hasta tres rezagos del componente de la relación salarial y del índice de producción industrial (el cual, de nuevo, fue transformado a primeras diferencias logarítmicas). Las “posibles combinaciones” incluyen combinaciones asimétricas.[14] Incluí hasta tres rezagos anuales de producción industrial estadounidense y del componente principal de la relación salarial con México.

De todas las ecuaciones estimadas por mí, esta tiene el valor mínimo, según el criterio Schwartz (modelo con una o dos rezagos del componente principal salarial mexicano, una variable de la producción industrial actual de los Estados Unidos, y una variación de la variable binaria del TLCAN).[15] Al igual que los modelos preliminares en las Columnas de la A a la C, los resultados de la Columna D no respaldan las afirmaciones de San Martin (2000), Balla (1998), Carrada-Bravo (1998), The Economic Policy Institute y el U.S. Business and Industry Council Educational Foundation (1997), Perot y Choate (1993), o las de Perot en sus apariciones por televisión, en oposición al TLCAN y a las maquiladoras. (véase la nota 2.) Lo mismo es verdad en el caso de todos los modelos formulados por mí no reportados aquí.

El criterio Schwartz ofrece información acerca de la duración óptima de los rezagos. El criterio castiga la sobreparametrización—o sobrecarga del modelo con rezagos de variables explicativas—más severamente que otros criterios de duración demorada.

El exitoso modelo del criterio Schwartz ofrece un cuadro interesante de la dinámica operativa y administrativa de las maquiladoras. Primero, con excepción de la variable binaria del TLCAN, el modelo Schwartz no incluye coeficientes con niveles significativos inferiores a .0735. Los coeficientes tienen un valor por lo menos débil significativo lo cual es un resultado notablemente mejor que el de las anteriores ecuaciones, e incluyen un comentario acerca de la capacidad de los principales componentes para captar variaciones grupales o globales. Lo más interesante es que el criterio Schwartz cuenta con un primer y segundo rezago del principal componente del coeficiente salarial mexicano, así como un coeficiente contemporáneo de la producción industrial estadounidense.

Que este rezago configurado según el criterio Schwartz sea el más exitoso sugiere que la gestión de las maquiladoras tiene que ver menos con los riesgos procedentes de la demanda que con los derivantes del lado de la oferta. En cuanto a la demanda, nótese que las maquiladoras responden dentro del mismo año a los cambios en la producción industrial en los Estados Unidos. En igualdad de condiciones, las maquiladoras agregan empleados en el mismo año en que aumenta la producción industrial aquí, en los Estados Unidos, y los despide en el mismo año en que decae la producción industrial en este país. Nótese, asimismo que, según estos resultados, un 1 por ciento de aumento o reducción corresponde a un 1.278 por ciento de aumento o reducción en el índice de empleo en las maquiladoras.

La misma estructura de rezagos—lo que tiene el vale mejor del criterio de Schwartz con uno y dos rezagos del variable de sueldos relativos—sugiere que los gerentes duran dos años de responder totalmente a choques de sueldos relativos (supply-side shocks). La configuración de rezagadas sugiere que la gestión de la maquiladora dedica tiempo para decidir si dichas choques salariales son transitorias o si serán permanentes, aunque las respuestas del lado de la demanda (o sea, de la producción industrial) sean relativamente rápidas.

Las maquiladoras podrían necesitar tiempo para adaptarse a los cambios salariales debido a su perspectiva de costos en dólares (en vez de en pesos). Cuando expresamos los salarios en dólares, las sorpresas mayores y más inmediatas en cuanto a su relatividad, tendrán que ver con las devaluaciones monetarias. La estructura del modelo ganador de Schwartz está preparado para considerar si las maquiladoras esperarán que los salarios mexicanos se ajusten a sus viejos niveles en dólares inmediatamente después de una devaluación, o si, por el contrario, el proceso de ajuste será lento. Tal y como lo muestran los diagramas 4 y 5, el ajuste fue muy lento luego de las devaluaciones mexicanas del 1982 y el 1994. Estas devaluaciones no sólo hicieron que el valor en dólar de los salarios mexicanos cayera estrepitosa y rápidamente (en comparación con los salarios estadounidenses o asiáticos), sino que permaneciera deprimido durante varios años.

