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Venciendo las barreras fronterizas
en el comercio de Los Estados Unidos–México
Southwest Economy
Septiembre/Octubre 2001
Durante los últimos 15
años, el comercio de los Estados Unidos con México
se ha incrementado en un 400 por ciento—de $48
mil millones a $239 mil millones (Cuadro 1)—aún
así ni México ni Los Estados Unidos han
realizado los ajustes necesarios para manejar el creciente
tráfico comercial. A diferencia del comercio
de Los Estados Unidos con cualquier otra nación
excepto Canadá, el comercio Los Estados Unidos–México
se realiza mayoritariamente en camiones. Ya sea que
los camioneros utilicen los ajetreados cruces de Texas,
California o Arizona, deben enfrentarse a congestiones
y largas esperas usualmente asociadas a inspecciones
oficiales y procesamiento aduanero.

Las restricciones al transporte
de cruce de frontera agregan problemas. Debido a que
los Estados Unidos se niegan a abrir sus fronteras a
los camiones de transporte de larga distancia—a
pesar de los compromisos asumidos en el marco del TLCAN
(Tratado de Libre Comercio de América del Norte)—los
exportadores deben hacer uso de camiones de transporte
de corta distancia para transbordar cargamentos a través
de la frontera. Estos camiones circulan en sólo
una dirección, atascando los puentes, rutas y
estaciones de inspección con camiones vacíos.
No colabora el hecho de que el despacho aduanero de
los camiones todavía se basa en trámites,
y que las diferentes agencias del gobierno operan independientemente.
Como solución parcial,
investigadores del transporte han recomendado un sistema
de frontera prototipo que involucraría el despacho
aduanero electrónico de camiones con dirección
norte y su cargamento, como también una mejor
coordinación entre las agencias de frontera estadounidenses.
Mientras que el prototipo promete mayor eficiencia,
los investigadores admiten que aún faltan años
para su implementación por lo tanto, luego de
casi siete años del TLCAN persisten los viejos
procedimientos. El resultado es que el comercio terrestre
con México continúa siendo marcadamente
más caro que con Canadá, nuestro otro
socio del TLCAN.
Los costos del comercio, así
como los beneficios, se sienten mayormente en Texas
ya que lleva la carga principal del comercio EEUU–México.
De hecho, el 40 por ciento del valor total del tráfico
comercial terrestre atraviesa solo una ciudad de Texas,
Laredo. Por la frontera Texas–México cruzan
en total 15.000 camiones comerciales, 205.000 vehículos
y 97.000 peatones cada día. Como resultado del
creciente comercio, los sectores del transporte, distribución,
almacenamiento y del gobierno federal se han expandido
rápidamente en el lado estadounidense de la frontera.
El peso fuerte y la creciente población del norte
de México también han impulsado el comercio
minorista, dado que un número creciente de residentes
mexicanos cruza la frontera para comprar en comercios
estadounidenses. El Cuadro 2 muestra los índices
de crecimiento de empleo en la frontera de Texas desde
1986 superando al nacional en cada año, excepto
en 1995 y 1996 cuando México aún se estaba
recuperando de la devaluación del peso de 1994.

Comercio cambiante
Antes de abrirse al comercio a
finales de 1980 México exportaba principalmente
materias primas. Tal como se muestra en la Tabla 1,
sus primeras exportaciones incluían petróleo,
gas natural, legumbres, mariscos y plata. Desde entonces,
México ha avanzado considerablemente en la cadena
de producción. Además del petróleo,
las primeras exportaciones de México incluyen
ahora mercaderías manufacturadas de calidad internacional
como automotores y equipamiento eléctrico. A
finales de los ochenta, la eliminación de las
políticas de sustitución de las importaciones
de México generó una profunda transformación
y crecimiento en el sector manufacturero mexicano. El
proteccionismo comercial había alimentado la
ineficiencia y propagado los problemas de control de
calidad de la producción, pero luego de que México
se uniera al Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT)
en 1986, el comercio se tornó en un segmento
en rápido crecimiento de la economía mexicana.
