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¿Estuvo el TLCAN detrás
del gran crecimiento de las maquiladoras en México?
Economic and Financial
Review
Tercer Cuarto 2001
| A pesar del consenso
de los comentaristas, que de otro modo típicamente
están en desacuerdo, hay al menos tantas
razones para sospechar que el TLCAN no causó
el crecimiento de las maquiladoras como las
hay para sospechar que sí. |
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Entre los más impresionantes
fenómenos industriales producidos por el Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN),
observamos el rápido crecimiento de plantas que
operan bajo el programa de maquiladoras de México.
En su versión institucional más sencilla,
la maquiladora importa insumos, regularmente de los
Estados Unidos, los procesa, y los devuelve a su país
de origen, incluso para ser sometidos a un proceso adicional.
El esquema de las maquiladoras permite que dichos insumos
y la maquinaria utilizada en su proceso, entren a México
exentos del pago de aranceles aduaneros. Al devolver
los bienes procesados, el embarcador paga impuestos
sólo por el valor agregado por el proceso en
México.[1]
A
pesar de que las maquiladoras han estado operando en
México desde los años sesenta, su producción
y creación de empleos empezaron a cobrar fuerza
con el advenimiento del TLCAN, en 1994 (Diagrama
1). Durante los primeros seis años siguientes
a la implementación del TLCAN, los empleos en
las maquiladoras crecieron un 110 por ciento, comparado
al 78 por ciento de crecimiento registrado en los seis
años anteriores al Tratado. Tanto los oponentes
como los defensores del TLCAN, así como otros
observadores, concuerdan que el tratado de libre comercio
fue la causa de este rápido crecimiento. Balla
(1998, 55), por ejemplo, sostiene que, sin duda, el
TLCAN ha provocado un rápido aumento en las actividades
de las maquiladoras. San Martín (2000, 32A) mantiene
que el TLCAN sigue siendo el factor principal en el
crecimiento sectorial de las maquiladoras. Carrada-Bravo
(1988, 8) argumenta que el aceleramiento de las inversiones
directas extranjeras, como resultado del TLCAN, también
contribuyó a la creación de más
de medio millón de empleos en la región
fronteriza entre los Estados Unidos y México.…
Estos nuevos empleos, derivados de la expansión
de la industria maquiladora, [pagan más] que
aquéllos no relacionados al comercio internacional.
Un informe posterior a la implementación del
TLCAN, producido conjuntamente por el Economic Policy
Institute y el U.S. Business y la Industry Council Educational
Foundation (1997) sostiene que a medida que nuevas plantas
o plantas ampliadas se incorporan a la producción
en la zona de las maquiladoras … el déficit
producido por el comercio entre los dos países
aumentará aún más. Aun antes de
que el TLCAN fuera implementado, Perot y Choate (1993)
declararon que el flujo de empresas estadounidenses
que voluntariamente se están trasladando a México
atraído bajo el programa maquilador amenaza convertirse
en una inundación bajo el TLCAN.[2]
Las Maquiladoras No Son Nada
Nuevo, Como Tampoco Lo Es La Controversia Que Las Rodea
A pesar del consenso de los
analistas, que de otro modo típicamente están
en desacuerdo, hay por lo menos tantas razones para
sospechar que el TLCAN no fue la causa del gran crecimiento
del sector de las maquiladores, como para sospechar
que sí lo causó.[3] Ciertas maquiladoras
han experimentado episodios de rápido crecimiento,
aunque diferente al registrado recientemente.
México desarrolló
el programa maquilador en respuesta a la cancelación,
en 1964, de un programa estadounidense mediante el cual,
a partir de la Segunda Guerra Mundial, se concedía
temporalmente la entrada a trabajadores agrícolas
mexicanos, para permitirles trabajar en los Estados
Unidos. Las maquiladoras ofrecieron entonces una alternativa
en el sector de las manufacturas al programa de admisión
de braceros, los trabajadores agrícolas que habían
perdido sus trabajos al terminar el programa estadounidense.
Las plantas maquiladoras mexicanas
se convirtieron en algo controversial en los Estados
Unidos, tan pronto como aparecieron. Algunos comentaristas
se quejaron de que mientras la mayoría de los
braceros habían sido hombres, la nueva fuerza
obrera de las maquiladoras estaba mayormente constituida
por mujeres. No obstante, la controversia no tuvo tanto
que ver con esos empleos para las mujeres mexicanas,
sino con la idea misma de exportar empleos a México.
Los opositores a las maquiladoras
argumentaban que el programa ayudaba a las empresas
estadounidenses y de otros países a aprovecharse
de los salarios inferiores vigentes en México.
Mientras las empresas que habían empleado a trabajadores
de baja habilidad en los Estados Unidos se mudaban a
México, los oponentes sostenían que estaban
"llevándose empleos de los Estados Unidos".
Los defensores de las maquiladoras
sostenían que si esas plantas de ensamblaje no
se hubieran mudado a México, se habrían
ido a otros países con mano de obra barata, en
muchos casos en Asia. En efecto, así decían,
los países asiáticos de mano de obra barata
habían servido como plataformas de exportación
de las manufacturas estadounidenses, antes de que las
maquiladoras entraran en escena.[4]
Más concretamente, las
maquiladoras de México reflejaron un fenómeno
más amplio, el de la globalización de
las manufacturas. A pesar de que las maquiladoras eran
creación del sistema legal mexicano, operaciones
similares podían encontrarse en todo el mundo,
gracias a las décadas de costos decrecientes
en las comunicaciones y el transporte. Esta reducción
en los costos facilitó el desarrollo de una ambiciosa
red de plantas de ensamblaje en Taiwán, y luego
en Guatemala, Isla Mauricio, y Vietnam, cuyos productos
empezaron a exportarse al mundo industrializado en general,
particularmente a los Estados Unidos (Grunwald y Flamm
1985; Romer 1993).
Ese proceso de globalización
no fue resultado del TLCAN. En realidad, el TLCAN fue
resultado de ese proceso de globalización. De
no haber ocurrido la reducción en los costos
de comunicación y el transporte, que hizo posible
la globalización, las presiones de orden político
que originaron el TLCAN no hubieran sido tan fuertes.
¿Ha cambiado el TLCAN
a las maquiladoras?
A pesar de que el TLCAN ha
motivado a muchas empresas a iniciar o ampliar sus operaciones
en México, es también probable que haya
desalentado la expansión de las maquiladoras,
e incluso perjudicado sus operaciones regulares, en
general. Esto se debe a que el TLCAN permite la operación
de producción compartida entre las maquiladoras
por estadounidenses y mexicanos en el marco de maquila
pero sin el programa de maquila de exportación.
