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México emerge luego de permanecer en una recesión de 10 años de duración
Southwest Economy
Mayo/Junio 2005
Federal Reserve Bank of Dallas
Desde la Crisis del tequila acontecida en 1994-95, una de las contradicciones más persistentes y evidentes de México ha sido la recuperación del crecimiento económico a la par del estancamiento en los préstamos bancarios. Esta contradicción ha dado lugar a crecientes preocupaciones acerca de los cuellos de botella dentro de las cadenas de producción de México y acerca de lo que algunos analistas ven como índices de expansión por debajo del potencial.
Por lo general, los préstamos bajan cuando surgen caídas financieras y la Crisis del tequila de México no fue la excepción. La moneda mexicana perdió la mitad de su valor en el lapso de unos pocos meses. La tasa de interés interbancaria se elevó 60 puntos porcentuales aproximadamente, a más del 90 por ciento y permaneció sobre el 20 por ciento hasta finales de 1999. Fue necesario que la banca mexicana utilizara la mayoría de sus recursos para solventar activos problemáticos, dejando poco espacio para nuevos préstamos.
Y peor aún, los créditos concedidos por la banca mexicana continuaron en picada mucho después de que la economía nacional se había recuperado. Si se compara con otros países en situaciones similares, en México se observó que el estancamiento en los préstamos fue muy agudo y de larga duración.[1]
Sin embargo, la banca mexicana informa que los préstamos comerciales empezaron a crecer considerablemente en el cuarto trimestre de 2004 y que las tasas de crecimiento saludables continuaron hasta el primer trimestre de este año, un claro indicativo de un posible cambio total de la recesión crediticia de los últimos 10 años. Tratamos las posibles causas de la recesión crediticia, sus implicaciones y lo que parece indicarnos el incipiente surgimiento positivo en lo relativo a préstamos.
Globalización y crédito bancario
Un sistema bancario vibrante al que pueden acudir nuevas empresas en busca de créditos que faciliten su entrada a mercados que antes eran segmentados, promoviendo así la competencia. La disponibilidad de financiamiento promueve la libertad económica que les permite a los empresarios apalancar los recursos necesarios para buscar oportunidades comerciales.[2] Se aplican consideraciones similares a los préstamos personales, que pueden ayudar para que las personas utilicen eficazmente futuros ingresos para satisfacer necesidades importantes, como vivienda y educación.
Tres años atrás en esta misma publicación, defendimos la globalización financiera y utilizamos la banca mexicana como un estudio de caso.[3] Llegamos a la conclusión que el crecimiento de empresas foráneas dentro del sistema bancario mexicano (Gráfica 1) no era causa para alarmarse, sino que por el contrario, promovería prácticas bancarias de clase mundial, mejoraría la competencia financiera y brindaría como resultado una mayor estabilidad financiera. Con esto no pretendíamos afirmar que el sistema bancario mexicano tuviese particular necesidad de la participación extranjera, sino más bien exponer nuestro punto de vista en cuanto a que la competencia internacional puede promover, en cualquier país, austeridad económica y financiera. Nuestro análisis estaba en contradicción con el de los enemigos de la globalización, quienes en general afirmaban lo dañino de las influencias extranjeras y de los vínculos internacionales.

En la actualidad, muchos de los beneficios que afirmamos que se originarían de la apertura internacional del sistema bancario mexicano se han llevado a cabo, pero los préstamos comerciales se han reanudado a un paso lento. Particularmente, la evidencia demuestra que ciertos pequeños y medianos negocios mexicanos no han contado con un financiamiento adecuado, dando lugar a cuellos de botella en la producción de productos y servicios clave y han estancado la competitividad económica de México por debajo de su potencial.[4]
Es en este contexto que la reciente subida vertiginosa de los préstamos comerciales toma su particular importancia. Los créditos personales han experimentado un rápido crecimiento por muchos años a la fecha, pero los créditos comerciales estaban un tanto restringidos antes del cuarto trimestre del año pasado, cuando se dio un verdadero crecimiento de año sobre año, que alcanzó un 15 por ciento (Gráfica 2). Hasta el primer trimestre de 2005, los préstamos comerciales acumulados continuaron demostrar un fuerte crecimiento a una tasa del 17 por ciento.

Crisis e inicio de reforma
Algunos años antes de la Crisis del tequila, México privatizó sus bancos comerciales después de una década en la que fueron propiedad del gobierno. Durante dicha década, los bancos habían canalizado la mayoría de sus créditos al gobierno federal. De allí que las evaluaciones de riesgo de mercado fueran mínimas.