Entre 1986 y 2000, la participación de las exportaciones
dentro del PBI mexicano subió del 16 por ciento
al 29 por ciento, con casi el 90 por ciento de las exportaciones
mexicanas con destino a Los Estados Unidos.
| Tabla 1 |
| Las 10 primeras importaciones
estadounidenses desde México: 1983 versus
2000 |
Ranking
|
1983 |
2000 |
1 |
Petróleo
crudo |
Toda
clase de automotores |
2 |
Equipo
para telecomunicaciones |
Petróleo
crudo |
3 |
Petróleo
(no crudo) |
Equipos
para telecomunicaciones |
4 |
Motores
de pistón de combustión interna |
Máquinas
de procesamiento automático de datos
|
5 |
Legumbres,
raíces y tubérculos |
Equipos
para distribución de electricidad |
6 |
Crustáceos |
Automotores
para propósitos específicos |
7 |
Gas natural,
líquido o no |
Partes
y accesorios para automotores |
8 |
Equipos
para distribución de electricidad |
Aparatos
de televisión |
9 |
Plata,
platino y otros metales del grupo del platino |
Transacciones
especiales no clasificadas por tipo |
10 |
Aparatos
eléctricos interruptores o de protección
|
Aparatos
eléctricos interruptores o de protección |
|
| NOTA: Ranking
basado en valores aduaneros |
| FUENTE: U.S. Department of
Commerce, International Trade Administration, U.S.
Foreign Trade Highlights |
El comercio liberalizado y otras
reformas económicas significaron que la inversión
extranjera comenzó a entrar a México.
Muchas firmas extranjeras establecieron plantas manufactureras
y de ensamblaje conocidas como maquiladoras. Como se
ve en el Cuadro 3, la inversión extranjera directa
junto con el empleo en las maquiladoras originó
una tendencia ascendente en 1986 y más pronunciada
en 1994, coincidentemente con la firma del TLCAN. Las
maquiladoras—que fueron iniciadas por el gobierno
mexicano en los sesenta—importan insumos libres
de derechos de aduana y producen o ensamblan mercaderías
para la exportación. Debido a regulaciones especiales
de los Estados Unidos, dichas firmas pagan tarifas sólo
sobre el valor agregado por el ensamblaje de los productos
re-exportados a los EE UU. Bajo el TLCAN, el valor agregado
a la producción de las maquiladoras está
exento de derechos de aduana, mientras que los insumos
deben ser de origen norteamericano para estarlo.[1]

La naturaleza cambiante del comercio
entre EEUU y México, así como también
el crecimiento y aglomeración de la industria
maquiladora, determina la naturaleza del flujo comercial
a través de la frontera. Donde la industria maquiladora
se concentra fuertemente, como en Ciudad Juárez
(frente a El Paso) y Tijuana (frente a San Diego), el
comercio de las maquiladoras da cuenta del 80 por ciento
del comercio de importación con México.[2]
En los cruces del Rio Grande Valley de Texas y en Arizona—donde
aún prevalece la importación agrícola—el
comercio de las maquiladoras da cuenta de alrededor
del 50 por ciento de las importaciones.
Las maquiladoras determinan tanto
el volumen como el tipo de comercio por sus correspondientes
puertos de entrada. Donde los productores de electrónica
dominan, como en Tijuana, los influjos comerciales consisten
ampliamente de aparatos eléctricos como televisores
y equipos de sonido. En Ciudad Juárez, donde
las maquiladoras también son parte de la industria
automotriz y de la indumentaria, el comercio de las
maquiladoras consiste en auto-partes, automotores, electrónica
y vestimenta.
