Teoría Agregada Cuantitativa
Finn E. Kydland
Conferencia magistral del Premio
Nobel de Economía 2004
Estoy encantado de estar frente
a todos ustedes. También me hace feliz trabajar
con modelos económicos que contienen
mucha gente. Eso es lo más importante del marco
conceptual por el cual el comité Nobel nos citó
a Ed Prescott y a mí: incluímos explícitamente
a la gente en nuestros modelos. Sus problemas de decisión
son totalmente dinámicos: las expectativas de
la gente sobre el futuro afectan sus decisiones presentes.
Ese es uno de los prerrequisitos para alcanzar el objetivo
que nos proponemos: desarrollar una metodología
con la cual sea posible evaluar políticas económicas
alternativas.
El ilustre investigador y Premio
Nobel de Economía 1995, Bob Lucas, de quien he
aprendido tanto, escribió (Lucas 1980): “Una
de las funciones de la economía teórica
es ofrecer sistemas económicos artificiales totalmente
articulados, que puedan servir como laboratorios en
los cuales políticas que sería prohibitivamente
costosas experimentar en economías reales, se
puedan examinar a un costo mucho menor…. (p. 696)
Nuestra tarea, como yo lo visualizo…es escribir
un programa FORTRAN que acepte como ‘entrada’
políticas económicas específicas
y que genere como ‘salida’ estadísticos
que describan las características operativas
de las series de tiempos de interés, que el modelo
predice resultarán de la aplicación de
dichas políticas.” (p. 709–10) En
el diseño de estos ‘experimentos’
a los cuales Lucas se refiere, se utilizaría
información sobre “respuestas individuales
[que] pueden documentarse a un costo relativamente bajo
… por medio de … censos, paneles [y] otras
encuestas….”. (710) Lucas parece sugerir
que los investigadores económicos coloquen a
personas en las construcciones abstractas con los que
intentan representar la realidad y que registren cómo
esos agentes o personas se comportan bajo reglas de
políticas alternativas.
En la práctica, es más
fácil decirlo que hacerlo. El experimento
computacional es la herramienta más importante
que los macroeconomistas utilizan. Al hacer uso de él,
el investigador procede como acabo de describir—coloca
a las personas en el entorno económico que ha
modelado y registra su comportamiento. Pero el propósito
del experimento computacional es más amplio que
el de simplemente evaluar políticas alternativas,
tal como lo sugiere Lucas. El experimento computacional
es útil para responder a una gran cantidad de
preguntas, en particular preguntas cuantitativas, es
decir, aquellas para las cuales buscamos respuestas
numéricas. Cuando se evalúa una política
gubernamental, la política está en forma
de una regla que describe en forma especifica cómo
se comportará el Gobierno—qué acción
tomar bajo varias contingencias—hoy y en el futuro
indefinido. Por eso es que sería muy difícil
y prohibitivamente caro llevar a cabo la alternativa
que Lucas menciona; es decir, probar las políticas
en economías reales.
El experimento computacional
Estos modelos, como ya lo
di a entender, incluyen a millones de personas. Mi pequeña
computadora portátil contiene muchos modelos
de ese tipo. En ellos, la gente se caracteriza por tener
preferencias sobre bienes y tiempo libre, tanto en el
presente como en el futuro indefinido. Sus restricciones
presupuestarias son explícitas. Las personas
y hogares perciben ingresos por su trabajo y por sus
ahorros (capital) y deben mantenerse dentro de sus restricciones
presupuestarias, dados los precios que afrontan en los
distintos mercados—tales como salarios y tasas
de interés. En otras palabras, estos modelos
son explícitos acerca de los problemas de decisión
dinámicos de las personas.
Los modelos también involucran
a miles de negocios, que sugiere una descripción
de las posibilidades de producción de la sociedad—digamos
por ejemplo, en la forma de una función de producción
agregada. Dicha función de producción
describe la tecnología para convertir insumos
de capital y trabajo en producción de bienes
que se pueden utilizar para el consumo o para agregar
a capital productivo futuro—para la inversión.
Un aspecto fundamental de la función
de producción es su descripción del nivel
de tecnología y del cambio de esta tecnología
a través del tiempo. Es un concepto amplio a
este nivel de abstracción. El cambio tecnológico
abarca cualquier cosa que afecte la transformación,
implícita en la función de producción
agregada, de los insumos agregados de capital y trabajo
en bienes y servicios. Esto incluye, por supuesto, los
resultados normales de la actividad innovadora, pero
también podría incluir, de nuevo a este
nivel de abstracción, factores tales como el
impacto del petróleo, nuevas regulaciones ambientales,
cambios en las restricciones legales que afectan la
naturaleza de los contratos entre los trabajadores y
las empresas, la oferta de infraestructura del Gobierno
y el deterioro de la intermediación financiera
asociada con pánicos bancarios—todos elementos
que a uno le gustaría estudiar con más
detalle, dependiendo de la pregunta. Pero para muchas
preguntas, tiene perfecto sentido incluir dichos elementos
implícitamente como parte del nivel de tecnología.