Para 1999, la mayoría de
las importaciones procesadas dentro del programa de
las maquiladoras, y luego importadas a los Estados Unidos,
podían entrar sin pagar aranceles aduaneros,
dentro de ese marco legal. El Automotive Products Trade
Act y la exención de aranceles aduaneros para
ciertos productos procedentes de países favorecidos,
así como las eliminaciones tarifarias dispuestas
por el TLCAN, hicieron que el ingreso de los productos
fuera tan fácil como bajo el régimen de
las maquiladoras (Watkins 1994). Y debido al papeleo
original requerido por el programa de maquiladoras,
su utilización como esquema operativo en la época
del TLCAN podría parecer innecesariamente costosa.
Otro freno para operar bajo este
programa tuvo que ver con las restricciones de orden
ecológico. En algunos casos, la gestión
de los desechos y las regulaciones en cuanto al tratamiento
de los mismos pudieron haber sido interpretadas como
más estrictas para las maquiladoras que para
las demás plantas mexicanas con el mismo tipo
de manufactura. Bajo el TLCAN, algunas de estas plantas
podrían exportar a los Estados Unidos bajo niveles
de proteccionismo no mayor de los disfrutados por las
maquiladoras, convirtiendo la participación de
las maquiladoras en un costo innecesario.[5]
Además, a partir del 1
de enero del 2001, el TLCAN se convirtió en el
único marco legal para la importación
de productos exentos de impuestos de aduana procedentes
de las maquiladoras mexicanas, terminándose así,
efectivamente, el programa de las maquiladoras como
instrumento comercial entre los países de Norte
América. En esa fecha, las disposiciones del
TLCAN eliminaron gradualmente las exenciones arancelarias
irrestrictas de componentes y equipos importados procedentes
de las maquiladoras. Impusieron también las reglas
que requerían los componentes mínimos
de origen norteamericano (50 por ciento y, en algunos
casos, aún más) para el libre movimiento
de productos entre México, los Estados Unidos
o Canadá.
Por otra parte, a pesar de que
el TLCAN empezó a reducir los impuestos de aduana
de los bienes importados a los Estados Unidos desde
México, desde sus inicios el 1 de enero del 1994,
las reducciones totales no fueron instantáneas.
En la medida en que las importaciones desde México
gozaron de un tratamiento arancelario más favorable
que el del TLCAN, las maquiladoras mantuvieron su atractivo.[6]
Algunos cambios relacionados con
el TLCAN favorecían inequívocamente a
las maquiladoras. Echeverri-Carroll (1999) nota, por
ejemplo, que el TLCAN eliminó todos los programas
mexicanos de incentivos a ciertas industrias. Al ocurrir
esto, algunas empresas cambiaron al programa de maquiladoras,
para seguir importando libre de aranceles, a México.
En breve, ciertos factores sugieren
que el TLCAN pudo haber afectado grandemente el desarrollo
de las maquiladoras. Otros factores sugieren razones
para sospechar que el TLCAN tuvo un impacto más
bien modesto, y aún otros sugieren de que el
acuerdo de intercambio desalentó del todo el
desarrollo de las maquiladoras. No es fácil determinar
si efectivamente el TLCAN contribuyó positivamente
a la creación de empleos en el sector de las
maquiladoras, a no ser utilizando recursos econométricos.
A pesar de esto, la tasa de expansión de las
maquiladoras durante los seis años siguientes
al TLCAN fue dos quintos mayor que durante los seis
años anteriores al TLCAN.
Si el programa de maquiladoras
ha sido eliminado, ¿por qué nos hacemos
estas preguntas?
Los analistas regularmente
atribuyen al TLCAN por todos los cambios posteriores
al TLCAN en el intercambio comercial entre México
y los Estados Unidos. (Véase, por ejemplo, el
Council of the Americas de 1999 y Rothstein y Scott
1999.) Cierta evidencia econométrica sugiere
que el TLCAN explica en parte el desarrollo comercial
entre los dos países, aunque factores ajenos
al Tratado pueden haber sido responsables de muchas
de las fluctuaciones en el intercambio comercial entre
México y los Estados Unidos, desde que el acuerdo
entró en vigor (Gould 1998). Otros modelos de
exportación indican que el papel jugado por el
Tratado en la expansión de las exportaciones
mexicanas a los Estados Unidos no es del todo claro
(Garcés-Diaz 2001).
En todo caso, gran parte de la
actividad económica relacionada con el comercio
entre los Estados Unidos y México, como, por
ejemplo, la producción de las maquiladoras, no
aparece como relacionada al TLCAN. ¿Por qué
es esto importante? Si la producción de las maquiladoras
y el intercambio comercial dependieran directamente
del TLCAN, las implicaciones para modelar el impacto
del Tratado serían muy diferentes si éste
no influyera en gran parte del intercambio comercial
entre los Estados Unidos y México. Por ejemplo,
si se determinara que la actividad de las maquiladoras
fue afectada por el TLCAN, tal vez los estimados del
impacto del Tratado en el intercambio comercial entre
México y los Estados Unidos deberían excluir
los datos relacionados con las maquiladoras.
El asunto se ve mucho más
claro si lo consideramos en el contexto más amplio
del intercambio comercial entre México y los
Estados Unidos. Los embarques mexicanos de petróleo
crudo a los Estados Unidos representan una parte importante
del comercio entre los Estados Unidos y México,
aunque estén claramente desconectados del TLCAN.
Podría ser posible identificar otros productos
de este tipo. Si se descubriera que el impacto del TLCAN
en el comercio entre México y los Estados Unidos
es más bien limitado, las investigaciones acerca
del Tratado deberían también verse sujetas
a mayores limitaciones que las actuales.
Supongamos, sin embargo, que el
TLCAN sí afectó las actividades de las
maquiladoras. Otro aspecto interesante del examen de
la relación entre las maquiladoras y el TLCAN
tendría que ver no sólo con la determinación
de si, efectivamente, el Tratado afectó a las
maquiladoras, sino también en qué medida
y cómo. Por ejemplo, ¿pudo haber afectado
el TLCAN sólo directamente la actividad de las
maquiladoras? O, ¿fueron sólo indirectos
sus efectos?