No obstante, esta inercia de los salarios en dólares podría no ser siempre una realidad. En primer lugar, no tiene por qué persistir después de cada devaluación. McLeod y Welch (1991) muestran que en muchos países esta inercia no es normal y que los salarios relativos se ajustan y vuelven a sus viejas relaciones mucho más rápidamente que en México.

En segundo lugar, las mismas presiones de los inversionistas, que activan las devaluaciones mexicanas, pueden simultáneamente activar presiones en el intercambio de divisas, en otras partes. Cuando una devaluación mexicana reduce el costo de los salarios expresados en dólares, los dueños de las maquiladoras podrían esperar a ver si sus devaluaciones serán simuladas en otros países donde también tienen plantas, lo cual erosionaría la ventaja salarial mexicana. La última crisis salarial en México, provocada por problemas de intercambio de divisas, produjo grandes fugas de capitales en otras partes de América Latina, en las Filipinas, y en Polonia. La devaluación rusa del tercer trimestre del 1998, creó presiones financieras en Brasil y Argentina, así como en México. La crisis en Rusia despertó temores acerca del Brasil, tan grandes como para causar grandes pérdidas en las reservas (Treuherz 2000). Frente a estas pérdidas, acontecimientos políticos en el Brasil incitaron otras fugas de capital, hasta que este país devaluó el real, en enero del año 1999. La estructura rezagada, en cuanto a las relaciones salariales, es consistente con el tiempo que las empresas podrían esperar para determinar cómo el mercado de divisas se ajusta a los cambios.

En cuanto a la variable binaria del TLCAN, las conjeturas de los autores, que sostienen que el Tratado fue determinante en el crecimiento de las maquiladoras, quedan sin confirmar. El valor del coeficiente de esta variable se demuestra insignificante en cada uno de los resultados de las ecuaciones que formulé, en preparación de la creación del modelo que presento aquí. En el caso de los autores mencionados, estos coeficientes significativos ofrecen poco valor, de por sí. No obstante, el valor de la variable binaria del TLCAN también presenta un signo negativo. Esto, y el hecho de que todas las formas del modelo producen un coeficiente de la variable binaria negativo, significa que un valor muy diferente al cero podría anular las suposiciones del autor, aún más contundentemente que cualquier insignificancia. Debemos insistir en que este valor negativo aparece en todos los estimados que he llevado a cabo, que van desde tres rezagos de una variable y ninguna rezago de la otra, hasta ninguna rezago de una variable y tres rezagos de la otra.

Método de las variables instrumentales
Un último refinamiento tiene que ver con el posible problema de la simultaneidad, el cual surge debido a que los empleos y salarios se determinan juntos, simultáneamente.

En consecuencia, un paso final al estimar este modelo es sustituir una variable instrumental de los componentes principales rezagados originalmente incluidos para adaptarse a los problemas de multicolinearidad de las relaciones salariales.[16] La prueba Hausmann muestra que el modelo de variables instrumentales, sin corregir en cuanto a su heteroesquedasticidad, no es significativamente diferente, desde un punto de vista estadístico, del modelo ordinario de mínimos cuadrados. Así, desde la perspectiva estadística, no hay necesidad de formular una ecuación para las variables instrumentales. Sin embargo, la columna E de la Tabla 1 presenta los resultados del estimado de variables instrumentales, que hacen sospechar, teóricamente, la existencia de errores de simultaneidad, a pesar de que las pruebas no los comprueben. Como puede verse, el primer rezago de componente principal instrumentado (variable de relación salarial) es negativo y significante, mientras que el segundo rezago es negativo e insignificante. Al igual que antes, la variable correspondiente a la producción industrial es positiva y significativa, mientras que la variable binaria del TLCAN es negativa e insignificante. Estos resultados son tan similares a los producidos por el método de mínimos cuadrados de la Columna D, que agregan muy poco a esta información, fuera de ofrecer la seguridad de que son bastante confiables.