He descripto dos elementos de
los modelos típicamente utilizados en experimentos
computacionales: los millones de habitantes del modelo
y los miles de negocios. Un aspecto esencial, sin embargo,
es la calibración del modelo. En cierto sentido,
los modelos son mecanismos de medición: necesitan
calibrarse o de lo contrario confiaríamos poco
en las respuestas que proporcionan. En este sentido,
son como termómetros. Sabemos lo que un termómetro
debe marcar si lo sumergimos en agua con cubos de hielo
o en una olla de agua hirviendo. Es decir, un requisito
básico es que el modelo que se va a utilizar
para responder una pregunta cuya respuesta no sabemos
debe proporcionar respuestas aproximadamente correctas
a preguntas cuyas respuestas sí conocemos. Generalmente,
hay muchas preguntas de ese tipo. En el contexto de
análisis de los ciclos económicos, sabemos
mucho acerca del largo plazo de la economía o
por ejemplo podemos utilizar encuestas documentando
la dinámica de ingresos de los hogares (como
el Panel Study of Income Dynamics de EE.UU) o encuestas
similares de otros países para recabar la información
para calibrar el modelo. Es decir, la calibración
es parte fundamental del proceso de construir un modelo
cuya respuesta cuantitativa sea lo más confiable
posible.
Un experimento computacional produce
series de tiempo que reflejan en el agregado las decisiones
que tomaron las personas cuyo comportamiento intenta
capturar el modelo económico. A través
de la formulación del modelo y su calibración,
hemos determinado cómo debería ser el
entorno económico en el que opera la gente. Entonces,
los millones de personas y miles de negocios en la economía
toman sus decisiones a través del tiempo y la
computadora registra sus decisiones. Obtenemos series
de tiempos como si fueran producidas por una economía
real. Estas series se pueden describir estadísticamente
y comparar con los estadísticos análogos
obtenidos a partir de los datos del país bajo
estudio. En un estudio del ciclo económico, estos
estadísticos pueden incluir desviaciones estándar
de agregados desestacionalizados, que describen las
amplitudes de los movimientos de esos agregados a lo
largo del ciclo económico, así como coeficientes
de correlación que miden el grado de sincronización
de las variaciones de las distintas series involucradas.
Un ejemplo sencillo
Ahora me gustaría
‘llevarlos’ a través de un modelo
simple —significativamente más simple que
el de Kydland y Prescott (1982), por ejemplo. El mismo
comprende un grupo familiar y un sector empresarial.
Para hacerlo lo más simple posible, prescindiré
del gobierno; en este modelo no habrá ni gobierno,
ni un sector extranjero. Tendré dos metas principales:
discutir lo que significa decir que el modelo comprende
un grupo familiar y un sector empresarial y dar ejemplos
de lo que involucra ‘calibrar’ el modelo
(consultar Cooley y Prescott 1995 para una descripción
detallada sobre la práctica de la calibración
y Kydland 1995 para un ejemplo más elaborado
en el cual se tomaron en consideración todos
los pormenores).
Primero, tenemos una descripción
de las preferencias típicas del grupo familiar
en la forma de una función de utilidad que con
su comportamiento ese grupo busca maximizar:

Los ciclos económicos involucran
incertidumbre acerca del futuro, de manera que lo que
uno intenta hacer es maximizar la utilidad esperada
(lo que se denotada con la E colocada enfrente
de la función de utilidad), que depende del consumo,
que se denota C y del tiempo libre, L,
sobre el futuro indefinido. Pareciera ser poco lógico
sumar la utilidad desde hoy (período cero, digamos)
hasta el infinito. Regresaré a dicho supuesto.
El parámetro
es algún número ligeramente menor que
1 y que se puede calibrar a partir del conocimiento
de la tasa de interés real de largo plazo. Este
parámetro simplemente describe el grado de impaciencia
de las personas. Los parámetros adicionales son
y ;
parámetros que también deberemos calibrar.
El parámetro
es lo que podríamos llamar un parámetro
de aversión al riesgo, algo sobre lo cual están
bastante familiarizados los expertos relacionados con
el ámbito financiero. Regresaré a
en un momento.
En realidad, la formulación
del modelo que se presenta aquí corresponde al
problema que enfrentaría un planificador social
que desea optimizar el bienestar de la sociedad, cuya
solución se puede mostrar corresponde al equilibrio
de mercado que emergería en una economía
habitada por millones de personas actuando individualmente,
dotadas de preferencias tales como la que se representan
con la función de utilidad descripta. Pero existe
también una restricción de recursos,

que expresa que la suma del consumo
e inversión no puede exceder lo que la economía
produce. El lado derecho de la primera igualdad expresa
que la economía genera producción al combinar
el insumo de capital—fábricas, máquinas,
edificios—con el insumo de trabajo. El nivel de
tecnología se representa con la Z. En
otras palabras, éste es el producto total—producto
interno bruto, PIB—tal como lo determina la función
de producción, cuya especificación es
esencial en macroeconomía. Además, el
PIB tiene que igualar el ingreso interno bruto, la suma
de las remuneraciones al capital y al trabajo, que aparece
en la parte derecha de la segunda igualdad.
