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Print-Friendly VersionArtículos de investigación

La 'maldición' de Venezuela
Southwest Economy
Mayo/Junio 2004

Desde que fue elegido presidente de Venezuela en 1988, el populista Hugo Chavez ha evocado sentimientos fuertes, muchos de ellos, negativos. Los detractores de Chavez lo acusan de haber maniobrado para llevar al país a la autocracia, pero en lugar de esperar para derrotarlo en las próximas elecciones, intentaron expulsarlo con un golpe militar. Desde el fracaso de dicho golpe, Venezuela se ha tambaleado entre caídas económicas como resultado de huelgas nacionales y, muchos se quejan, la intromisión contraproducente de Chavez en la compañía nacional de petróleo. Las historias sobre la inercia política con respecto a los recientes esfuerzos de la oposición para llamar a elecciones llenan los periódicos del país.

La mayoría de la cobertura mediática caracteriza al conflicto político de Venezuela como una situación que no se hubiera materializado si otro que no fuera Chavez hubiera sido electo o, como una pelea entre ricos y pobres. Los jugadores individuales ciertamente modelan las batallas políticas de Venezuela. Y, las peleas entre ricos y pobres constituyen un tema de crucial importancia. Sin embargo, estos factores son síntomas de un fenómeno mayor que la literatura técnica económica denomina la “maldición de los recursos”.

La literatura de la maldición de los recursos pone en conflicto la idea convencional de que los recursos naturales contribuyen a la expansión económica. De acuerdo a dicha literatura, los recursos naturales abundantes imponen distorsiones económicas y políticas que retardan el crecimiento económico en el largo plazo, a pesar de que pueden producir auge económico en el corto plazo. En el caso de Venezuela, el recurso es el petróleo.

Una observación importante de los economistas de la “maldición de los recursos” es que, generalmente, no existe una relación positiva entre los recursos naturales de una nación y otras formas de riqueza económica. Aún más revelador, los países ricos en recursos crecen más lentamente en promedio que los países pobres en recursos. El término “en promedio” es conservador. De hecho, muy pocos países ricos en recursos crecen tan rápido como el país promedio pobre en recursos.

¿Cómo funciona?
Si todo esto significa que una gran fuente de recursos naturales es, de alguna manera, una maldición, ¿cómo funciona dicha maldición? En la forma más sencilla y puramente económica de la historia de la maldición, un boom de recursos naturales genera excesos de capital financiero. Cuando el dinero entra en juego, los precios de los bienes y servicios no transables—que van desde edificios de oficinas a granjas o a peluquerías—ascienden y permanecen allí. [1]

Cuando los precios de estos bienes y servicios se incrementan debido a una sucesión de ofertas y llegan más allá de un determinado punto, los tipos de producción que los utilizan ya no pueden competir internacionalmente. La producción agricultora basada en la exportación decae. La fabricación basada en la exportación—el motor de crecimiento de lo tigres asiáticos—nunca germina y ciertamente jamás florece. Los gobiernos a menudo intentan “sembrar” sus ganancias petroleras en subsidios para la fabricación y crean otras distorsiones del mercado para compensar las desventajas en los costos que enfrentan las industrias jóvenes. Los jóvenes nunca crecen, aunque con los continuos subsidios gubernamentales, pueden ponerse muy gordos.

Las distorsiones de precio no son el único obstáculo para el amplio desarrollo económico en los países con la maldición de los recursos. Thorvaldur Gylfason, un catedrático de la University of Iceland, opina que el logro educacional de una nación está negativamente relacionado a la proporción de los recursos naturales en riqueza natural. [2]. Los niveles de educación tienen una importante implicancia en la futura combinación de las industrias y, así, en el crecimiento. Los trabajadores con más educación aprenden más rápido en el trabajo. La educación cambia la ventaja comparativa de la producción de recursos, donde aprender al hacer es menos importante, a fabricación y servicios, donde dicha ventaja es muy importante.

En parte como resultado de estos factores—el desplazamiento de las industrias sin recursos, el desaliento de la educación que podría permitir avances en la fabricación y los servicios—los actores en los países basados en recursos se concentran más en pelear por los pedazos de la torta de la economía nacional y menos en esforzarse por hacer que la torta sea más grande.

En un libro sobre Venezuela, publicado antes de que Chavez fuera presidente, la catedrática de la Stanford University, profesora Terry Kart, sostiene que “el desarrollo distorsionado producido por el petróleo, alienta la creencia de los administradores estatales de que los mecanismos de mercado no funcionan en forma compatible con los objetivos socialmente aprobados”. Esto contribuye, ella dice, a una psicología que “admira y recompensa a aquellos quienes pueden ‘ordeñar la vaca’ sin esfuerzo más que a aquellos ... en actividades menos remunerativas, pero más productivas. “[3]

Aún más, el gobierno se concentra en la recolección de impuestos a la energía porque esos esfuerzos son políticamente más fáciles y baratos, en lugar de concentrarse en la economía como integridad. Entonces, cuando los precios del crudo caen, emergen problemas fiscales significativos. Cuando los precios del petróleo están en su auge, los países con la maldición de los recursos gastan cifras aun mayores de las de sus incrementados ingresos con la esperanza de establecer una base de producción no petrolífera que los salve cuando se acabe el petróleo.