Finalmente,
aunque las maquiladoras hayan sido eliminadas como fenómeno
separado del TLCAN, las implicaciones de tales plantas
en la liberalización del comercio y frente al
Tratado, podrían merecer un modelo y tratamiento
normativo diferentes, si es que el Tratado causó
algún tipo de comportamiento diferente al de
las viejas normas del sistema de las maquiladoras. Podemos
medir estas relaciones mientras sea estadísticamente
posible, a fin de considerar las maquiladoras como entidades
separadas. El Diagrama 2, que muestra la relación
entre las exportaciones de las maquiladoras y las totales
de México, demuestra la importancia que pueden
tener estas implicaciones. Nótese que las exportaciones
de las maquiladoras contaron por más de la tercera
parte de todas las exportaciones mexicanas, durante
todos los años de la última década.
Modelando el comportamiento
de las maquiladoras, con o sin el TLCAN
Para probar el impacto del
TLCAN en las fluctuaciones de las maquiladoras, yo aplico
la variable de un modelo diseñado para explicar
la creación de empleos por parte de las maquiladoras
(Gruben 1990). Este modelo matemático incluye
ajustes relacionados con problemas estadísticos
inherentes al examen de tales relaciones (Hernández
y Navarrete Vargas 1988; Gruben 1990) y luego agrega
una variable binaria para todos los períodos
desde1994 en adelante.
El valor de este modelo es que
es muy parsimonioso, aunque, sin embargo acomoda las
expectativas tanto de la demanda como de la oferta,
en el cálculo de las fluctuaciones en la nómina
de empleados de las maquiladoras. Para tomar en cuenta
el lado de la demanda, utilizo la producción
industrial estadounidense, tal y como lo hacen Hernández
y Navarrete Vargas (1988). Las razones para esto es
que las maquiladoras son esencialmente un segmento del
sector industrial de los Estados Unidos. Al incrementarse
o caer la producción industrial en los Estados
Unidos, los empleos en las maquiladoras proporcionalmente
aumentarán o caerán. (Formulé también
una versión de este modelo, utilizando el producto
interno bruto (PIB) de los Estados Unidos, debido a
que es una medida mucho más amplia tanto de la
demanda como de la oferta. No informo acerca de estos
resultados, debido a que, independientemente de la configuración
de las duraciones y otras variables en el modelo, el
PIB de los Estados Unidos nunca fue de mucha utilidad
para arrojar luz sobre la producción industrial
del país.)
Una segunda categoría de
variables tiene que ver con los salarios relativos,
a pesar de que, tal y como se explica a continuación,
tales variables requieren ajustes estadísticos
antes de adaptarse a la ecuación regresiva. El
índice de empleos en las maquiladoras mexicanas
se contraerá o expandirá inversamente
al índice de los salarios en el sector manufacturero
mexicano, frente a sus comparables en los países
que compiten con México en la oferta de productos
a los Estados Unidos, incluyendo los mismos Estados
Unidos. En el modelo típico de maquiladora (Hernández
y Navarrete Vargas 1988; Gruben 1990; Truett y Truett
1993), los competidores de las maquiladoras son plantas
en los Estados Unidos y en países asiáticos
recientemente industrializados. Ceteris paribus,
mientras los salarios mexicanos caen con relación
a los estadounidenses o asiáticos, se prevé
un aumento en el índice de empleo de las maquiladoras
mexicanas.
Expreso los salarios en dólares,
a fin de describir los costos relativos desde el punto
de vista del productor o consumidor estadounidense.
Este detalle es importante. ¿Por qué denominar
salarios extranjeros en dólares, cuando los trabajadores
son pagados en sus monedas nacionales? La razón
es que las maquiladoras son operadas principalmente
por empresas estadounidenses o extranjeras, que utilizan
la producción de las maquiladoras como aporte
a sus operaciones en los Estados Unidos. En todo caso,
estas empresas están vendiendo en el mercado
estadounidense. Esperan mantener reducidos los costos
de producción expresados en dólares, independientemente
del lugar de la producción. Así, aunque
los trabajadores en las plantas extranjeras de una empresa
sean pagados en moneda local, el valor en dólares
de estas nóminas es lo que importará realmente
a los productores, al momento de decidir si producirán
en México, los Estados Unidos, o, por ejemplo,
Hong Kong.
Como ilustración, supongamos
que los trabajadores de un país cualquiera recibían
200 pesos diarios hasta ayer y que súbitamente
tengan que recibir, a partir de hoy, 300 pesos diarios.
No obstante, supongamos también que este aumento
ha llegado acompañado por una devaluación
monetaria, en virtud de la cual 10 pesos compraban ayer
un dólar, mientras que hoy, para comprarlo, se
requieren 20 pesos. Esto se traduce en una reducción
en el costo en dólares de la nómina de
los empleados, de los $20 diarios de ayer a los $15
diarios de hoy. Naturalmente, las empresas estadounidenses,
que venden sus productos en los Estados Unidos, súbitamente
descubrirán que su operación en un país
donde se paga en pesos es mucho más atractiva,
aunque los trabajadores reciban hoy 300 pesos diarios,
en vez de 200.
Algunos se preguntarán
por qué yo (y los demás economistas que
modelamos econométricamente el comportamiento
de las maquiladoras) utilizamos salarios relativos expresados
en dólares, en vez de alguna medida de producción
por unidad salarial, expresada en dólares. Para
el propietario de una maquiladora, la producción
por unidad salarial que una empresa no maquiladora pudiera
generar podría no ser relevante. Esto se debe
a que las maquiladoras aportan habilidades administrativas
y economías de escala que pudieran dar lugar
a una mayor productividad de los obreros frente a las
plantas manufactureras promedio en México, que
emplean obreros con iguales destrezas, pero sin tener
que pagar salarios diferenciales para compensar una
mayor productividad.[7] A pesar de cierta escasez de
trabajadores calificados, México aún cuenta
con una abundante fuerza laboral poco diestra, pero
cuya productividad podría aumentar mediante la
adopción de prácticas administrativas
eficientes y un mejor diseño de las plantas industriales.
Los costos de la unidad laboral no son muy evidentes
en los modelos de las maquiladoras, mientras que para
los salarios relativos sencillos sí se ofrece
mucho más información.
¿Está el desarrollo
de las maquiladoras después de la entrada en
vigencia del TLCAN vinculado a variables ajenas al tratado?
Un
examen de las tres variables explicativas tratadas hasta
ahora ofrece una idea de por qué el nivel de
empleos de las maquiladoras aumentó después
de la entrada en vigencia del TLCAN. El Diagrama 3 muestra
la producción industrial de los Estados Unidos
entre 1975 y 1999.
Nótese la aceleración
en 1992 y en 1995. Durante los seis años del
TLCAN, la producción industrial en los Estados
Unidos creció un 32 por ciento, frente a un 11
por ciento registrado en los seis años anteriores
al Tratado.