Además de esta restricción
de recursos, tenemos una restricción de tiempo,
ya que el tiempo disponible se puede destinar al descanso
o al trabajo:
El lado derecho es 1; es decir,
sin pérdida de la generalidad, escogí
unidades de manera que si agregamos todo el tiempo discrecional—tiempo
total neto de sueño, cuidado personal y trabajo—entre
todas las personas, éste es igual a 1.
Luego tenemos dos relaciones claves
que hacen que una economía sea dinámica:
y

La primera, en donde Kt
representa el acervo de capital al inicio del período
t, describe cómo el capital en todo
momento del tiempo depende de decisiones de inversión
pasadas, en donde
es la tasa de depreciación. Por último,
el nivel de tecnología es de suma importancia
ya que es lo que, en este simple modelo, da lugar a
la incertidumbre. Si, como resulta ser realista, el
parámetro
se acerca a 1, la relación dice que las innovaciones
tecnológicas, denotadas por ,
son persistentes en el tiempo. Generalmente se supone
que esta variable aleatoria
tiene distribución de probabilidad normal, cuya
varianza se puede estimar a partir de los datos.
Tal como hemos visto, esta economía
simple ya tiene un número de parámetros
que necesitamos calibrar. Una de las motivaciones de
presentar este modelo sencillo es proporcionar dos ejemplos
típicos de calibración, particularmente
de los parámetros
en las funciones de utilidad y
en la función de producción. Supongamos
que llevamos a cabo un estudio con miles de personas
y calculamos el promedio de cuánto tiempo dedican
a trabajar. La cifra obtenida determina, a través
de una condición estacionaria de primer orden
del problema de maximización, el valor de
que hace que ese promedio sea el mismo en el modelo
que en la economía real. De forma similar, con
respecto al parámetro
en la función de producción, una propiedad
del modelo es que si consultamos las Cuentas de Producto
e Ingreso Nacionales y encontramos que del total del
ingreso interno bruto, en promedio 34 por ciento representa
la remuneración al insumo de capital y 66 por
ciento la remuneración al insumo trabajo, el
parámetro
queda “calibrado” con un alto grado de exactitud
en 0.34.
He utilizado este modelo para
ilustrar el comportamiento de dos sectores clave de
la economía. El sector del grupo familiar contiene
un gran número de personas que se caracterizan
por tener una función de utilidad—una descripción
de las preferencias sobre el consumo y tiempo libre
en el presente y en el futuro. El sector empresarial
describe la tecnología para producir bienes y
servicios combinando insumos de capital y de trabajo.
He hablado sobre los atributos que le confieren a este
modelo su carácter dinámico y sobre una
fuente básica de incertidumbre. Es posible introducir
otras consideraciones en el modelo. Ed Prescott mencionó
en su conferencia el denominado supuesto “tiempo
para construir,” que haría que este modelo
fuera más detallado, tal como en el ensayo de
1982 al cual se refiere el comité Nobel. Ese
modelo también contiene inventarios, así
como dos perturbaciones estocásticas, una persistente,
pero transitoria como la que se describió más
arriba, y otra permanente. Qué incluir depende
de la pregunta que se quiere contestar al diseñar
el modelo. La primera pregunta para la cual Ed Prescott
y yo usamos el enfoque metodológico que acabamos
de presentar se puede sintetizar como sigue: Si innovaciones
tecnológicas estocásticas por naturaleza
fueran la única fuente perturbaciones en la economía,
¿qué proporción de las fluctuaciones
del ciclo económico podrían explicar?
El modelo produjo una respuesta preliminar a esa pregunta:
arriba del 50%, porcentaje que investigaciones posteriores
llevaron a alrededor del 70%. Como lo deseábamos,
el modelo proporcionó una medición, una
respuesta cuantitativa que no sabíamos a partir
de “calibrarlo” a preguntas cuyas respuestas
sí sabíamos.
¿Tiene importancia ser
diferente?
Retornando a la función
de utilidad, en el modelo prototipo anterior he asumido
que las preferencias están dadas por una función
que cubre el futuro en su totalidad—hasta el infinito.