Cuando se dio la privatización, los bancos tomaron las medidas para generar altos rendimientos y para justificar los irrazonables precios de remate en los cuales se habían adquirido. Los créditos de alto riesgo para el sector privado fueron la consecuencia de estas medidas. El problema se empeoró debido a la incompleta ejecución legal de los contratos financieros, al sistema subdesarrollado de supervisión y reglamentación, a la garantía gubernamental implícita sin límites de las responsabilidades de la banca y la propia falta de experiencia de la banca en la evaluación de riesgos asociada con los créditos otorgados al sector privado. Los créditos bancarios aumentaron a una tasa anual promedio del 25 por ciento, desde 1989 hasta 1994, dando como resultado que los créditos bancarios se cuadruplicaran como un por ciento del PIB.
Los créditos bancarios otorgados al sector privado juegan un papel económico crucial cuando se otorgan adecuadamente, pero esta explosión indisciplinada en los créditos dio lugar a un desequilibrio. A finales de 1994, los préstamos riesgosos de los bancos mexicanos se tornaron más precarios con el colapso del peso y las subsiguientes alzas en la inflación y en las tasas de interés. La Crisis del tequila devastó la habilidad, y en algunos casos la disposición, de los prestatarios de satisfacer el pago de sus deudas. El estado financiero de los bancos se deterioró severamente.
Los programas gubernamentales utilizaron diversas formas para dar apoyo al sistema bancario. El gobierno dio inicio a programas para mejorar el balance general de la banca por medio de reducir la carga de los deudores. Se ofrecieron descuentos en saldos de préstamos y en pagos futuros. Los bancos y el gobierno compartían sus costos. En la mayoría de los casos, el público en general consideró estos programas con indiferencia.
Por el contrario, la política de tolerancia del gobierno para los mismos bancos era muy impopular. El público lo vio como un rescate financiero por parte de los contribuyentes para los accionistas del banco. Al amparo por el Programa de recapitalización y compra de cartera, el gobierno le proporcionó a los bancos bonos disponibles a cambio de préstamos no saludables. Se corrió el rumor de que muchos de los préstamos se habían otorgado o incumplido fraudulentamente o se habían concedido a allegados. Estos bonos ayudaron a evitar el fracaso, pero su alto volumen y su naturaleza no negociable restringieron la liquidez (Gráfica 3). En los bancos que resultaron más afectados, el valor de los accionistas se vio seriamente reducido y en algunos casos eliminado.

El efecto que la crisis causó en muchos bancos, llevó a muchos a cuestionar su privatización. Existe mucha evidencia de que la fuente de los problemas de la banca no fue la privatización en sí misma, sino la falta de estructura reguladora y legal, así como de supervisión de riesgos. A pesar de los daños infligidos a la economía Mexicana, la Crisis del tequila destacó estos problemas y promovió el cambio.
La promesa de un crecimiento crediticio sostenido
Al examinar los principales problemas que reprimieron el crecimiento en la actividad crediticia en los últimos 10 años, se revela un progreso sustancial hacia la resolución y sugiere que el reciente y generalizado crecimiento crediticio continuará.
Recuperación. Las consecuencias de la Crisis del tequila explica el por qué de la renuencia inicial de la banca hacia los créditos. Los bancos debían solventar los créditos problemáticos, incrementar sus bajos niveles de capital y diseñar un escape de los altos costos de captación de fondos impulsado por la calidad. Otros de los problemas que afrontaban eran el funcionamiento ineficiente en general y la inadecuada tecnología informática. En respuesta, los bancos simplificaron sus operaciones, racionalizaron sus costos y generaron mayores ingresos. Sin embargo, para la mayoría de los grandes bancos, la recuperación total de su balance general no se dio hasta que los bancos extranjeros los adquirieron. Estas adquisiciones, que empezaron en el año 2000, generalmente involucraban otorgarles una inyección de capital.
Una causa para la demorada recuperación de crédito comercial se debe a los pagarés no negociables que el gobierno les otorgó a los bancos a cambio de sus préstamos no saludables. Los bancos no pudieron vender dichos bonos y utilizar esos ingresos para otorgarle préstamos al sector comercial. A principios del cuarto trimestre de este año, empezará a cumplirse el plazo de los pagarés no negociables y es casi seguro que se trasladarán los fondos a pagarés negociables. Estos nuevos pagarés les proporcionarán a los bancos una fuente de liquidez, ya que los pagarés ya no atarán los fondos del banco que de otra manera pueden desviarse en apoyo del crecimiento crediticio.
Infraestructura reguladora y de supervisión de riesgos. Los años que siguieron a la Crisis del tequila han sido de grandes cambios normativos. En la actualidad, las regulaciones mexicanas por lo general están alineadas a las normas internacionales o incluso son más exigentes, en lo relativo a la supervisión de riesgos, políticas de control interno y otorgamiento de préstamos.