El puerto de Laredo, debido a su ubicación estratégica
sobre la principal autopista que lleva a la Ciudad de
México, es único. A pesar de que Nuevo
Laredo tiene su parte de maquiladoras, la mayoría
del comercio a través de Laredo viene desde o
va hacia el interior mexicano. Más del 80 por
ciento del comercio hacia el sur a través de
Laredo se dirige al interior mexicano, principalmente
a la Ciudad de México.[3]
Barreras al comercio
A pesar de los impresionantes
logros en volumen y composición del comercio
EEUU–México, las barreras comerciales persisten
y hasta se multiplican a medida que se erigen nuevos
obstáculos.[4] El movimiento restringido de vehículos
comerciales a través de la frontera, las prácticas
intermediarias de la aduana mexicana, el limitado personal
en las agencias y los procedimientos e inspecciones
engorrosos de la aduana estadounidense, todos significan
tiempo y dinero para los exportadores. Los costos de
estas transacciones reducen el volumen del comercio
y aumentan el precio de las mercaderías comerciadas.
Ambos productores y consumidores cargan con el peso
de los mayores costos de transacción.
En la frontera sudoeste, el despacho
aduanero de un cargamento internacional implica muchos
pasos. El alcance de los costos de transacción,
sin embargo, depende de la dirección del comercio.
En general, el comercio hacia el norte incurre en más
costos por las inspecciones del gobierno norteamericano,
muchos de las cuales tienen el propósito de detectar
la introducción de drogas ilegales o inmigración
no autorizada. El comercio hacia el sur, aunque sujeto
a inspecciones gubernamentales, se torna más
engorroso por las prácticas intermediarias de
la aduana mexicana. En ambos casos, los costos de transacción
incluyen tarifas por gravámenes, intermediarias
y de usuario de aduana, impuestos al valor agregado,
flete y costos por servicios de transporte de corta
y larga distancia, peajes de puentes y tiempo de espera
por inspecciones.
Camiones vacíos en todas
partes. A medida que el comercio en camiones ha ido
creciendo, se ha agrandado la congestión ya que
el aumento en las exportaciones se refleja en el aumento
de camiones vacíos. Un estudio de la Oficina
del Contador General (GAO) de marzo del 2000 muestra
que el 47 por ciento de los 3.6 millones de contenedores
que cruzaron la frontera desde México en el año
fiscal 1998 estaban vacíos.[5] Como se ve en
el Cuadro 4, para los cargamentos con destino norte,
todos los principales puertos de entrada tenían
al menos un 25 por ciento de camiones vacíos
y la mayoría tenía más de un 40
por ciento. El estudio de la GAO señala que los
oficiales de gobierno deben procesar a los camiones
vacíos tal como lo hacen con los cargados para
asegurar el cumplimiento de las leyes y regulaciones
estadounidenses. El gran número de camiones vacíos
está reduciendo ostensiblemente el comercio a
través de la frontera.

Los camiones vacíos son
principalmente transportadores de corta distancia, tanto
viniendo de o camino a transportar su carga a través
de la frontera. El requerimiento de que los agentes
de aduana mexicanos pre-despachen a los camiones que
entran a México—y el hecho de que también
lo hacen en el lado estadounidense de la frontera—es
una importante causa del transporte de corta distancia.
Ésto, sin embargo, no explica enteramente la
práctica de regresar sin una carga. En la industria
camionera, la contra-carga—la práctica
de transportar una carga en el viaje de regreso—es
el modo más eficiente de operar. Los mercados
competitivos deberían optimizar sus operadores
de camiones, esto es, inducirlos a encontrar contra-cargas.
La falta de contra-carga en la frontera sugiere que
el mercado del transporte de corta distancia o del acarreo
no es muy competitivo. Las prácticas de los agentes
aduaneros mexicanos podrían ser un factor que
contribuye a esto.