En otras palabras, tenemos un gran poder para construir
esta economía: ¡Podemos decidir que las
personas sean inmortales! Dicha suposición resulta
ser sorpresivamente inocua para muchas preguntas. Por
supuesto, tiene sentido verificar si hace diferencia
y, tal como frecuentemente concluyen los economistas,
depende. Para muchas preguntas de ciclos económicos,
la respuesta es no. Esto es más bien sorprendente,
ya que si pensamos en mortales de carne y hueso y su
comportamiento a lo largo de su ciclo de vida, por lo
general sus ingresos laborales son nulos o bajos en
los primeros años, experimentan un incremento
sustancial en la mitad de la vida y luego bajan nuevamente
a edad más avanzada, cuando ya se han jubilado
y, por lo tanto, retirado del mercado de trabajo. En
otras palabras, el perfil de ingresos por trabajo claramente
muestra una forma de “joroba” o U invertida.
Pero también sabemos que las personas prefieren
una corriente de consumo que es mucho más constante
que su ingreso a través del tiempo. De manera
que habrá un período durante el cual gasten
más que sus ingresos, otro en el que gasten menos
que sus ingresos (y, por lo tanto ahorren) durante dos
o tres décadas y finalmente otro en el vuelvan
a gastar más que su ingreso laboral hacia el
final de sus vidas. Más aún, el comportamiento
típico es, en muchos aspectos, sumamente interesante
al inicio y al final de la vida laboral de las personas.
Por ello, parecería que
el comportamiento del ciclo de vida puede llegar a tener
una importancia sustancial. Por ejemplo, Víctor
Ríos-Rull (1996) encuentra para una típica
pregunta del ciclo económico como la que mencioné
arriba, que cuando suponemos una economía con
consumidores mortales que incorpora de manera realista
los distintos patrones de comportamiento a lo largo
del ciclo de vida, a medida que agregamos el comportamiento
de todas estas personas en series de tiempo generadas
por los experimentos computacionales, obtenemos la misma
respuesta que en la economía con consumidores
inmortales. Por supuesto, hay muchas preguntas para
las cuales el comportamiento del ciclo de vida sí
hace diferencia. Entre éstas, se encuentran el
impacto económico en los ahorros y tasas de interés
de políticas de inmigración, cambios en
los regímenes de jubilación y pensiones,
y el retiro de los nacidos durante la explosión
de natalidad de los sesenta (“baby boomers”),
para mencionar algunos.
Para darles una idea de las diferencias
existentes entre la gente y enfatizar la necesidad de
incluirlas para contestar algunas preguntas, les mostraré
algunos números. La figura 1 muestra el perfil
promedio de la eficiencia del trabajo de las personas
ocupadas en el mercado laboral, tal como la miden sus
salarios reales.

El gráfico explica que
el perfil de los ingresos laborales de las personas
dependiendo en la edad tenga forma de joroba o U invertida.
La curva está normalizada de manera que el salario
promedie 1 a lo largo del ciclo de vida. Empieza alrededor
de 0.5 y se incrementa rápidamente, de manera
que por un largo período de la vida laboral de
las personas, su eficiencia es más que el doble
que cuando ingresan a la fuerza laboral. Además
de estas diferencias en la eficiencia de los trabajadores
atribuibles al ciclo de vida, está el hecho de
que la capacidad y preparación de los trabajadores
pueden ser completamente diferentes cuando ingresan
en la fuerza laboral, debido a su educación y
otros factores. Un interesante estudio sobre las implicaciones
agregadas de la interacción entre, por una parte,
el insumo de trabajo dividido entre trabajadores altamente
calificados y no calificados y, por la otra parte, el
insumo de capital dividido en estructuras y equipo,
se encuentra en Krusell, Ohanian, Ríos-Rull y
Violante (2000). El foco de atención de este
estudio son los cambios en los salarios reales de distintos
tipos de trabajadores. Para una discusión más
elaborada de sus implicaciones cíclicas, especialmente
en lo que se refiere a las fluctuaciones del insumo
trabajo, consultar Kydland y Petersen (1997), en el
cual se basa una parte de esta conferencia.
La figura 2 muestra la distribución
por edades de la población estadounidense en
el año 1994 y también la proyectada para
el año 2020.

El eje vertical muestra el porcentaje
de personas de diferentes edades. Se puede advertir
el pico en 1994, aproximadamente en el rango de edad
de 30 a 40 años. Previsiblemente, habrá
un pico parecido en 2020. Por supuesto, una razón
para preocuparse de este patrón empírico
es que en 2020 muchos, si no la mayoría de los
nacidos durante la explosión natalicia (“baby
boom”) de los sesenta, se habrán jubilado,
poniendo una mayor presión en la restricción
del presupuesto gubernamental en general y en el sistema
de Seguridad Social en particular. Un magnífico
estudio de los efectos que los nacidos durante la explosión
natalicia en España (en donde la inmigración
representa mucho menos complicaciones para la dinámica
de la población que para los Estados Unidos)
podrían tener en los ahorros y tasas de interés
reales se encuentra en Ríos-Rull (2001).
Finalmente, la figura 3 nos muestra
la distribución de edad de los inmigrantes en
los Estados Unidos.