El
Diagrama 4 muestra la relación entre los salarios
por hora en México y los de los Estados Unidos,
en el sector manufacturero, con inclusión, en
ambos casos, de las prestaciones, expresados en dólares.
Nótese la súbita reducción de esta
relación, en 1995, un año después
del inicio del TLCAN. A pesar de que este índice
asciende algo en los años siguientes, nunca supera
el nivel alcanzado entre 1991 y 1994. Según la
información disponible, estos menores índices
de remuneración pudieran estar asociados a un
nivel de empleos más alto en las maquiladoras.[8]
Similarmente,
la relación de los salarios industriales por
hora en México con los salarios industriales
por hora en una muestra de países asiáticos
(Hong Kong, Corea, Singapur, y Taiwán) también
caen súbitamente en 1995 (Diagrama 5).
Como en la relación México-U.S., la relación
México-Asia aumenta ligeramente después
de 1995. Pero a diferencia de la relación México–U.S.,
la relación México–Asia nunca se
eleva hasta algún valor alcanzado antes de 1995.
Como con las relaciones México–U.S., las
relaciones México-Asia pueden estar asociadas
con el número más alto de empleados de
las maquiladoras.
Los modelos econométricos
más recientemente publicados de comportamiento
de las maquiladoras utilizan series de datos que finalizan
en 1988. Contamos con once años de datos disponibles
desde que el último modelo fue estimado, así
que es probable que las relaciones entre las variables
independientes y dependientes puedan haber cambiado.[9]
Finalmente, para evaluar el impacto
del TLCAN sobre las fluctuaciones en la nómina
de empleados de las maquiladoras, uso una variable binaria
con un valor de 0 correspondiente a los años
anteriores al TLCAN, y con un valor de 1 en los años
sucesivos a su entrada en vigencia. Esta variable es
la más importante en este modelo. Un valor estimado
positivo y significativo del coeficiente del TLCAN podría
significar que San Martín (2000), Balla (1998),
Carrada-Bravo (1998), el Economic Policy Institute,
el U.S. Business and Industry Council and Educational
Foundation (1997), y Perot y Choate (1993) tienen razón
cuando señalan que el TLCAN es el factor determinante
del crecimiento de las maquiladoras. Un valor estimado
negativo y significativo del coeficiente del TLCAN podría
significar que el mismo desalienta el crecimiento de
las maquiladoras. Este resultado podría sugerir
que los aspectos desalentadores sobre las maquiladoras
del Tratado podrían superar los aspectos favorables
del mismo. En caso de que el coeficiente estimado del
TLCAN sea insignificante, no podemos rechazar la hipótesis
nula de que el valor del coeficiente es cero, y en tal
caso tendríamos que concluir que el TLCAN tal
vez no ha tenido impacto sobre las maquiladoras.
Los datos estadísticos
preliminares sugieren que las viejas relaciones aún
se mantienen
Las columnas de la A a la
C en la Tabla 1 presentan el resultado de tres ecuaciones
de regresión sencilla, en las que cada una incorpora
por lo menos una variable relacionada con índices
salariales mexicanos, además de la variable del
índice de producción industrial, y la
variable binaria del TLCAN. Utilizo datos anuales desde
1975 al 1999. Con excepción de la variable binaria
del TLCAN, los datos son transformados en las primeras
diferencias de sus formas logarítmicas, así
es que este factor será estacionario.[10] La
columna A reporta una ecuación regresiva que
incluye la variable de la producción industrial
estadounidense (Producción Industrial)
y (siguiendo a Gruben 1990) un patrón de la variable
de salarios en los Estados Unidos y México (Salarios
Méx./U.S.), junto con la variable binaria
del TLCAN. Tal y como se esperaba, el coeficiente de
producción industrial es positivo y significativo.
El coeficiente de salarios entre México y los
Estados Unidos es negativo y significativo. Se hace
notar que la variable binaria del TLCAN es insignificante
y negativa, y que discutiré las implicaciones
de este hecho, más adelante.
| Tabla 1 |
| Ecuaciones de empleo en las maquiladoras
|
| |
A |
B |
C |
D |
E |
| CONSTANTE |
.08781**
(.015193)
|
.077245***
(.015758) |
.088691***
(.018936) |
.080133***
(.011714) |
.080674***
(.011988) |
Salarios
Méx./USA (-1) |
-.132065
(.060174) |
__ |
-.141554
(.131125) |
__ |
__ |
Salarios
Méx./Asia (-1) |
__ |
-.108876*
(.059248) |
.010268
(.125143) |
__ |
__ |
Principales
Componentes (-1) |
__ |
__ |
__ |
-.014589*
(.007566) |
-.019336*
(.010012) |
Principales
Componentes (-2) |
__ |
__ |
__ |
-.013934*
(.00735) |
-.016974
(.012390) |
Producción
industrial |
1.049863**
(.395894) |
1.131543**
(.401794) |
1.051087**
(.406940) |
1.278143***
(.389837) |
1.200418**
(.484877) |
Variable binaria
del TLCAN |
-.019877
(.025985) |
-.010857
(.027943) |
-.020874
(.029329) |
-.025703
(.022549) |
-.025216
(.025341) |
| R2 |
.534362 |
.504401
|
.534536 |
.737014 |
.747451 |
| R2 ajustado
|
.460840 |
.426148 |
.431100 |
.675134 |
.684314 |
Error normal de
regresión |
.051558 |
.053191 |
.052961 |
.040064 |
.040354 |
| Suma del cuadrado de
los residuales |
.050507 |
.053757 |
.050488 |
.027287 |
.026056 |
| Registro probable |
37.75743 |
37.04029 |
37.76173 |
42.39968 |
__ |
| Media dependiente variable |
.118631 |
.118631 |
.118631 |
.121682 |
.120555 |
| Desviación estandar
de la variable dependiente |
.070217 |
.070217 |
.070217 |
.070291 |
.071823 |
| Criterio Akaike |
-2.9354259 |
-2.873069 |
-2.848846 |
-3.39971 |
__ |
| Criterio Schwartz |
-2.737951 |
-2.675591 |
-2.602000 |
-3.152007 |
__ |
Estadistica Durbin-Watson
|
1.548164 |
1.434754 |
1.544536 |
2.027825 |
1.859293 |
|
***
**
*
|
Notable
al nivel de 0.1 Notable al nivel
de 0.5 Notable al nivel de .10 |
|
| NOTA : Las desviaciones estandares
están en paréntesis |
La columna B de la tabla ofrece
una ecuación con las mismas variables, sólo
que el coeficiente o relación salarial entre
México y el Asia sustituye al coeficiente salarial
entre México y los Estados Unidos. Los resultados
son, sin embargo, esencialmente, los mismos. La producción
industrial toma un signo positivo y significativo. La
relación México–Asia toma un signo
negativo y débilmente significativo. El coeficiente
correspondiente a la variable binaria del TLCAN es,
también en este caso, negativo e insignificante.[11]
Aunque el enfoque común
en la formulación de modelos econométricos
de maquiladoras ha sido tomar en cuenta tanto los salarios
mexicanos en comparación con los estadounidenses,
como los mexicanos frente a los de otros países
en vías de desarrollo, surge casi siempre un
problema de estimación. Si coloco ambas variables
salariales en la misma ecuación, regularmente
ninguna pasará por una prueba estadística
significativa, aunque las efectuemos separadamente.