Las Prácticas de los agentes
aduaneros mexicanos. Debido a leyes aduaneras mexicanas
únicas, que sitúan las obligaciones tributarias
en el agente y no en el importador, el proceso del comercio
terrestre fronterizo depende fuertemente de las prácticas
del agente aduanero. La principal función del
agente es proveer un documento llamado pedimento, que
se requiere para todos los cargamentos que entran o
salen de México. El agente debe además
tratar el pago de los derechos de importación,
que son exigibles al momento de cruzar. Estas leyes
conllevan varias implicancias. La responsabilidad legal
que les recae, implica que los agentes tengan poderosos
incentivos para detener un cargamento y llevar a cabo
detalladas inspecciones. Además, debido a que
ellos son los únicos agentes a quienes se les
permite enviar fletes dentro y fuera de México,
los agentes aduaneros mexicanos no enfrentan ninguna
competencia de los estadounidenses y tienen un considerable
poder de fijación de precios, así como
también sobre cuándo y cómo se
transportan las mercancías.[6]
Como ejemplo, un camión
con destino norte típicamente deja su carga en
una terminal de frontera. Un agente aduanero mexicano
envía a un agente de cargas para traer el cargamento
a los depósitos del agente aduanero, donde es
descargado, inspeccionado, tasado y clasificado.[7]
Los trámites, derechos y aranceles son completados
y pagados. Generalmente, la carga se almacena en los
depósitos mientras el agente de cargas y el aduanero
realizan los preparativos para el cruce. Luego, un camión
de corta distancia lleva la carga a través de
la frontera, de la aduana mexicana y de las inspecciones
oficiales. Después, el acarreador descarga en
un terreno del lado mexicano y regresa vacío
a los Estados Unidos. La carga es finalmente transferida
a un camión mexicano que completa el reparto.
En síntesis, la carga es transferida, en el mejor
de los casos, dos veces, pero más probablemente,
tres veces, involucrando tres o cuatro partes. Un informe
del Departamento de Transporte Estadounidense estimó
recientemente que este proceso le agrega de tres a cinco
días a un traslado con dirección sur.[8]
El punto básico es que
los agentes aduaneros mexicanos están íntimamente
aliados con los agentes de cargas y los acarreadores.
Por lo tanto, la competencia entre estos proveedores
de servicios es limitada. La inspección, el almacenamiento,
los servicios de carga y el acarreo, todos representan
un retorno monetario para los agentes, por lo tanto
tienen poco incentivo para minimizar estas actividades
y acelerar el proceso. Las ciudades fronterizas también
reciben sustancialmente más ingresos en los peajes
de los puentes como resultado del tránsito de
camiones vacíos.
En contraposición, los
agentes estadounidenses y canadienses juegan un rol
limitado en el proceso de cruce de frontera. Debido
a que los camiones estadounidenses pueden hacer repartos
a Canadá, un lineamiento directo implica que
los agentes no deban organizar la transferencia del
cargo. Además, pueden operar en los países
de cada uno –los agentes estadounidenses pueden
cruzar a Canadá para enviar fletes a los Estados
Unidos y viceversa. La competencia mantiene los aranceles
bajos. Aún más, el gobierno no considera
que los agentes sean responsables por los fletes que
manejen y la tramitación es menos onerosa. Finalmente,
en los Estados Unidos y Canadá los derechos de
aduana no tienen que ser pagados en la frontera. Los
importadores pueden pagar los derechos mediante una
factura de hasta 10 días posteriores a la importación.