La curva para los nativos estadounidenses
es la misma que para 1994 en la figura 2, excepto que
ahora cada grupo de edad comprende cinco años,
de manera que la curva es más suave. El mensaje
fundamental es que la mayor parte de los inmigrantes
en los Estados Unidos son jóvenes.
Estos son todos elementos que
a uno le gustaría incorporar a un modelo de individuos
heterogéneos—algo a lo cual nosotros como
economistas nos hemos vuelto adeptos. Cuando Víctor
Ríos era mi colega en Carnegie Mellon University
a principio de los años 1990, las computadoras
no eran tan poderosas como lo son hoy en día.
Víctor llevó a cabo parte de su investigación
pionera con modelos como los que acabo de describir.
Para algunos de esos modelos la computadora podía
tomar mucho tiemp—tal vez un día o dos—en
calcular las series de tiempo de interés.
Todas estas características
a las que me he referido—la eficiencia del trabajo
dependiente de la edad, la dinámica de la población,
etc.—pueden ser y han sido incorporados a modelos
como los que utilizaron Víctor Ríos y
otros en la década pasada. Un estudiante de Víctor
y mío en Carnegie Mellon, Kjetil Storesletten,
ahora en la Universidad de Oslo, realizó un interesante
estudio sobre la interacción de la inmigración
con la política fiscal del gobierno. Algunos
investigadores especializados en contabilidad intergeneracional
han arribado a predicciones bastante contundentes, que
sugieren que en muchos países los impuestos deberán
incrementarse en un futuro no lejano, para que la restricción
presupuestaria del Gobierno se pueda cumplir sin necesidad
de disminuir las prestaciones jubilatorias. La interesante
pregunta que se hace Storesletten (2000) es, ¿hasta
qué punto se podría evitar dicho aumento
de impuestos incrementando la tasa de inmigración,
especialmente si se pudiera de alguna manera ser selectivo
en el tipo de inmigrantes que se admiten?
Nuestra capacidad para calcular
equilibrios para economías “habitadas”
por personas muy diferentes se ha expandido dramáticamente
en los años recientes, con muchos estudios fuertemente
influenciados por el trabajo pionero de Per Krusell
y Tony Smith (1998.) Hoy en día vemos muchos
trabajos de investigación interesantes en los
que la distribución del ingreso y de la riqueza
varían y cambian con el transcurso del tiempo;
por ejemplo, Storesletten, Telmer y Yaron (2004). Esta
fascinante agenda de investigación ha sido posible
gracias a los avances en nuestra comprensión
de la metodología dinámica, pero también
a la capacidad de cómputo de las computadoras
de hoy en día.
¿No hay lugar para el
dinero?
Una creencia que se escucha
a menudo es que la metodología descripta es aplicable
solamente al estudio de fenómenos reales. Tal
percepción es producto de un gran malentendido.
El mismo método se puede utilizar también
para estudiar fenómenos monetarios. Por ejemplo,
uno podría utilizarlo para hacer la perenne pregunta
¿Son las perturbaciones monetarias la causa principal
de los ciclos económicos?
[Antes de continuar, me gustaría
decir que hay dos personas a las que me hubiera gustado
ver en Estocolmo esta semana, pero que no pudieron hacerlo
porque han fallecido. Uno es mi padre; el otro es Scott
Freeman, quien falleció hace algunos meses. He
tenido la gran fortuna de trabajar con el mejor economista
del mundo, Ed Prescott. Pero Scott Freeman no estaba
muy por detrás. Él fue un gran economista,
muy agudo y con una gran capacidad innovadora. Ambos
trabajamos en la interacción entre fenómenos
monetarios y reales. En esta remembranza, incluyo dos
fotografías. En la primera, se ve a Scott en
modo pensativo. En la segunda, pasando un buen rato
conmigo y otros amigos en una fiesta hace algunos años].


Voy a describir a continuación
una forma de introducir el dinero en un marco metodológico
como el que les describí. Supongan que las personas
compran una gran variedad de bienes de diferentes tamaños.
También podríamos decir que hay un continuo
de bienes, de pequeños a grandes. Las personas
realizan compras pequeñas y compras grandes.
Debido al costo de llevar a cabo las transacciones utilizando
medios de pago (cheques, por ejemplo) respaldados por
activos que devengan interés, es más conveniente
hacer compras pequeñas con efectivo y las compras
grandes con esos otros medios de pago. La utilización
de una forma de pago u otra es una decisión económica,
cuyos incentivos cambian durante el ciclo. Tales incentivos
cambian tanto la proporción de los dos medios
de pago alternativos que se desea mantener, como la
frecuencia con que se repone el efectivo. El principal
resultado de este estudio con Scott Freeman (2000) es
que el dinero fluctúa procíclicamente,
aún cuando el banco central no haya hecho nada.
En otras palabras, si uno descubre, tal como fue el
caso a lo largo de períodos extensos de la historia
de EE. UU., que el dinero fluctúa hacia arriba
y hacia abajo siguiendo al producto bruto interno, eso
no significa que fluctuaciones en el dinero sean la
causa del ciclo económico.
