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Globalización financiera:
¿bendición o amenaza? El caso de la banca
mexicana
Southwest Economy
Enero/Febrero 2002
Si bien los mercados de capital
internacionales se han estado desarrollando durante
algún tiempo, la entrada extranjera directa en
el sector de la banca nacional de muchos países
ha ocurrido sólo recientemente. De manera similar,
si bien la consolidación del sector de servicios
financieros no es nueva, está ahora empezando
a trascender las fronteras nacionales de una manera
más substancial. Estos cambios han ocurrido a
medida que un creciente número de países
ha relajado considerablemente las perdurables restricciones
a la propiedad extranjera de bancos, permitiendo así
que la globalización financiera avance a una
escala sin precedentes.
Los cambios significativos en las políticas tienen
partidarios y adversarios, y la reciente liberalización
que permite la prestación de servicios de banca
a nivel mundial no es la excepción. Los partidarios
dicen que la banca global fomenta mejores prácticas
y estabilidad financiera. Pero los oponentes afirman
que los bancos extranjeros podrían carecer de
un compromiso para con el país anfitrión
o ser desmesuradamente competitivos con los bancos nacionales,
resultando en un riesgo demasiado alto y fuera del control
de los supervisores de bancos nacionales.[1] A medida
que crece la banca mundial, el debate continúa.
La situación de México puede arrojar luz
a este debate. La globalización de la banca mexicana
comenzó a principios de 1994 con el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (TLCAN),
que representó un paso importante en dirección
contraria a la historia del país como un sistema
de banca cerrado. La devaluación del peso ocurrida
en diciembre de 1994 posteriormente puso a los bancos
mexicanos al borde del fracaso. Desde entonces, no obstante,
México ha hecho numerosos intentos por estabilizar
tanto su economía como su sistema financiero,
inclusive una mayor liberalización de las restricciones
a la banca extranjera.
Este proceso de desregulación, aunado a factores
tecnológicos y económicos que impulsan
una tendencia general hacia la globalización,
recientemente culminó en la adquisición
extranjera de los tres bancos mexicanos más grandes,
todas ellas ocurridas en un lapso de 18 meses. En consecuencia,
México es la economía más grande
del mundo en la que la abrumadora mayoría de
los activos bancarios comerciales, casi el 80 por ciento,
es controlado por instituciones extranjeras. Siendo
así, México ofrece un campo de prueba
fértil para evaluar los méritos de los
argumentos a favor y en contra de la globalización.
Si bien este nuevo capítulo en la historia moderna
de México es solamente el principio, las pruebas
iniciales contundentemente favorecen una política
abierta hacia la banca global.
Un poco de historia
Antes del TLCAN, los bancos extranjeros
individuales no podían poseer más del
5 por ciento de un banco mexicano, y la propiedad extranjera
total de cualquier banco estaba limitada al 30 por ciento.
La única excepción se otorgó a
una institución estadounidense, Citigroup, cuya
presencia data de 1929, cuando abrió una sucursal
bancaria en México. A esta sucursal se le permitió
continuar operando, aunque bajo enormes restricciones
regulativas.
El TLCAN abrió el sistema
bancario mexicano a la banca extranjera, permitiendo
la entrada a través del establecimiento de sociedades
recién formadas. En 1994, Citigroup convirtió
su sucursal en una subsidiaria legal independiente,
y Banco Santander Central Hispano (BSCH) de España
estableció una presencia en México. En
1995, 13 bancos estadounidenses, europeos y japoneses
ingresaron en el mercado mexicano a través del
establecimiento de nuevas sociedades. La mayoría
de estos bancos formaron una compañía
controladora, o grupo financiero, poseedor de los intereses
bancarios además de otras subsidiarias financieras,
como compañías arrendadoras y casas de
bolsa.
A fines de 1994, se devaluó
el peso mexicano, enfatizando la creciente presión
en el sistema bancario, que se vio seriamente perjudicado
por la crisis económica que sobrevino. Para atraer
el capital necesario, el congreso mexicano aprobó
una reforma financiera que permitió a inversionistas
extranjeros adquirir una parte o la mayoría de
los bancos existentes. Aun así, la adquisición
extranjera de los tres bancos más grandes estaba
efectivamente prohibida. Estas reformas llevaron a la
adquisición de bancos comerciales de tamaño
medio (de entre 5 y 10 mil millones de dólares)
por parte de Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA)
de España en 1996 y BSCH en 1997.[2] Además,
Citigroup se expandió a través de la adquisición
de Banca Confía, un banco mediano, ocurrida en
1998. Cada adquisición involucró alguna
forma de asistencia financiera por parte del gobierno
mexicano. El gobierno, mientras tanto, tomó el
control gerencial de otros 14 bancos en problemas.