Inspecciones engorrosas. A ambos
lados de la frontera EEUU–México, el volumen
total de camiones comerciales ha sobrepasado a las agencias
gubernamentales cargadas de inspecciones e ineficiencias
exacerbadas en los procesos de inspección. En
su estudio sobre tráfico fronterizo, la GAO encontró
seis factores primarios que contribuyen a la congestión
de la frontera con destino norte. “Son múltiples
requerimientos de inspección, dificultades de
personal y problemas de recursos humanos, uso limitado
del manejo automatizado de los sistemas de información
para procesar el tráfico comercial, insuficiente
espacio de inspección, rutas inadecuadas que
conectan los puertos de entrada, y limitada coordinación
y planeamiento entre las agencias de inspección
de los EEUU y entre los Estados Unidos y México”.[9]
El estudio destaca que la falta
de coordinación entre agencias dentro de los
países, así como a través de los
mismos, obstaculiza la reducción de costos de
transacción de los exportadores. Las agencias
de los Estados Unidos y México generalmente no
comparten las instalaciones, sino que operan en diferentes
locaciones y durante diferentes horas. Dependiendo del
tipo de carga, los camiones deben pasar por las inspecciones
aduaneras, agrícolas, de drogas, inmigración
y seguridad. Con aumentos desde el 50 al 100 por ciento
en el tránsito vehicular comercial desde 1994,
el financiamiento del gobierno para personal e instalaciones
adicionales se ha quedado atrás. El procesamiento
todavía se basa en papeles ya que las agencias
federales también han sido lentas en adoptar
nuevas tecnologías de “transporte inteligente”
que podrían reducir drásticamente el tiempo
de procesamiento.
Soluciones para un mejor comercio
fronterizo
El procesamiento engorroso de
las cargas con destino norte podría mejorarse
mediante una mejor cooperación entre las agencias
gubernamentales de EEUU y un mayor uso de las tecnologías
disponibles. La GAO recomienda que el comisionado de
aduana supervise toda la función de procesamiento
para coordinar mejor las inspecciones de camiones con
destino norte. El comisionado de aduana debería
también trabajar con el State Department’s
Border Liaison Mechanism (Mecanismo de Enlace de Frontera
del Departamento de Estado) para colaborar en la coordinación
de actividades tales como las horas operativas con el
lado mexicano. El informe de la GAO, también
recomienda utilizar este esfuerzo conjunto para determinar
cómo la tecnología podría mejorar
la eficacia. Otra sugerencia es la recolección
de datos sobre los tiempos de espera para definir mejor
el problema de la congestión fronteriza y sus
potenciales soluciones.
Acerca de la adopción de
tecnologías avanzadas, los investigadores del
Texas Transportation Institute en la Texas A&M University
y en el Center for Transportation Research at the University
of Texas en Austin han desarrollado una estación
de inspección prototipo para el tráfico
con destino norte con una fuerte utilización
de nuevas tecnologías.[10] La estación
prototipo combina el uso del Sistema Informativo de
Comercio Internacional, una base de datos electrónica
consolidada actualmente en desarrollo por el Treasury
Department (Ministerio de Hacienda) y los Sistemas de
Transporte Inteligente que transportan datos desde y
hacia los camiones y los agentes de procesamiento fronterizo.
Mediante la digitalización de los papeles, el
sistema promete reducir significativamente las demoras
sin comprometer los objetivos estadounidenses de cumplimiento
de la ley y de otras agencias gubernamentales. Más
que reacondicionar el puerto de frontera existente,
los investigadores esperan aplicar el prototipo a la
próximas instalaciones fronterizas realizadas
a lo largo del límite Texas–México.
Otra mejora importante sería
llevar a la práctica el acuerdo de transporte
del TLCAN y permitir a los camiones mexicanos que transporten
mercaderías directamente dentro de los Estados
Unidos y de la misma manera a los camiones estadounidenses
dentro de México. Esto, incrementaría
la incidencia de lineamiento directo y decrecería
la demanda de acarreo, almacenamiento y depósitos.