Debido a que estos modelos están
habitados por personas, podemos evaluar también
el costo de la inflación en términos del
bienestar de esas personas. En un proyecto con Scott
Freeman y Espen Henriksen (de próxima aparición),
un estudiante de doctorado de Carnegie-Mellon, hicimos
exactamente eso. Ahora estamos avanzando todavía
más en este proyecto, preguntando, por ejemplo,
qué pasa si los costos de transacción
disminuyen con el tiempo, como ya ha sucedido y parece
que continuará sucediendo en el futuro.
Ciclos económicos internacionales
Previamente les presenté
a ustedes un modelo de economía cerrada. Sin
embargo, en los últimos 10 ó 15 años,
los economistas han aplicado ese marco de análisis
al estudio de la interacción de muchos países.
Éste es un campo particularmente interesante,
que ofrece a prometedores investigadores jóvenes
(y no tanto) abundantes anomalías que explicar.
A continuación ofrezco un ejemplo que, a simple
vista, puede parecer como una anomalía: Para
muchos países, la balanza comercial se deteriora
cíclicamente cuando los bienes que produce son
más baratos. Resulta que una vez que se escribe
un modelo que permite el intercambio comercial entre
las naciones, como por ejemplo el que Backus, Kehoe
y yo elaboramos (1994), la acumulación del capital
es importante para entender esa regularidad empírica.
Otro factor es la presencia de un cambio tecnológico
“no sincronizado” en las distintas naciones,
que con el transcurso del tiempo se transmite de una
nación a otra. La conclusión es que la
regularidad empírica a la cual acabo de hacer
referencia no es, de ninguna manera, una anomalía.
Esto es exactamente lo que el modelo sugiere que debería
ocurrir.
Puedo ofrecer aquí hay
una curiosa aplicación de este resultado. Siempre
me ha gustado utilizarla en mis clases a alumnos universitarios.
Hace un tiempo me topé con un artículo
en el Wall Street Journal en abril de 1998
en donde se manifestaba que el Fondo Monetario Internacional
había enviado representantes a Argentina, supuestamente
para convencer al Gobierno argentino que pusiera freno
a la vertiginosa marcha de la economía. Las razones
que se ofrecían eran tres: (i) altas tasas de
crecimiento, 6.5 a 7 por ciento anual, que se sumaban
a las que ya se venían experimentando desde 1990,
interrumpidas solamente por la crisis de Tequila cerca
del año 1995; (ii) precios de exportación
que caían dramáticamente; y, (iii) el
retorno de déficit comerciales. ¿Suena
mal? Como expliqué, estos comovimientos son justamente
los que un modelo como el descripto nos diría
que debemos esperar de una economía que está
experimentando una bonanza. En nuestro marco analítico,
estas tres características combinadas representan
desarrollos favorables para la economía. Tendría
que decir que no tengo forma de saber si el Wall
Street Journal de alguna forma distorsionó
los motivos que tuvo el FMI para enviar una misión
a la Argentina. Podría ser, por ejemplo que el
FMI estuviera preocupado acerca de “excesos fiscales”,
por llamarlos de algún modo.
El caso de Argentina
Recientemente se han llevado
a cabo un número de estudios sobre grandes depresiones
económicas. Muchos de ellos se prepararon para
una conferencia en el Banco de la Reserva Federal de
Mineápolis y se recopilarán en un libro
editado por Tim Kehoe y Ed Prescott. Las razones por
las que menciono los estudios de grandes depresiones
económicas son dos: La primera es la creencia
bastante extendida de que las grandes depresiones son
eventos de tal magnitud que se necesita un marco analítico
diferente al aquí presentado para estudiarlas.
Pienso que esta conferencia demostró fehacientemente
que tal creencia es injustificada. La segunda razón
es que esa conferencia nos brindó a Carlos Zarazaga
y a mí (2002) una excusa para estudiar el caso
de Argentina, que vivió una gran depresión
en los años 1980. Para darles una idea de lo
sucedido en Argentina en los últimos 50 años,
la figura 4 muestra su Producto Interno Bruto (PIB)
por persona en edad de trabajar en escala logarítmica.

La escala logarítmica es
particularmente útil porque una tasa de crecimiento
constante se traduce en una línea recta, y ya
sea que la economía Argentina fuera tan pequeña
como era en los años 1950, o un 60% más
grande en 1998, 1 cm. de distancia vertical con respecto
a la tendencia representa la misma desviación
porcentual respecto de ella en cualquier momento del
tiempo. De modo que así debe leerse este gráfico.
Se puede advertir un descenso dramático en los
años 1980—más del 20 por ciento—durante
la “Década Perdida” de la Argentina,
de tal magnitud que esa década califica como
una gran depresión. Un descenso aún mayor
y más rápido tuvo lugar después
del año 1998.