Ocurren también cambios en los signos. Estos
problemas pueden ser vistos en la Columna C de la Tabla,
donde tanto la relación de salarios entre México
y los Estados Unidos como la salarial entre México
y los países asiáticos aparecen en una
ecuación junto con la producción industrial
estadounidense y la variable binaria del TLCAN. Las
estadísticas t correspondientes a las
variables de los índices salariales caen por
debajo de lo significativo. Por otra parte, el coeficiente
de salarios entre México y los países
asiáticos cobra un aspecto positivo, aunque es
negativo cuando el de México y los Estados Unidos
no figura en la ecuación. Estos resultados debilitados
sugieren la recurrencia de "multicolinearidad entre
dos variables que expresan costos relativos,”
las cuales figuran en un ejercicio similar de modelaje
de maquiladoras preparado por Hernández y Navarrete
Vargas (1988).[12] Los movimientos de dos variables
salariales guardan una estrecha relación; esta
correlación reduce sustancialmente la capacidad
del análisis de regresión de atribuir
separadamente variaciones en el nivel de empleo de las
maquiladoras a una variable salario.[13]
No tenemos un método directo
de corregir problemas de multicolinearidad, que no sea
el creciente número de observaciones. Existe
un procedimiento mediante el cual se puede ponderar
variables salariales a fin de evitar la multicolinearidad.
Mediante el análisis de
los componentes principales, la variación de
las variables puede ser comprimida en una o más
variables de índices conocidos entre los componentes
principales. El componente principal es una combinación
linear de algunas series de variables, como la compuesta
por los dos índices salariales de este modelo.
Un proceso matemático es utilizado para maximizar
la variación de cada una de las variables salariales
que puedan ser captadas en un solo índice. Esto
elimina los efectos contaminantes de la correlación
de una variable salarial con la otra, y la multicolinearidad
deja de ser un problema.
Mediante este procedimiento de
maximización, un coeficiente es asociado a cada
variable original. En este estudio, las variables salariales
son las variables originales. Los valores del coeficiente
estimado de las variables de este índice indican
la importancia relativa de cada variable original en
el nuevo componente derivado.
Nótese que los estimadores
de los componentes principales están prejuiciados.
Este también es el caso, desafortunadamente,
de los estimadores derivados de los demás procedimientos,
a fin de evitar problemas de multicolinearidad—incluyendo
los estimadores en “ridge” regresión.
No obstante, la intención de este modelo es la
de identificar el impacto del TLCAN en el crecimiento
del sector de las maquiladoras. Debido a que la variable
binaria del TLCAN no ha sido convertida en componente
principal, el prejuicio del estimador en la parte del
componente principal del modelo tendrá poco efecto
en este ejercicio. La relación entre las fluctuaciones
en la producción industrial de los Estados Unidos—tampoco
captada mediante los componentes principales—y
las fluctuaciones en la nómina de empleados de
las maquiladoras también son desprejuiciadas.
Después de todo, ¿afecta
el TLCAN a las maquiladoras? Resultados más completos
Habiendo aplicado la estimación
de los componentes principales a la formulación
de un índice variable libre de problemas relacionados
con la multicolinearidad, aunque capaz de reproducir
tanto las relaciones salariales entre México
y el Asia como las de entre México y los Estados
Unidos, la utilizo para probar el impacto del TLCAN
en las fluctuaciones en la nómina de empleados
de las maquiladoras.
El resultado que presento (Columna
D de la tabla) es la culminación de un buen número
de estimados anteriores, en los que utilicé el
conjunto optimo de rezagos. Al estimar este modelo,
construí modelos alternativos capaces de ofrecer
todas las posibles combinaciones de rezagos, partiendo
del cero (o sea, contemporáneos) hasta tres rezagos
del componente de la relación salarial y del
índice de producción industrial (el cual,
de nuevo, fue transformado a primeras diferencias logarítmicas).
Las “posibles combinaciones” incluyen combinaciones
asimétricas.[14] Incluí hasta tres rezagos
anuales de producción industrial estadounidense
y del componente principal de la relación salarial
con México.
De todas las ecuaciones estimadas
por mí, esta tiene el valor mínimo, según
el criterio Schwartz (modelo con una o dos rezagos del
componente principal salarial mexicano, una variable
de la producción industrial actual de los Estados
Unidos, y una variación de la variable binaria
del TLCAN).[15] Al igual que los modelos preliminares
en las Columnas de la A a la C, los resultados de la
Columna D no respaldan las afirmaciones de San Martin
(2000), Balla (1998), Carrada-Bravo (1998), The Economic
Policy Institute y el U.S. Business and Industry Council
Educational Foundation (1997), Perot y Choate (1993),
o las de Perot en sus apariciones por televisión,
en oposición al TLCAN y a las maquiladoras. (véase
la nota 2.) Lo mismo es verdad en el caso de todos los
modelos formulados por mí no reportados aquí.
El criterio Schwartz ofrece información
acerca de la duración óptima de los rezagos.
El criterio castiga la sobreparametrización—o
sobrecarga del modelo con rezagos de variables explicativas—más
severamente que otros criterios de duración demorada.
El exitoso modelo del criterio
Schwartz ofrece un cuadro interesante de la dinámica
operativa y administrativa de las maquiladoras. Primero,
con excepción de la variable binaria del TLCAN,
el modelo Schwartz no incluye coeficientes con niveles
significativos inferiores a .0735. Los coeficientes
tienen un valor por lo menos débil significativo
lo cual es un resultado notablemente mejor que el de
las anteriores ecuaciones, e incluyen un comentario
acerca de la capacidad de los principales componentes
para captar variaciones grupales o globales. Lo más
interesante es que el criterio Schwartz cuenta con un
primer y segundo rezago del principal componente del
coeficiente salarial mexicano, así como un coeficiente
contemporáneo de la producción industrial
estadounidense.