La disminución de acarreadores le reduciría
costos a los exportadores y, debido a que éstos
normalmente no contra-cargan, reduciría la congestión
en la frontera por medio de una baja en el número
de camiones vacíos. Al mismo tiempo, sin embargo,
la demanda de contra-cargas—que se incrementa
con la distancia recorrida—probablemente incrementaría
la demanda de ciertos servicios de transporte.[11]
La apertura de la frontera a los
camiones, sin embargo, no cambiará las cosas
de la noche a la mañana. James Giermanski, experto
en transporte fronterizo y logística del Belmont
Abbey College, argumenta que inicialmente la implementación
del acuerdo camionero probablemente sólo afectaría
a los cargamentos con dirección norte, ya que
algunos camiones mexicanos aprovechan las nuevas reglas
y viajan a su destino final en los Estados Unidos.[12]
Para los cargamentos con dirección sur, Giermanski
predice que las leyes aduaneras mexicanas le permitirán
a los agentes continuar demorando los cargamentos, convirtiendo
en no redituable para el exportador de larga distancia
esperar el pre-despacho aduanero; de tal manera, continuará
el sistema de acarreo. Además, la pobre condición
de las rutas, los peajes caros, la falta de servicios,
repuestos e instalaciones de reparación, el combustible
caro, y un alto índice de piratería, todos
ellos impedirían una incursión masiva
o repentina de las firmas transportistas estadounidenses
dentro del interior mexicano.
Un desarrollo esperanzador es
la creación de zonas francas de comercio exterior
dentro de los límites estatales mexicanos.[13]
Giermanski cree que más zonas de comercio exterior
junto con algunas novedades concernientes a las obligaciones
impositivas federales de los agentes aduaneros mexicanos
que operan en EEUU, pueden comenzar a cambiar las operaciones
de los agentes aduaneros mexicanos al sur de la frontera.[14]
Este movimiento reduciría significativamente
el acarreo con destino sur y el cruce de camiones vacíos.
Giermanski concluye, “Si todo va realmente bien…espero
que podamos ver la reducción y eventual eliminación
del acarreo tal como lo conocemos dentro de los dos
o tres años posteriores a la apertura de la frontera,
lo que ejercería presión concomitantemente
sobre el sistema mexicano de agentes para reubicarse
del lado mexicano e incrementar el desarrollo y uso
de las zonas francas de comercio exterior mexicanas,
especialmente a lo largo de la frontera”.
Conclusión
El comercio EEUU–México
ha crecido rápidamente desde que México
se unió al GATT en 1986 y al TLCAN en 1994, y
la naturaleza del intercambio ha cambiado también.
Mediante el fuerte crecimiento de la industria maquiladora,
ahora México y los EEUU están comprometidos
en un sofisticado sistema de coparticipación
en la producción que ha contribuido al crecimiento
económico a ambos lados de la frontera. El mayor
comercio ha generado algunas mejoras en los procesamientos
e inspecciones; sin embargo, aún persisten significativas
barreras fronterizas. Los exportadores se enfrentan
con muchos costos innecesarios, y podrían darse
ciertos pasos para mejorar esta situación.
Las soluciones a la congestión
del transporte en el cruce de frontera requieren cambios
tanto en las prácticas gubernamentales como en
las empresariales. El costo que enfrentarían
las ciudades fronterizas podría ser un menor
crecimiento en los sectores del transporte y del almacenamiento.
La retribución, en cambio, debido a que los recursos
locales estarían abocados a un uso más
eficiente, sería una reducción en la contaminación
ambiental y en la congestión, y una faceta competitiva
para la atracción de exportadores, compradores
y nuevas firmas industriales. El retorno final, sin
embargo, iría hacia los consumidores estadounidenses
y mexicanos ya que los precios de las mercancías
negociadas se reducirían.
| — |
Pia M. Orrenius |
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Keith Phillips |
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Benjamin Blackburn |
¿Son
Seguros los Camiones Mexicanos?
La implementación
del acuerdo de transporte del TLCAN está
rodeada de controversias sobre los camiones
mexicanos. Los datos existentes sugieren
que mientras hay muchos camiones mexicanos
poco seguros, es poco probable que esos
camiones sean usados para el transporte
de larga distancia al interior de los EEUU
una vez que se haya abierto la frontera.[1]
El argumento más
ampliamente citado acerca de que los camiones
que atraviesan la frontera no son seguros
está basado en un porcentaje del
36 por ciento de anomalías en los
camiones de corta distancia elegidos para
inspección en el cruce fronterizo
en el año fiscal 2002.[2]. Hay dos
problemas con la aplicación de estos
números a los camiones que entrarían
a los Estados Unidos bajo la frontera abierta.