Resumen y conclusiones
En respuesta a argumentos ampliamente difundidos de que el rápido crecimiento de las maquiladoras mexicanas después de la entrada en vigencia del TLCAN se debió a este Tratado, he llevado a cabo pruebas econométricas extensas relacionadas con sus efectos en el número de trabajadores en las maquiladoras. Los resultados de estas pruebas son contundentemente negativos. El TLCAN no contribuyó al crecimiento de las maquiladoras. Los efectos del TLCAN fueron negativos, no positivos, aunque estadísticamente insignificantes. Así, no podemos decir que el TLCAN tuvo algún efecto sobre las maquiladoras.

Por el contrario, el crecimiento en el número de trabajadores en las maquiladoras, desde el inicio del TLCAN hasta el año 1999, puede ser explicado por cambios en los factores de la demanda (expresada por los cambios en el índice de producción industrial en los Estados Unidos) y en factores propios de la oferta (expresados en los cambios en las relaciones salariales entre México y los Estados Unidos y entre México y cuatro países asiáticos). El crecimiento del índice de la producción industrial de los Estados Unidos, en los seis años siguientes a la entrada en vigencia del TLCAN, fue aproximadamente tres veces más rápido que durante los seis años precedentes. De igual forma, la devaluación del año1994 en México significó que durante los seis primeros años del TLCAN, la relación salarial entre México y los Estados Unidos, Hong Kong, Corea, Singapur y Taiwán fue mucho menor que durante los seis años anteriores al TLCAN.

La ecuación básica que este artículo presenta es la culminación de muchos estimados. Presento una ecuación con una configuración de primer y segundo rezago, por ser la estructura óptima, según el criterio de Schwartz. Después de hacer ajustes en aras de cierta flexibilidad, en la versión de los mínimos cuadrados esta ecuación capta un 67.5 por ciento de todas las variaciones en la nómina de las maquiladoras; alrededor de un 73.7 por ciento de variación es captado antes de los ajustes para una mayor flexibilidad. Después de los ajustes, la versión de las variables instrumentales capta un 68.4 por ciento del total de las variaciones.

La longitud del rezago tiene implicaciones interesantes relacionadas con la forma en que los propietarios de las maquiladoras hacen frente a los riesgos. Estas empresas responden bastante rápidamente a los cambios en la demanda (expresados en el índice de producción industrial en los Estados Unidos), mientras que la respuesta a los cambios salariales relativos no ocurre durante el mismo año que los cambios salariales relativos (expresados por los cambios en las relaciones salariales entre México y los Estados Unidos y los países asiáticos). Más bien, estas respuestas ocurren principalmente uno o dos años después de los cambios, como si los operadores de las maquiladoras hubieran esperado hasta decidir si los cambios salariales van a ser permanentes. Nos indica que, en el 2001, siguiente al período que yo modelo, el nivel de empleos en las maquiladoras decayó significativamente en relación directa a la producción industrial en los Estados Unidos, lo cual valida mi modelo.

A pesar de que cierta evidencia podría sugerir que el TLCAN ha afectado el comercio entre los Estados Unidos y México (Gould 1998), sus efectos no se manifestaron en el sistema de las maquiladoras mexicanas. El comercio es un proceso complicado, y así son los cambios en la política comercial, como es el caso del TLCAN.

—William C. Gruben

Notas

Quiero agradecer a Eric Mills su cuidadoso trabajo econométrico y sus valiosos consejos; a Ana Prats por la organización de la Tabla 1 y las cifras en ella contenida; y a Mónica Reeves por revisar con tanto cuidado este artículo.