Para finales de 1998, México
ya tenía más bancos extranjeros que nacionales.
Sin embargo, los bancos extranjeros controlaban sólo
el 20 por ciento de los activos del sistema bancario.[3]
BBVA, BSCH y Citigroup controlaban el 7, el 6 y el 5
por ciento de los activos totales de los bancos comerciales,
respectivamente. Ninguno de los demás bancos
extranjeros tenía una participación de
mercado superior al 1 por ciento.
En diciembre de 1998, la legislación
eliminó todas las limitaciones restantes a la
participación de mercado por parte de entidades
extranjeras y creó un seguro de depósito
y una entidad para la resolución de activos denominada
Instituto para la Protección al Ahorro Bancario
(IPAB), con poderes más amplios y bien definidos,
a diferencia de su antecesor.[4] Sujeto a la supervisión
del congreso mexicano, el IPAB inmediatamente comenzó
a diligenciar bancos en los que había intervenido
el gobierno a través de la subasta de activos
bancarios y, en ciertos casos, bancos enteros, a compradores
nacionales y extranjeros.
Catalizadores para la globalización
Además de la desregulación,
otras fuerzas en México y en todo el mundo han
impulsado al país hacia una mayor integración
con la comunidad internacional.
Los fundamentos económicos
que México emplea actualmente, especialmente
en comparación con los de muchos otros mercados
en desarrollo, han generado más interés
en el sistema bancario por parte de posibles compradores
extranjeros. Además de la amplia reforma y modernización
del sistema financiero, México ha instaurado
y mantenido una estricta disciplina monetaria y fiscal.
México ha cumplido exitosamente con sus objetivos
inflacionarios en años recientes y prevé
una tasa de inflación de aproximadamente el 3
por ciento para 2003, comparada con el 52 por ciento
en 1995. El presidente y el congreso han mostrado un
compromiso hacia la restricción del gasto público,
como lo evidencia el decreciente déficit presupuestario,
y el sistema político mismo ha demostrado ser
estable.
Las monedas comunes, las comunidades
económicas y los bloques comerciales han eliminado
los obstáculos a la expansión global,
siendo un ejemplo relevante la Comunidad Europea y el
euro, los que han facilitado la fusión de bancos
europeos. Al respecto, si bien México tiene una
moneda nacional, casi un tercio de sus activos y pasivos
bancarios están denominados en dólares
estadounidenses, y el peso mexicano se ha mantenido
relativamente estable en los últimos años.
Además, el comercio con los Estados Unidos ha
florecido bajo el TLCAN.
Por otra parte, las innovaciones
tecnológicas han cambiado los productos bancarios
y revolucionado los sistemas de entrega. Avances en
las telecomunicaciones y en Internet han beneficiado
a la expansión mundial de una manera especial,
permitiendo que las transacciones financieras y el control
gerencial trasciendan fácilmente los límites
geográficos. Tales acontecimientos han acortado
la barrera a la información tradicionalmente
relacionada con la distancia entre las oficinas centrales
de una organización y sus subsidiarias.
Entrada extranjera a gran escala
Estimulada por estos acontecimientos,
se dio una secuencia rápida en la que bancos
extranjeros adquirieron los tres bancos mexicanos más
grandes en menos de un año y medio.[5] En mayo
de 1999, el IPAB tomó control de Grupo Financiero
Serfín, y en mayo de 2000 este grupo financiero
fue subastado a BSCH. Inmediatamente después
de esta transacción, BBVA adquirió un
interés controlador en el segundo grupo financiero
más grande de México, Grupo Financiero
Bancomer. La operación se consumó en agosto
de 2000, dramáticamente aumentando la participación
de BBVA en México y haciendo del recién
formado Grupo Financiero BBVA Bancomer el grupo bancario
más grande del país. Esta adquisición
fue la primera adquisición extranjera importante
realizada sin la asistencia del gobierno mexicano. En
el segundo trimestre de 2001, Citigroup anunció
que compraría Grupo Financiero Banacci Accival
(Banacci), propietario de Banco Nacional de México
(Banamex). La operación se consumó en
septiembre de 2001.