Primero, los camiones de corta distancia—debido
a que no tienen que ir muy lejos—son
más viejos y más defectuosos.
Los camiones de larga distancia serían
necesariamente más nuevos y estarían
en mejores condiciones. Segundo, debido
a que las inspecciones no son azarosas,
los camiones no escogidos para la inspección
poseen menores índices de anomalías
que aquellos que son seleccionados. En California,
por ejemplo, donde las inspecciones son
más frecuentes y rigurosas, el índice
de anomalías es de sólo el
26 por ciento. Este número se compara
favorablemente con el índice nacional
de anomalías del 24 por ciento de
los camiones de los EEUU.[3]
Existe algo de información
sobre los camiones mexicanos de larga distancia
que operan en Estados Unidos, aunque nuevamente,
no se basa en una muestra azarosa. Estos
camiones están o bien circulando
ilegalmente ó pertenecen a compañías
con acuerdos especiales—como aquellas
a las que se les otorgó autoridad
operativa durante un breve período
de frontera abierta entre 1980 y 1982. En
cualquier caso, los camiones mexicanos que
ingresan al interior de los EEUU en realidad
tienen menores índices de anomalías
que los camiones de EEUU: 19 por ciento
versus 24 por ciento.[4]
Resumiendo, el argumento
de que los camiones mexicanos representarían
un riesgo de seguridad está sobredimensionado.
La implementación del acuerdo de
transporte del TLCAN en combinación
con una adecuada financiación para
inspecciones de seguridad sistemáticas
aseguraría que los beneficios de
abrir las fronteras a los camiones sobrepasarían
a los costos.
Notas
- Véase Russell Roberts, ““How
Safe Is That Trucker in the Window?”
The Library of Economics and Liberty,
marzo 2001.
- Oficina del Inspector General, “Interim
Report on the Status of Implementing the
North American Free Trade Agreement’s
Cross-Border Trucking Provisions,”
Departamento de Transporte de EEUU, Informe
no. MH-2001-059, 8 de mayo, 2001.
- Ibid.
- Oficina del Inspector General, “Mexico-Domiciled
Motor Carriers,” Departamento de
Transporte de EEUU, Informe de Auditoría
no. TR-2000-013, 4 de noviembre, 1999.
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| Sobre
los autores
Orrenius es una economista
senior del Departamento de Investigación
del Federal Reserve Bank of Dallas. Phillips
es un economista senior de la filial San
Antonio del Federal Reserve Bank of Dallas.
Blackburn era asistente de investigación
de la filial San Antonio al momento en que
este artículo fue escrito.
Notas
Los autores agradecen
a Jim Giermanski y a los otros disertantes
de la conferencia “The Road Most Traveled:
Texas Trade Corridors in the New Economy”
(La Ruta Más Viajada: Los Corredores
Comerciales de Texas en la Nueva Economía”),
auspiciada por la filial San Antonio del
Federal Reserve Bank of Dallas, agosto 3,
2001. También agradecemos a Bill
Gruben, Hajime Hadeishi y Anna Berman.
- Para más detalles acerca de las
reglamentaciones que afectan las operaciones
en las maquiladoras y sobre cómo
las mismas han cambiado bajo el TLCAN,
véase Lucinda Vargas, “NAFTA,
the US Economy and Maquiladoras,”
Federal Reserve Bank of Dallas Business
Frontier, Edición 1, 2001.
- Véase la investigación
“Facilitating Trade and Enhancing
Transportation Safety,” Intelligent
Transportation Systems, Departamento
de Transporte de EEUU, abril 2001.