  1. Se hace notar que el viaje de regreso no cae bajo la jurisdicción del programa de maquiladoras. Estas disposiciones tarifarias de importación a los Estados Unidos se rigen por las leyes estadounidenses, no por las mexicanas.
  2. Uno de los recursos utilizados por el candidato presidencial Ross Perot en su campaña televisiva consistía en un anuncio mediante el cual se invitaba a empresas maquiladoras a establecerse en el estado sureño mexicano de Yucatán. Ése, decía Perot, sería el resultado del TLCAN.
  3. Balla y Carrada-Bravo están a favor del TLCAN. Perot y Choate, y el Economic Policy Institute y el U.S. Business and Industry Council están en contra del TLCAN.
  4. El Programa Frontera de Industrialización, bajo el cual se inició el programa de las maquiladoras, fue introducido por el Secretario de Industria y Comercio de México después de un viaje al Extremo Oriente. El mismo sirvió de respuesta a las operaciones de ensamblaje en Asia, con empleo de mucha mano de obra, en las que los trabajadores asiáticos empleados en plantas de propiedad estadounidense operaban bajo el mismo régimen arancelario luego aplicado a las maquiladoras (Fernandez-Kelly 1987, 151).
  5. Véase a Boyer (1997) para una descripción detallada de las leyes de protección ambiental en México y su impacto sobre las maquiladoras.
  6. Tres categorías generales de aranceles aduaneros han sido aplicadas a los productos de maquiladoras importados a los Estados Unidos. La primera, el Harmonization Tariff Schedule 9802.00.60, permite la importación de productos metálicos procesados, aunque no terminados, en el extranjero. Los aranceles se calculan sobre el valor agregado por el proceso en México, en vez de por el valor total del producto. Los productos deberán haber sido procesados en los Estados Unidos, antes de ser despachados al exterior, y terminados en los Estados Unidos a su regreso. La segunda categoría, la HTS 9802.00.80, concede la exención arancelaria a los componentes de artículos ensamblados en México con componentes fabricados en los Estados Unidos. Estos productos no necesitan tener componentes del metal. La tercera categoría, ahora discutible, fue la más generosa. Si los productos ensamblados o manufacturados en México tenían por lo menos un 35 por ciento de componentes mexicanos, a su entrada a los Estados Unidos, calificaban para una exención total de impuestos aduaneros, bajo el sistema general de preferencias de los Estados Unidos (U.S. Generalized System of Preferences–GSP). México fue eliminado de la lista de países elegibles para beneficiarse del sistema (GSP), al ingresar al TLCAN, aunque este último permite a los productos con las mismas condiciones la misma entrada libre de aranceles que bajo el GSP.