Como mencioné anteriormente,
la economía argentina experimentó una
mejora en los años 1990. Dicho episodio, para
Carlos Zarazaga y para mí (en trabajo de próxima
publicación), fue aún más interesante
que la depresión. Claramente, Argentina durante
esos años creció muy rápido. Lo
sorprendente fue—y solamente el modelo nos lo
pudo haber mostrado—que cuando se alimenta el
modelo con los números correspondientes al crecimiento
de la productividad total de los factores y se lo calibra,
el modelo dice que la inversión debió
haber sido mucho mayor en los años 1990 que lo
que fue. Por supuesto, precisamente por esa razón,
el acervo de capital debería haber sido mucho
mayor, cerca del 20 por ciento más o menos, al
final de esa década.
La figura 5 contiene un gráfico
del PIB real de Argentina, de nuevo en escala logarítmica.

Puede advertirse claramente el
fuerte crecimiento de los años 1990. Supongamos
nuevamente que alimentamos el modelo con los datos relevantes.
Para este trabajo, utilizamos los datos hasta el año
1980 para estimar estadísticamente el proceso
estocástico que caracteriza el nivel de tecnología
(o componente Z de la función de producción).
Luego ingresamos la serie observada de productividad
total de los factores, medida por el mismo método
que Robert Solow (1957) propuso para medirlos en un
contexto de crecimiento. El modelo captura bien la gran
depresión de los años 1980 y también
la caída después de 1999. La gran discrepancia
es para los años 1990, durante los cuales el
modelo predice que el crecimiento debería haber
sido mayor. La tercera curva se incluye para indicar
qué pasa si reiniciamos la simulación
del modelo en 1999, con el acervo de capital que según
los datos estaba disponible ese año. Nuevamente,
el modelo captura bien el comportamiento de la economía
en los años restantes, a partir de 1999.
¿Qué pasa si miramos
más de cerca el insumo de capital? Yo mencioné
que parece presentar una anomalía importante.
Esto se confirma en la figura 6, que muestra aún
una mayor discrepancia entre las predicciones del modelo
y los datos que en el caso del PIB. La diferencia en
1999 es casi 20 por ciento. Como en el caso de la figura
5, la tercera curva muestra la predicción del
modelo si la simulación se reinicia en 1999,
con el acervo de capital existente ese año, a
fines de estudiar la dinámica de ese capital
en el período subsiguiente.

Para Argentina, los datos que
se muestran en la figura 7 deben ser extremadamente
deprimentes, porque revelan una caída en el acervo
de capital por persona en edad de trabajar (que sería
más o menos igual en términos per cápita).
El capital por persona ocupada
representa rudimentariamente la capacidad productiva
de Argentina, de acuerdo a las mejores mediciones disponibles.
De acuerdo a esta medida, el acervo de capital social
por habitante en 2003 era mucho menor que en 1982. El
modelo de crecimiento neoclásico predice que
la contrapartida de semejante caída en el acervo
de capital son salarios reales mucho más bajos
en 2003 que en 1982 y ciertamente, mucho más
bajos que los que hubieran prevalecido en Argentina
si la economía hubiera crecido de la forma en
que lo hicieron las economías de otros países.
Éstas son malas noticias para el futuro de los
pobres en Argentina (como lo seguramente lo han sido
hasta ahora). Argentina necesitaría crecer a
una tasa sostenida mucho más alta—no solamente
3 ó 4 por ciento anual—para recuperarse.
Si no lo hace, la pobreza y la marginalidad persistirán
por mucho tiempo. A las personas con un capital humano
relativamente alto es probable que les vaya razonablemente
bien, pero las discrepancias de la riqueza e ingreso
seguirán siendo más amplias.
¿Cuáles son las
posibles explicaciones para esa anomalía que
hemos detectado en los años 1990? La primera
posibilidad que hay que considerar son problemas de
medición. En muchos países como Argentina,
la información es a veces de mala calidad. Aún
más, las series agregadas se pueden construir
de diferentes maneras a partir de la información
disponible. Un estudiante de doctorado en Carnegie Mellon,
José de Anchorena (2004), construyó una
serie del acervo de capital por un método alternativo
y arribó a la misma conclusión.
Otra posibilidad, que me gustaría
mencionar porque se relaciona con nuestro trabajo de
1977 al cual se refirió Ed Prescott, es que la
insuficiente inversión que detectamos en los
años 1990 es en parte el resultado de lo que
podríamos denominar “la enfermedad de la
inconsistencia temporal,” producto de las malas
políticas seguidas por Argentina antes de 1990.
La gente tenía sus recuerdos del pasado aún
demasiado frescos, a pesar de los esfuerzos que el Presidente
Carlos Menem y otros políticos pudieron haber
hecho para que la Argentina fuera un país confiable
en el cual se pudiera invertir en el largo plazo. Es
muy probable que esos esfuerzos no fueron suficientes
para devolverle a la Argentina la credibilidad necesaria.