Que este rezago configurado según
el criterio Schwartz sea el más exitoso sugiere
que la gestión de las maquiladoras tiene que
ver menos con los riesgos procedentes de la demanda
que con los derivantes del lado de la oferta. En cuanto
a la demanda, nótese que las maquiladoras responden
dentro del mismo año a los cambios en la producción
industrial en los Estados Unidos. En igualdad de condiciones,
las maquiladoras agregan empleados en el mismo año
en que aumenta la producción industrial aquí,
en los Estados Unidos, y los despide en el mismo año
en que decae la producción industrial en este
país. Nótese, asimismo que, según
estos resultados, un 1 por ciento de aumento o reducción
corresponde a un 1.278 por ciento de aumento o reducción
en el índice de empleo en las maquiladoras.
La misma estructura de rezagos—lo
que tiene el vale mejor del criterio de Schwartz con
uno y dos rezagos del variable de sueldos relativos—sugiere
que los gerentes duran dos años de responder
totalmente a choques de sueldos relativos (supply-side
shocks). La configuración de rezagadas sugiere
que la gestión de la maquiladora dedica tiempo
para decidir si dichas choques salariales son transitorias
o si serán permanentes, aunque las respuestas
del lado de la demanda (o sea, de la producción
industrial) sean relativamente rápidas.
Las maquiladoras podrían
necesitar tiempo para adaptarse a los cambios salariales
debido a su perspectiva de costos en dólares
(en vez de en pesos). Cuando expresamos los salarios
en dólares, las sorpresas mayores y más
inmediatas en cuanto a su relatividad, tendrán
que ver con las devaluaciones monetarias. La estructura
del modelo ganador de Schwartz está preparado
para considerar si las maquiladoras esperarán
que los salarios mexicanos se ajusten a sus viejos niveles
en dólares inmediatamente después de una
devaluación, o si, por el contrario, el proceso
de ajuste será lento. Tal y como lo muestran
los diagramas 4 y 5, el ajuste fue muy lento luego de
las devaluaciones mexicanas del 1982 y el 1994. Estas
devaluaciones no sólo hicieron que el valor en
dólar de los salarios mexicanos cayera estrepitosa
y rápidamente (en comparación con los
salarios estadounidenses o asiáticos), sino que
permaneciera deprimido durante varios años.
No obstante, esta inercia de los
salarios en dólares podría no ser siempre
una realidad. En primer lugar, no tiene por qué
persistir después de cada devaluación.
McLeod y Welch (1991) muestran que en muchos países
esta inercia no es normal y que los salarios relativos
se ajustan y vuelven a sus viejas relaciones mucho más
rápidamente que en México.
En segundo lugar, las mismas presiones
de los inversionistas, que activan las devaluaciones
mexicanas, pueden simultáneamente activar presiones
en el intercambio de divisas, en otras partes. Cuando
una devaluación mexicana reduce el costo de los
salarios expresados en dólares, los dueños
de las maquiladoras podrían esperar a ver si
sus devaluaciones serán simuladas en otros países
donde también tienen plantas, lo cual erosionaría
la ventaja salarial mexicana. La última crisis
salarial en México, provocada por problemas de
intercambio de divisas, produjo grandes fugas de capitales
en otras partes de América Latina, en las Filipinas,
y en Polonia. La devaluación rusa del tercer
trimestre del 1998, creó presiones financieras
en Brasil y Argentina, así como en México.
La crisis en Rusia despertó temores acerca del
Brasil, tan grandes como para causar grandes pérdidas
en las reservas (Treuherz 2000). Frente a estas pérdidas,
acontecimientos políticos en el Brasil incitaron
otras fugas de capital, hasta que este país devaluó
el real, en enero del año 1999. La estructura
rezagada, en cuanto a las relaciones salariales, es
consistente con el tiempo que las empresas podrían
esperar para determinar cómo el mercado de divisas
se ajusta a los cambios.
En cuanto a la variable binaria
del TLCAN, las conjeturas de los autores, que sostienen
que el Tratado fue determinante en el crecimiento de
las maquiladoras, quedan sin confirmar. El valor del
coeficiente de esta variable se demuestra insignificante
en cada uno de los resultados de las ecuaciones que
formulé, en preparación de la creación
del modelo que presento aquí. En el caso de los
autores mencionados, estos coeficientes significativos
ofrecen poco valor, de por sí. No obstante, el
valor de la variable binaria del TLCAN también
presenta un signo negativo. Esto, y el hecho de que
todas las formas del modelo producen un coeficiente
de la variable binaria negativo, significa que un valor
muy diferente al cero podría anular las suposiciones
del autor, aún más contundentemente que
cualquier insignificancia. Debemos insistir en que este
valor negativo aparece en todos los estimados que he
llevado a cabo, que van desde tres rezagos de una variable
y ninguna rezago de la otra, hasta ninguna rezago de
una variable y tres rezagos de la otra.
Método de las variables
instrumentales
Un último refinamiento
tiene que ver con el posible problema de la simultaneidad,
el cual surge debido a que los empleos y salarios se
determinan juntos, simultáneamente.
En consecuencia, un paso
final al estimar este modelo es sustituir una variable
instrumental de los componentes principales rezagados
originalmente incluidos para adaptarse a los problemas
de multicolinearidad de las relaciones salariales.[16]
La prueba Hausmann muestra que el modelo de variables
instrumentales, sin corregir en cuanto a su heteroesquedasticidad,
no es significativamente diferente, desde un punto de
vista estadístico, del modelo ordinario de mínimos
cuadrados. Así, desde la perspectiva estadística,
no hay necesidad de formular una ecuación para
las variables instrumentales. Sin embargo, la columna
E de la Tabla 1 presenta los resultados del estimado
de variables instrumentales, que hacen sospechar, teóricamente,
la existencia de errores de simultaneidad, a pesar de
que las pruebas no los comprueben. Como puede verse,
el primer rezago de componente principal instrumentado
(variable de relación salarial) es negativo y
significante, mientras que el segundo rezago es negativo
e insignificante. Al igual que antes, la variable correspondiente
a la producción industrial es positiva y significativa,
mientras que la variable binaria del TLCAN es negativa
e insignificante. Estos resultados son tan similares
a los producidos por el método de mínimos
cuadrados de la Columna D, que agregan muy poco a esta
información, fuera de ofrecer la seguridad de
que son bastante confiables.