- En 1995, más de la mitad de
las exportaciones de Laredo (51.4 por
ciento) estaban destinadas a la Ciudad
de México y al estado de México,
el 33.7 por ciento a otros estados del
interior, y el 14.9 por ciento a los estados
fronterizos de Tamapaulinas y Nuevo León.
(Fuente: “Maquiladora Ports Information
Report,” Border Trade Institute,
Texas Center for Border Economic and Enterprise
Development, Texas A&M International
University).
- Las recientes acciones del Congreso
de EEUU para bloquear la implementación
del acuerdo de transporte del TLCAN constituyen
un ejemplo de nuevas barreras. Véase
el cuadro titulado “¿Son
Seguros los Camiones Mexicanos?”
- Véase “U.S.–Mexico
Border: Better Planning, Coordination
Needed to Handle Growing Commercial Traffic,”
Oficina del Contador General de EEUU,
marzo 2000, p. 4. El informe puede verse
en internet en http://www.gao.gov/cgi-bin/fetchrpt?rptno=NSIAD-00-25.
- Para una descripción detallada
del rol de los agentes de aduana mexicanos,
véase Mitch McGhee y James Giermanski,
“Mexican Customs Brokers and Their
U.S. Freight Forwarding Interests: Is
the Broker Personally Liable for U.S.
Federal Income Tax?” Tax Notes
International, 22 de enero, 2001.
- Véase James Giermanski, “Texas
to Mexico: A Border to Avoid,” Journal
of Borderlands Studies 10 (2), 1995,
pp. 33–53.
- Véase la investigación
del Departamento de Transporte “Facilitating
Trade and Enhancing Transportation Safety.”
- Véase pág. 14 de la investigación
de la GAO. Sorprendentemente, pocos estudios
de comercio fronterizo citan una falta
de puentes. Las inversiones en la infraestructura
de puentes han sido contundentes, y varios
informes destacan la existencia de puentes
sub-utilizados. Por ejemplo, véase
Keith Phillips y Jay Campbell “Border
Bottlenecks Hamper Trade,” Federal
Reserve Bank of Dallas Southwest Economy,
Edición 5, Septiembre/Octubre 1998,
pp. 9–10; Keith Phillips y Carlos
Manzanares, “Transportation Infrastructure
and the Border Economy,” en The
Border Economy, Federal Reserve Bank
of Dallas, junio 2001; y el artículo
de Giermanski citado en la nota 7.
- Véase Brian Bochner, Bill Stockton,
Dock Burke y Robert Harrison, “A
Prototype Southern Border Facility to
Expedite NAFTA Trucks Entering the United
States,” trabajo no. 01-1406, diciembre
8, 2000. El trabajo está disponible
en http://bordercross.tamu.edu/about/trb_paper_01-0406.stm.
- El aumento de la demanda de agentes
de transporte ha tenido una tendencia
definida desde la desregulación
de la industria del transporte en 1980.
Estos agentes consolidan las cargas y,
más importante aún, organizan
su retiro y reparto. La mayor incidencia
de la contra-carga desde la desregulación
ha sido clave en el aumento de la eficiencia
en la industria del transporte estadounidense
durante los últimos 20 años.
Véase John T. Jones, The Economic
Impact of Transborder Trucking Regulations,
1999 (New York: Garland Publishing).
- Los comentarios de James Giermanski
fueron tomados de “Inefficient Imports
and Expensive Exports: The Limitations
of Drayage,” presentado en la conferencia
“The Road Most Traveled: Texas Trade
Corridors in the New Economy” auspiciada
por la filial San Antonio del Federal
Reserve Bank of Dallas, agosto 3, 2001.
- Una zona franca de comercio exterior
es un área en el cual las mercancías
importadas están legalmente exentas
de derechos de aduana. Por eso, las zonas
francas de comercio a lo largo del lado
mexicano de la frontera permiten que los
productos importados entren a México
antes de ser inspeccionados y antes de
que se paguen los derechos de aduana.
- Véase fuente en nota 6.
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