    Como resultado del TLCAN, se creó un nuevo Harmonization Tariff Schedule (programa de armonización arancelaria). El HTS 9802.00.90 permite la importación libre de impuestos aduaneros de tejidos y ropa terminada en México con tejidos fabricados y cortados en los Estados Unidos. Los tejidos y la ropa terminada tradicionalmente ingresaron a los Estados Unidos bajo restricciones comerciales especiales, así es que la liberalización de su comercio debió ser específica. En el caso de la ropa importada bajo el 9802.00.80, sólo el valor de los tejidos cortados en los Estados Unidos, y de accesorios como botones y cremalleras fabricados en este país, podían ingresar exentos de impuestos de aduana. Bajo el 9802.00.90, el valor agregado en México, incluyendo el costo de la mano de obra y gastos operativos, también estaba exento de impuestos. Para una discusión ulterior, ver la U.S. International Trade Commission (1999).
  7. En cuanto a las economías de escala, es digno de notar que el nivel de empleo, así como la productividad de la planta promedio en México, son menores que los de la maquiladora promedio o la planta estadounidense promedio. Durante la devaluación del peso mexicano, en 1994, los salarios reales en el sector manufacturero se ajustaron hacia abajo, y permanecieron por debajo de los salarios reales de antes de la devaluación, durante años. Expresados en dólares, los salarios generales del sector manufacturero en México permanecieron por debajo de los niveles del 1994 hasta el 1999, el año más reciente para el que tenemos datos.
  8. Al aplicar las pruebas mejoradas Dickey-Fuller y Phillips-Perrone a las variables tratadas (incluyendo la variable dependiente, el empleo en las maquiladoras), nadie pudo rechazar la hipótesis nula de una raíz común en las unidades. Consiguientemente, tomé las primeras diferencias en los logaritmos de estas variables, que admiten el rechazo de esta hipótesis en cada caso.
  9. Los tres modelos citados aquí—Hernández y Navarrete Vargas (1988), Gruben (1990), y Truett y Truett (1993)—utilizan una variable de salarios entre México y los Estados Unidos, una variable de salarios entre México y otro país en proceso de industrialización, y una variable de producción estadounidense.
  10. Véase la nota 8 para una explicación del por qué utilicé las primeras diferencias. Los datos salariales de todos los países—México, Hong Kong, Corea, Singapur, Taiwán, y los Estados Unidos—provienen del International Comparisons of Hourly Compensation Costs for Production Workers in Manufacturing Series, que podrá encontrar en el sitio en la Internet del U.S. Bureau of Labor Statistics, ftp://ftp.bls.gov/pub/special.requests/ForeignLabor/supptab.txt. Estos datos empiezan en 1975. De nuevo, se hace notar que el valor de estos datos reside en que dan cuenta de los beneficios marginales además de los salarios. Los datos correspondientes al empleo en el sector de las maquiladoras proceden del INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática), organismo oficial mexicano. sitio en la Internet: www.inegi.gob.mx. Los datos de la producción industrial en los Estados Unidos proceden de la Concejo de la Reserva Federal (Federal Reserve Board).
  11. A pesar de que no los reporto aquí, los resultados son esencialmente los mismos con o sin la variable binaria del TLCAN. Dicha variable no afecta la ecuación en esta configuración.
  12. Hernández y Navarrete Vargas (1988, 225), mi traducción. Su modelo es trimestral, en vez de anual, y utiliza datos salariales sin corregir en cuanto a las diferencias internacionales en los beneficios marginales de los trabajadores, a diferencia de los datos del U.S. Bureau of Labor Statistics, usados en mi modelo. Truett y Truett (1993) evitan resultados consistentes con la multicolinearidad, utilizando una variable dependiente diferente de la de otros autores. No obstante, la variable dependiente por ellos empleada ha sido criticada en otros aspectos.
  13. Aun cuando los datos sean transformados a primeras diferencias de logaritmos, que representan índices de crecimiento de las variables salariales en Estados Unidos y México y entre México y el Asia, el coeficiente de correlación entre los dos será de .8852. Esta es una clara evidencia de una seria multicolinearidad. En contraste, el coeficiente de correlación entre la versión transformada del índice salarial entre México y el Asia, y la similitud transformada (primeras diferencias logarítmicas) del índice de producción industrial de los Estados Unidos, es de sólo .0935. El coeficiente de correlación entre la versión transformada del índice salarial entre México y los Estados Unidos y el índice transformado de producción industrial en los Estados Unidos es de .1232. Estos dos últimos bajos grados de correlación sugieren que la multicolinearidad en las ecuaciones reside estrictamente en las variables de índices salariales.
  14. Un ejemplo de asimetría podría ser el de una variable de valor exclusivamente actual de la producción industrial de los Estados Unidos, con tres rezagos de la variable de los componentes principales, o viceversa. Formulé, además, modelos asimétricos actuales, con tres rezagos de la variable de producción industrial, junto con (en la misma ecuación) la misma estructura de rezago de la variable de los componentes principales, y así sucesivamente. Así, seguí el paradigma de la London School of Economics de considerar todas las posibles combinaciones (en este caso, hasta tres rezagos anuales).
  15. El criterio Schwartz es una de las pruebas más comunes de determinación de rezagos óptimos. Al probar las estructuras alternativas de rezagos para un modelo, el que está con el valor más bajo gana.
  16. El objetivo de crear instrumentos que representen las variables originales es hallar variables que puedan ser relacionadas con las variables de la mano derecha sujetas a errores de simultaneidad, aunque no con las variables dependientes. En este caso, se consideró una combinación linear de la tasa de intercambio entre el peso y el dólar, con componentes principales rezagados, como candidata razonable para la formulación de un instrumento del componente original. Al aplicarse la prueba Sargan de validez de los instrumentos, el valor relacionado F fue de 0.3048, que supone un nivel de significación de .9024, lo cual demuestra claramente el valor de la instrumentación.

Referencias

Balla, John A. (1998), “Data Transfer: What’s New?” Twin Plant News, November, 55–56.

Boyer, Madeleine (1997), “Pending Developments in Mexican Hazardous Waste Law (Paper presented at the 1997 Advanced Environmental Law Course, State Bar of Texas, Houston, December 4).

Carrada-Bravo, Francisco (1998), “Business Education and Joint Enterprise in the NAFTA Countries,” Working Paper, Department of World Business, Thunderbird–The American Graduate