Por eso hubo crecimiento, pero no con la intensidad
y profundidad que Argentina debería haber experimentado.
La Argentina se ha recuperado
en el último par de años. Ya mencioné
que si esta incipiente recuperación no continúa
a una gran velocidad, si la brecha de crecimiento no
se cierra, los pobres de ese país continuarán
siendo pobres por mucho tiempo. ¿Cómo
puede Argentina restaurar la confianza? No hay una respuesta
fácil y sencilla. Una vez que se ha perdido la
credibilidad, los economistas no saben mucho cómo
se puede hacer para recuperarla. Pero en todo caso no
será con una política de parches; Argentina
necesita una política con un enfoque de largo
plazo, con incentivos convincentes a la innovación
y la acumulación de capital humano y físico,
que premien con buenas tasas de retorno por muchos años
el esfuerzo y la inversión.
Comentarios finales
En esta breve conferencia
he tratado de transmitirles la vasta variedad de preguntas,
con los detalles del modelo estipulados según
el caso, que la macroeconomía ha examinado durante
las últimas dos décadas desde el marco
conceptual que ha sido el foco de atención de
esta clase magistral: los problemas de decisión
de las personas y de las empresas, modelados en forma
explícita y dinámica. Hubiera podido proporcionar
cientos de referencias. Algunas de las referencias que
escogí incluir han sido realizadas por autores
o co-autores con quienes he disfrutado enormemente interactuar.
Estoy encantado de tenerlos aquí en Estocolmo
como mis invitados.
Ya que hay muchos estudiantes
en la audiencia, me gustaría concluir con algunos
comentarios acerca de la manera de estudiar y aprender
macroeconomía. Casi todos los fenómenos
interesantes en la macroeconomía son dinámicos;
son intertemporales. Por eso inevitablemente tenemos
que considerar personas que tienen en cuenta el futuro
en sus decisiones presentes. Desafortunadamente, la
macroeconomía dinámica es difícil
de aprender para los principiantes; no es fácil
representar economías dinámicas en una
hoja de papel. Quizás principalmente por tal
motivo, durante los últimos 20 años, la
brecha entre la investigación y los libros de
texto se ha ido ampliando y ampliando. ¿Qué
hacer?
Recientemente ha habido algunos
intentos para cerrar la brecha. Me gustan muchos aspectos
del reciente libro de texto de Steve Williamson (2005),
por ejemplo. Sin embargo, es asombroso el que yo haya
continuado utilizando durante tanto tiempo (complementado
con mis propias notas) un libro de texto que Merton
Miller y Charles Upton (1986) publicaron por primera
vez en 1974. Este libro presenta un marco dinámico
con muchas de las atributos a los que me he referido
a lo largo de esta clase magistral, incluso el comportamiento
de ciclo de vida. Estos dos autores simplemente fueron
grandes economistas e incluyeron en su libro de texto
los elementos principales que pensaron deberían
estar presentes en los modelos dinámicos básicos
de macroeconomía.
Una posible solución para
enseñar macroeconomía es utilizar la computadora
para llevar a cabo experimentos computacionales (consultar
Bjørnestad y Kydland 2004). Esta herramienta,
que ha tenido tanta influencia en la investigación
macroeconómica moderna, también puede
ayudar a los estudiantes principiantes e intermedios
a aprender macroeconomía dinámica. Los
estudiantes pueden comparar los estadísticos
cíclicas de una economía modelo con los
generado por una economía real. La computadora
puede generar gráficos de las respuestas a impulsos
estocásticos con lo que se perturba artificialmente
el modelo, a fines de analizar su respuesta. Estas perturbaciones
ocurren en cada período. En la práctica
es difícil desentrañar el efecto de cada
una de las perturbaciones estocásticas que suelen
estar presentes en la realidad. Como en cada período
ocurre al menos una perturbación, no es fácil
observarlas y medirlas justo en el momento en que ocurren,
y menos aún si los efectos de cada una de esas
perturbaciones son de larga duración. Pero las
economías modelo nos permiten desarrollar la
intuición. Por ejemplo, uno puede analizar la
respuesta a una perturbación estocástica
en particular pretendiendo que no ha habido ninguna
otra por un largo tiempo—que la economía
hasta entonces ha estado ‘descansando’ en
su estado estacionario. En este ejercicio, procedemos
a alterar la economía modelo con una sola perturbación
o “impulso” y registramos lo que sucede
durante un número de períodos—una
gran ayuda a la intuición.
Me gustaría concluir aquí
y terminar simplemente diciendo: Takk for at dere alle
kom for å høre på meg. (Muchas gracias
a todos Uds. por haber venido a escucharme.)
© The Nobel Foundation 2004
 |
| Sobre
el autor
Kydland es profesor
de la Cátedra Jeff Henley en el Departamento
de Economía, Universidad de California,
Santa Bárbara, e Investigador Asociado del
Banco de la Reserva Federal de Dallas.
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