Resumen y conclusiones
En respuesta a argumentos
ampliamente difundidos de que el rápido crecimiento
de las maquiladoras mexicanas después de la entrada
en vigencia del TLCAN se debió a este Tratado,
he llevado a cabo pruebas econométricas extensas
relacionadas con sus efectos en el número de
trabajadores en las maquiladoras. Los resultados de
estas pruebas son contundentemente negativos. El TLCAN
no contribuyó al crecimiento de las maquiladoras.
Los efectos del TLCAN fueron negativos, no positivos,
aunque estadísticamente insignificantes. Así,
no podemos decir que el TLCAN tuvo algún efecto
sobre las maquiladoras.
Por el contrario, el crecimiento
en el número de trabajadores en las maquiladoras,
desde el inicio del TLCAN hasta el año 1999,
puede ser explicado por cambios en los factores de la
demanda (expresada por los cambios en el índice
de producción industrial en los Estados Unidos)
y en factores propios de la oferta (expresados en los
cambios en las relaciones salariales entre México
y los Estados Unidos y entre México y cuatro
países asiáticos). El crecimiento del
índice de la producción industrial de
los Estados Unidos, en los seis años siguientes
a la entrada en vigencia del TLCAN, fue aproximadamente
tres veces más rápido que durante los
seis años precedentes. De igual forma, la devaluación
del año1994 en México significó
que durante los seis primeros años del TLCAN,
la relación salarial entre México y los
Estados Unidos, Hong Kong, Corea, Singapur y Taiwán
fue mucho menor que durante los seis años anteriores
al TLCAN.
La ecuación básica
que este artículo presenta es la culminación
de muchos estimados. Presento una ecuación con
una configuración de primer y segundo rezago,
por ser la estructura óptima, según el
criterio de Schwartz. Después de hacer ajustes
en aras de cierta flexibilidad, en la versión
de los mínimos cuadrados esta ecuación
capta un 67.5 por ciento de todas las variaciones en
la nómina de las maquiladoras; alrededor de un
73.7 por ciento de variación es captado antes
de los ajustes para una mayor flexibilidad. Después
de los ajustes, la versión de las variables instrumentales
capta un 68.4 por ciento del total de las variaciones.
La longitud del rezago tiene implicaciones
interesantes relacionadas con la forma en que los propietarios
de las maquiladoras hacen frente a los riesgos. Estas
empresas responden bastante rápidamente a los
cambios en la demanda (expresados en el índice
de producción industrial en los Estados Unidos),
mientras que la respuesta a los cambios salariales relativos
no ocurre durante el mismo año que los cambios
salariales relativos (expresados por los cambios en
las relaciones salariales entre México y los
Estados Unidos y los países asiáticos).
Más bien, estas respuestas ocurren principalmente
uno o dos años después de los cambios,
como si los operadores de las maquiladoras hubieran
esperado hasta decidir si los cambios salariales van
a ser permanentes. Nos indica que, en el 2001, siguiente
al período que yo modelo, el nivel de empleos
en las maquiladoras decayó significativamente
en relación directa a la producción industrial
en los Estados Unidos, lo cual valida mi modelo.
A pesar de que cierta evidencia
podría sugerir que el TLCAN ha afectado el comercio
entre los Estados Unidos y México (Gould 1998),
sus efectos no se manifestaron en el sistema de las
maquiladoras mexicanas. El comercio es un proceso complicado,
y así son los cambios en la política comercial,
como es el caso del TLCAN.
—William C. Gruben
 |
| Notas
Quiero agradecer a
Eric Mills su cuidadoso trabajo econométrico
y sus valiosos consejos; a Ana Prats por
la organización de la Tabla 1 y las
cifras en ella contenida; y a Mónica
Reeves por revisar con tanto cuidado este
artículo.
- Se hace notar que el viaje de regreso
no cae bajo la jurisdicción del
programa de maquiladoras. Estas disposiciones
tarifarias de importación a los
Estados Unidos se rigen por las leyes
estadounidenses, no por las mexicanas.
- Uno de los recursos utilizados por el
candidato presidencial Ross Perot en su
campaña televisiva consistía
en un anuncio mediante el cual se invitaba
a empresas maquiladoras a establecerse
en el estado sureño mexicano de
Yucatán. Ése, decía
Perot, sería el resultado del TLCAN.
- Balla y Carrada-Bravo están a
favor del TLCAN. Perot y Choate, y el
Economic Policy Institute y el U.S. Business
and Industry Council están en contra
del TLCAN.
- El Programa Frontera de Industrialización,
bajo el cual se inició el programa
de las maquiladoras, fue introducido por
el Secretario de Industria y Comercio
de México después de un
viaje al Extremo Oriente. El mismo sirvió
de respuesta a las operaciones de ensamblaje
en Asia, con empleo de mucha mano de obra,
en las que los trabajadores asiáticos
empleados en plantas de propiedad estadounidense
operaban bajo el mismo régimen
arancelario luego aplicado a las maquiladoras
(Fernandez-Kelly 1987, 151).
- Véase a Boyer (1997) para una
descripción detallada de las leyes
de protección ambiental en México
y su impacto sobre las maquiladoras.
- Tres categorías generales de
aranceles aduaneros han sido aplicadas
a los productos de maquiladoras importados
a los Estados Unidos. La primera, el Harmonization
Tariff Schedule 9802.00.60, permite la
importación de productos metálicos
procesados, aunque no terminados, en el
extranjero. Los aranceles se calculan
sobre el valor agregado por el proceso
en México, en vez de por el valor
total del producto. Los productos deberán
haber sido procesados en los Estados Unidos,
antes de ser despachados al exterior,
y terminados en los Estados Unidos a su
regreso. La segunda categoría,
la HTS 9802.00.80, concede la exención
arancelaria a los componentes de artículos
ensamblados en México con componentes
fabricados en los Estados Unidos. Estos
productos no necesitan tener componentes
del metal. La tercera categoría,
ahora discutible, fue la más generosa.
Si los productos ensamblados o manufacturados
en México tenían por lo
menos un 35 por ciento de componentes
mexicanos, a su entrada a los Estados
Unidos, calificaban para una exención
total de impuestos aduaneros, bajo el
sistema general de preferencias de los
Estados Unidos (U.S. Generalized System
of Preferences–GSP). México
fue eliminado de la lista de países
elegibles para beneficiarse del sistema
(GSP), al ingresar al TLCAN, aunque este
último permite a los productos
con las mismas condiciones la misma entrada
libre de aranceles que bajo el GSP.
Como resultado del TLCAN, se creó
un nuevo Harmonization Tariff Schedule
(programa de armonización arancelaria).