Reflejando
estas adquisiciones, el sistema bancario comercial mexicano
está actualmente integrado por 11 organizaciones
nacionales y 19 extranjeras.[6] Entre los bancos extranjeros
se incluyen nueve instituciones estadounidenses, dos
bancos españoles, seis bancos de otros países
europeos, un banco canadiense y un banco japonés.
Los bancos extranjeros poseen ahora casi el 79 por ciento
del total de los activos de la banca comercial (Cuadro
1). En conjunto, BBVA, Citigroup y BSCH poseen
el 66 por ciento de estos activos.
México no es el único
país donde se han dado estos acontecimientos.
En los últimos años, los bancos latinoamericanos
en general han estado a menudo en la mira de compradores
extranjeros. Como se muestra en la Tabla 1, los bancos
extranjeros mantienen ahora una presencia importante
en la mayoría de los países latinoamericanos.
Sin embargo, México sobresale por el grado en
que han penetrado los bancos extranjeros, especialmente
dado el gran tamaño de su economía.
Beneficios para México
No ha transcurrido el tiempo suficiente
como para evaluar exhaustivamente cualesquiera diferencias
en el desempeño general del sistema bancario
resultante de la prominencia de las instituciones extranjeras
en el sistema bancario mexicano. No obstante, las tendencias
han sido positivas. Cada uno de los bancos adquiridos
ha declarado haber tenido éxito en la disminución
de los costos, resultando en mayores utilidades y mayor
presión sobre los bancos nacionales para que
racionalicen sus propias operaciones a fin de permanecer
competitivos. A medida que se logran plenamente las
sinergias de costos relacionadas con las adquisiciones
recientes, se espera que ocurran mayores reducciones
en los gastos de explotación. Aún más
importante, ha mejorado la suficiencia de capital de
los tres bancos más grandes, en ciertos casos
a través de inyecciones de capital provenientes
de las nuevas empresas matrices extranjeras.
En términos más
amplios, los cambios institucionales ocurridos desde
que México abrió su sector bancario a
la penetración extranjera directa corresponden
a los beneficios de los que hablan los proponentes de
la banca mundial en términos de mejores prácticas
y estabilidad financiera. Un análisis completo
de los beneficios de la globalización financiera
tiene que considerar este proceso como un todo, en lugar
de enfocarse sólo en el comportamiento de los
bancos extranjeros. Conjuntamente con la apertura de
su sector bancario, el gobierno mexicano se ha concentrado
en la estabilización, modernización, transparencia
y un impulso hacia normas y objetivos internacionalmente
comparables.
Un vistazo a algunos de los acontecimientos
afines ocurridos en el sector claramente muestra que
el sistema financiero mexicano se ha mejorado y fortalecido
en gran medida. Las autoridades supervisoras han establecido
un nuevo sistema de monitoreo y calificación
de los bancos, y los principios contables han seguido
evolucionado y cada vez se asemejan más a las
normas internacionales. Además, los supervisores
se han movido rápidamente para promulgar nuevas
políticas y procesos de gestión de riesgos
para la administración de crédito. Por
ejemplo, se han mejorado las políticas de gestión
de activos y pasivos para evaluar mejor el valor en
riesgo y mitigar los desajustes de la liquidez y las
tasas de interés. Si bien los mercados generalmente
se han estabilizado en los últimos años,
los efectos de estas mejoras en la gestión de
activos y pasivos se reflejan en ganancias y pérdidas
menos volátiles en relación con el mercado.
Por otra parte, la comunidad empresarial y las autoridades
han mejorado la divulgación de información
financiera y han establecido nuevas leyes de gobierno
corporativo que fortalecen la responsabilidad de los
directores de bancos y aumentan los derechos de los
accionistas minoritarios.
É stos son los tipos de
avances que los partidarios de la globalización
han sostenido que resultarían de la entrada directa
de los bancos internacionales a un mercado nacional.
Una presencia extranjera sólida aporta prácticas
bancarias de primer nivel, una mayor competencia y la
necesidad de hacer preparativos institucionales y de
políticas que apoyen plenamente los servicios
financieros modernos. Sin duda alguna, este proceso
de cambio en México comenzó incluso antes
de la llegada de la propiedad extranjera directa, ya
que entidades internacionales ya habían estado
compitiendo con las instituciones nacionales para servir
a los prestatarios empresariales mexicanos más
grandes y más codiciados.