Cómo se compara Venezuela?
Coherente con la literatura de la maldición de los recursos, Venezuela ha crecido lentamente comparada con otros países del hemisferio oeste. El Cuadro 1 muestra índices del producto bruto interno real de Brasil, Chile, México, Estados Unidos y Venezuela. Es de notar la suba en el PIB venezolano después de 1973 con el primer gran salto en el precio del petróleo bajo la Organización de los Países Exportadores de Petróleo y el breve crecimiento seguido al shock del precio del petróleo en 1979.

Nótese, sin embargo, que durante un período más largo la economía de Venezuela ha experimentado un crecimiento más lento que otras economías. A pesar de que México, como Venezuela, es uno de los diez más grandes exportadores de petróleo en el mundo, las exportaciones mexicanas son prácticamente casi dos tercios de las de Venezuela. Más aún, la población de México es casi cuatro veces la de Venezuela y, la exportación de la fabricación, hace mucho tiempo, juega un rol más importante para México.

Mientras que los contrastes del crecimiento del PIB entre Venezuela y otras naciones son llamativos, los declives incuestionables de Venezuela en el PIB real per capita son aun más sombríos (Cuadro 2). Entre 1980 y 1999, el año en que asumió Chavez, el ingreso real per capita cayó alrededor de un dieciocho por ciento. Desde 1980 hasta 2002, el ingreso per capita tuvo una baja del veinticinco por ciento. En 1988, el porcentaje de venezolanos con 12 años de educación formal viviendo debajo del la línea de pobreza fue del 2,4. Para 1998, cuando Chavez fue elegido presidente, el porcentaje había ascendido al 18,5.

El crecimiento en PBI real per cápita aun peor

¿Cuánto se puede culpar al petróleo por el lento crecimiento venezolano y el decaimiento del ingreso per capita? Por su parte, en el Centro para el Desarrollo Internacional de la Harvard University, Jeffrey Sachs y Andrew Warner estimaron que durante 1970–90 el PIB real de Venezuela hubiera crecido un promedio de 0,77 por ciento más rápido por año sin petróleo que con él. [4] Para finales de este período, el PIB hubiera sido un 14 por ciento más alto si Venezuela no hubiese sido un país exportador de petróleo.

Atrapada sin salida
En suma, Venezuela ha quedado atrapada en un proceso de declinación económica que se retroalimenta. Las peculiaridades económicas de una economía basada en los recursos naturales—en la cual no solamente las relaciones de precio, sino hasta los incentivos educativos evitan que el país se mueva en una dirección más productiva—resulta en un sistema político que perpetua al sistema económico. El sistema político, por lo tanto, se retroalimenta del foco económico basado en los recursos. Hasta finales de los noventa, los ingresos y los gastos estaban organizados para distribuir la torta con un mínimo de conflicto más que para hacer más competitivo al sistema en general.

Por 40 años los principales partidos políticos de Venezuela tenían un acuerdo formal—el Plan de Punto Fijo—para compartir el poder y la prosperidad económica. A medida que la economía del país empeoró y las oportunidades de acuerdo se iban erosionando con la declinación del ingreso per capita, el viejo acuerdo colapsó. La elección de Chavez fue una importante manifestación de esta ruptura; él no se presentaba como candidato de los partidos del Plan de Punto Fijo.

Las concesiones habían sido reemplazadas por la lucha, pero la lucha involucra los mismos temas que involucraba el acuerdo cuando las circunstancias económicas eran mejores—el mismo foco político, sólo que con nuevas formas de expresarlo. La polarización actual difiere del antiguo acuerdo, sin embargo es el viejo lazo de retroalimentación quien lo creó, mucho más que uno, dos o cien individuos.

—William C. Gruben y Sarah Darley

Sobre los autores

Gruben es vicepresidente y economista senior y Darley asistente de investigación en el Departamento de Investigación del Federal Reserve Bank of Dallas.

Notas

  1. Jeffrey D. Sachs y Andrew M. Warner proveen fuerte evidencia econométrica de que luego de ajustar otros factores relevantes, los precios son significativamente más altos en las economías dominadas por recursos. Véase “La maldición de los recursos naturales”, European Economic Review, vol 45, mayo 2001, pp. 827–38.
  2. “Recursos naturales, educación y desarrollo económico” de Thorvaldur Gylfason, European Economic Review, vol. 45, Mayo 2001, pp. 847–59.
  3. La Paradoja de la abundancia: Auges del petróleo y Petro-estados, de Terry Lynn Karl, Berkeley: University of California Press, 1997.
  4. “El gran empuje, auges de los recursos naturales y crecimiento” por Sachs y Warner, Journal of Development Economics, vol. 59, Junio 1999, pp. 43–76.

Sobre Southwest Economy

Southwest Economy se publica seis veces al año por el Federal Reserve Bank of Dallas. Las opiniones expresadas son de los autores y no deben ser atribuidas al Federal Reserve Bank of Dallas o el Federal Reserve System.

Los artículos pueden republicarse bajo condición de que se acredite la fuente y se provea una copia al Departamento de Investigación del Federal Reserve Bank of Dallas.

Southwest Economy se encuentra disponible en forma gratuita y se la puede adquirir escribiendo a: Public Affairs Department, Federal Reserve Bank of Dallas, P.O. Box 655906, Dallas, TX 75265-5906, o por teléfono al (214) 922-5254.

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