El HTS 9802.00.90 permite la importación
libre de impuestos aduaneros de tejidos
y ropa terminada en México con
tejidos fabricados y cortados en los Estados
Unidos. Los tejidos y la ropa terminada
tradicionalmente ingresaron a los Estados
Unidos bajo restricciones comerciales
especiales, así es que la liberalización
de su comercio debió ser específica.
En el caso de la ropa importada bajo el
9802.00.80, sólo el valor de los
tejidos cortados en los Estados Unidos,
y de accesorios como botones y cremalleras
fabricados en este país, podían
ingresar exentos de impuestos de aduana.
Bajo el 9802.00.90, el valor agregado
en México, incluyendo el costo
de la mano de obra y gastos operativos,
también estaba exento de impuestos.
Para una discusión ulterior, ver
la U.S. International Trade Commission
(1999).
- En cuanto a las economías de
escala, es digno de notar que el nivel
de empleo, así como la productividad
de la planta promedio en México,
son menores que los de la maquiladora
promedio o la planta estadounidense promedio.
Durante la devaluación del peso
mexicano, en 1994, los salarios reales
en el sector manufacturero se ajustaron
hacia abajo, y permanecieron por debajo
de los salarios reales de antes de la
devaluación, durante años.
Expresados en dólares, los salarios
generales del sector manufacturero en
México permanecieron por debajo
de los niveles del 1994 hasta el 1999,
el año más reciente para
el que tenemos datos.
- Al aplicar las pruebas mejoradas Dickey-Fuller
y Phillips-Perrone a las variables tratadas
(incluyendo la variable dependiente, el
empleo en las maquiladoras), nadie pudo
rechazar la hipótesis nula de una
raíz común en las unidades.
Consiguientemente, tomé las primeras
diferencias en los logaritmos de estas
variables, que admiten el rechazo de esta
hipótesis en cada caso.
- Los tres modelos citados aquí—Hernández
y Navarrete Vargas (1988), Gruben (1990),
y Truett y Truett (1993)—utilizan
una variable de salarios entre México
y los Estados Unidos, una variable de
salarios entre México y otro país
en proceso de industrialización,
y una variable de producción estadounidense.
- Véase la nota 8 para una explicación
del por qué utilicé las
primeras diferencias. Los datos salariales
de todos los países—México,
Hong Kong, Corea, Singapur, Taiwán,
y los Estados Unidos—provienen del
International Comparisons of Hourly Compensation
Costs for Production Workers in Manufacturing
Series, que podrá encontrar en
el sitio en la Internet del U.S. Bureau
of Labor Statistics, ftp://ftp.bls.gov/pub/special.requests/ForeignLabor/supptab.txt.
Estos datos empiezan en 1975. De nuevo,
se hace notar que el valor de estos datos
reside en que dan cuenta de los beneficios
marginales además de los salarios.
Los datos correspondientes al empleo en
el sector de las maquiladoras proceden
del INEGI (Instituto Nacional de Estadística,
Geografía e Informática),
organismo oficial mexicano. sitio en la
Internet: www.inegi.gob.mx. Los datos
de la producción industrial en
los Estados Unidos proceden de la Concejo
de la Reserva Federal (Federal Reserve
Board).
- A pesar de que no los reporto aquí,
los resultados son esencialmente los mismos
con o sin la variable binaria del TLCAN.
Dicha variable no afecta la ecuación
en esta configuración.
- Hernández y Navarrete Vargas
(1988, 225), mi traducción. Su
modelo es trimestral, en vez de anual,
y utiliza datos salariales sin corregir
en cuanto a las diferencias internacionales
en los beneficios marginales de los trabajadores,
a diferencia de los datos del U.S. Bureau
of Labor Statistics, usados en mi modelo.
Truett y Truett (1993) evitan resultados
consistentes con la multicolinearidad,
utilizando una variable dependiente diferente
de la de otros autores. No obstante, la
variable dependiente por ellos empleada
ha sido criticada en otros aspectos.
- Aun cuando los datos sean transformados
a primeras diferencias de logaritmos,
que representan índices de crecimiento
de las variables salariales en Estados
Unidos y México y entre México
y el Asia, el coeficiente de correlación
entre los dos será de .8852. Esta
es una clara evidencia de una seria multicolinearidad.
En contraste, el coeficiente de correlación
entre la versión transformada del
índice salarial entre México
y el Asia, y la similitud transformada
(primeras diferencias logarítmicas)
del índice de producción
industrial de los Estados Unidos, es de
sólo .0935. El coeficiente de correlación
entre la versión transformada del
índice salarial entre México
y los Estados Unidos y el índice
transformado de producción industrial
en los Estados Unidos es de .1232. Estos
dos últimos bajos grados de correlación
sugieren que la multicolinearidad en las
ecuaciones reside estrictamente en las
variables de índices salariales.
- Un ejemplo de asimetría podría
ser el de una variable de valor exclusivamente
actual de la producción industrial
de los Estados Unidos, con tres rezagos
de la variable de los componentes principales,
o viceversa. Formulé, además,
modelos asimétricos actuales, con
tres rezagos de la variable de producción
industrial, junto con (en la misma ecuación)
la misma estructura de rezago de la variable
de los componentes principales, y así
sucesivamente. Así, seguí
el paradigma de la London School of Economics
de considerar todas las posibles combinaciones
(en este caso, hasta tres rezagos anuales).
- El criterio Schwartz es una de las pruebas
más comunes de determinación
de rezagos óptimos. Al probar las
estructuras alternativas de rezagos para
un modelo, el que está con el valor
más bajo gana.
- El objetivo de crear instrumentos que
representen las variables originales es
hallar variables que puedan ser relacionadas
con las variables de la mano derecha sujetas
a errores de simultaneidad, aunque no
con las variables dependientes. En este
caso, se consideró una combinación
linear de la tasa de intercambio entre
el peso y el dólar, con componentes
principales rezagados, como candidata
razonable para la formulación de
un instrumento del componente original.
Al aplicarse la prueba Sargan de validez
de los instrumentos, el valor relacionado
F fue de 0.3048, que supone un nivel de
significación de .9024, lo cual
demuestra claramente el valor de la instrumentación.
Referencias
Balla, John A. (1998),
“Data Transfer: What’s New?”
Twin Plant News, November, 55–56.
Boyer, Madeleine (1997),
“Pending Developments in Mexican Hazardous
Waste Law (Paper presented at the 1997 Advanced
Environmental Law Course, State Bar of Texas,
Houston, December 4).
Carrada-Bravo, Francisco
(1998), “Business Education and Joint
Enterprise in the NAFTA Countries,”
Working Paper, Department of World Business,
Thunderbird–The American Graduate
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