Preocupaciones desacertadas sobre
la globalización
Es verdad que el sendero del progreso
ha sido difícil para México, como lo evidencia
la devaluación del peso de 1994. Pero desde una
perspectiva más larga, incluso la crisis del
peso y sus problemas bancarios relacionados demostraron
ser positivos en el sentido de que ayudaron a estimular
las mejoras y la modernización emprendidas posteriormente
por las autoridades y los bancos mexicanos.
Los adversarios a menudo hacen
hincapié en la debilidad percibida de un sistema
financiero abierto, citando ejemplos, como el de México,
de que a la liberalización financiera sigue una
crisis financiera. Pero esto ignora los problemas institucionales
y de políticas subyacentes que típicamente
han acompañado a las crisis financieras. Una
evaluación más exhaustiva tomaría
en cuenta la posibilidad de que acontecimientos financieros
adversos en el contexto de un entorno desregularizado
podrían reflejar problemas más profundos,
en lugar de ser resultado directo de la liberalización
financiera misma.
En el caso de México,
la crisis del peso de 1994 puso de relieve, entre otras
cosas, la necesidad de buscar los tipos de mejoras a
la infraestructura financiera que México ha emprendido
desde entonces. Sólo a través de estos
esfuerzos han llegado a concordar las prácticas
bancarias nacionales, el proceso de supervisión,
la calidad de la información y el gobierno corporativo
con las demandas del mercado mundial.
Un rumbo positivo
México ha establecido cimientos
sólidos para lograr el crecimiento económico
y la prosperidad. Una modernización a gran escala
de las prácticas normativas y las normas contables
ha acompañado a la apertura del sector bancario
a la propiedad extranjera y a la competencia, aunado
a una mucho mayor divulgación y requisitos de
gobierno corporativo. Además de abrir su sector
bancario, México ha firmado 10 tratados de libre
comercio en los últimos años, que abarcan
35 países representantes de más de la
mitad del PIB mundial.
Tiene que transcurrir más
tiempo antes de que pueda evaluarse el efecto total
de estos cambios en el desempeño financiero y
económico. No obstante, los sucesos acontecidos
son un indicio firme de que el rumbo emprendido es positivo,
especialmente en cuanto a la suficiencia de capital
del sistema bancario. Reflejando el éxito financiero
de México, el peso se ha mantenido bastante estable
durante los últimos tres años, mientras
que las monedas de muchos otros países latinoamericanos
importantes se han depreciado.
En un lapso de 18 meses, los
tres bancos más grandes de México fueron
comprados por instituciones extranjeras. ¿Causa
de preocupación? No lo creemos. Por el contrario,
es muy probable que la política de apertura de
México resulte en la consecución ininterrumpida
de ventajas económicas mucho mayores de lo que
se esperaba hace sólo unos años.
| — |
Robert V. Bubel |
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Edward C. Skelton |
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| Sobre
los autores
Bubel y Skelton son
analistas financieros internacionales en
el Departamento de Estudios del Sector Financiero
del Banco de la Reserva Federal de Dallas.
Notas
- Se puede encontrar un excelente análisis
de estos puntos de vista opuestos y puntos
relacionados en las observaciones de Robert
W. Ferguson, Jr., ante la Conferencia
Bancaria Internacional del Consejo de
Examen de Instituciones Financieras Federales,
celebrada en Arlington, Va. el 20 de julio
de 1998.
- En ese entonces, BBVA se conocía
como Banco Vizcaya Bilbao y BSCH se conocía
como Banco Santander.
- El gobierno no informa sobre los activos
de los bancos en los que ha intervenido,
y por lo tanto estos activos no se incluyen
en el total. Si se contaran los activos
de los bancos intervenidos, la participación
de mercado calculada para los bancos extranjeros
sería algo menor.
- Se permite la entrada sólo a
través de una subsidiaria independiente
constituida por mexicanos. En México
está prohibido establecer sucursales
o agencias de bancos extranjeros.
- Además, durante el año
2000, un banco canadiense adquirió
un banco mexicano mediano que había
administrado para el gobierno desde 1995.
- El gobierno controla actualmente 11
bancos en los que ha intervenido, entre
los que se incluye un banco pequeño
recientemente intervenido en 2001. Se
ha gestionado el diligenciamiento de los
bancos intervenidos más grandes
a través de convenios con bancos
locales. Los bancos intervenidos restantes
son esencialmente cascarones, ya que los
activos y depósitos más
valiosos ya se han vendido. Recientemente,
el IPAB anunció que las licencias
de siete de estos bancos se revocarán
formalmente y los bancos serán
plenamente liquidados.
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