Durante el período de la Crisis del tequila y por muchos años más, los departamentos de crédito no estaban totalmente desarrollados y los bancos no los utilizaban. Sin embargo, un cambio normativo subsiguiente, exige que antes de otorgar un préstamo, los bancos obtengan, revisen y documenten el historial de pagos del prestatario y su situación financiera actual. Los préstamos personales e hipotecarios otorgados sin seguir estos procedimientos están sujetos a una exigencia de reserva específica, igual al 100 por ciento del saldo del préstamo.
Aunque estuvieron renuentes en un principio, en la actualidad los banqueros aceptan estos procedimientos. Los departamentos de crédito han adquirido mayor importancia y el público valora una buena calificación crediticia, que conlleva a establecer una cultura positiva de pago de préstamos. Con esta nueva infraestructura de calificación crediticia, los préstamos personales han experimentado un crecimiento fuerte y continuo. La divulgación de estos métodos y tecnologías, junto con la creciente atención normativa en todo tipo de préstamo, indica que los créditos comerciales tienden a expandirse.
Infraestructura legal. Otra dificultad para el crecimiento crediticio y particularmente para el otorgamiento de créditos seguros ha sido el ámbito legal. La falta de personal y la carga de trabajo han saturado a los tribunales mexicanos. La remuneración que el personal de los tribunales, y especialmente los jueces, reciben no es la adecuada. Estos problemas se observan especialmente a nivel local. Muchos banqueros y analistas industriales creen que los tribunales locales son corruptos y que se prestan para la interferencia política. Y, hasta hace muy poco, las leyes mexicanas concernientes a la quiebra y a la readquisición de garantías, eran muy vagas y favorecían marcadamente a los prestatarios. El resultado fue que al avocarse los bancos al sistema judicial para cobrar préstamos morosos, se encontraron con procesos judiciales prolongados e infructuosos. Antes de las reformas recientes, los observadores indicaron que se necesitaban por lo menos cinco años para las resoluciones judiciales relativas a ejecuciones hipotecarias y readquisiciones.
Sin embargo, los acontecimientos recientes han conducido a mejoras importantes en la infraestructura legal de México. En el año 2000, el Congreso mexicano aprobó una ley que implementa un nuevo proceso que rige lo relativo a quiebras y readquisición de garantías. La reforma subsiguiente de 2003 clarifica más el proceso de resolución detrás de la quiebra y del incumplimiento de obligaciones crediticias.
Informes que contienen anécdotas sugieren que las leyes que supervisan los procesos judiciales relativos a quiebras y que detallan readquisiciones de garantías, han sido en general efectivas y han disminuido sustancialmente los períodos de resolución. Es más, en la actualidad muchos de los casos pueden resolverse fuera del sistema judicial. Estas opciones también les han permitido a las instituciones financieras optar más por trabajar directamente con los clientes para promover los pagos de préstamos.
En otros casos, la ejecución de los contratos puede ser todavía difícil. Los sistemas de derechos de propiedad involucran a numerosas instituciones de refuerzo mutuo. Algunas de las autoridades locales que son responsables de ejecutar los derechos de propiedad en México, son aún débiles, con lo que reflejan el no tan lejano régimen autoritario del país. Estas circunstancias pueden ser difíciles de resolver, ya que pueden involucrar costumbres informales o instituciones políticas.[5]
Con todo, ya se observan los desarrollos positivos del sistema financiero asociados con las mejoras en la infraestructura legal. El florecimiento del mercado de valores mobiliarios con respaldo de activos en México, es prueba de una fe creciente en el cumplimiento de los contratos de créditos garantizados. A pesar de un leve crecimiento en las tasas de interés durante el segundo semestre del año, el mercado de conversión de la deuda en valores casi se cuadruplicó en 2004, poniendo este tipo de mercado a la cabeza en toda Latinoamérica. Como ejemplos de estas novedosas operaciones financieras estructuradas, podemos mencionar la conversión de la deuda en valores de préstamos de vehículos pesados (camiones), automóviles y de tarjetas de crédito, así como deudas municipales y del gobierno estatal. La primera emisión de valores con respaldo hipotecario (MBS, por sus siglas en inglés) tuvo lugar en diciembre de 2003. El mercado de MBS aumentó de una sola emisión de $53 millones en ese año, a seis emisiones que alcanzaron un total de $477 millones en 2004. La estabilidad económica y política sostenida, el surgimiento de nuevos productos de conversión de deuda en valores a un amplio grupo de activos y la liberalización de las leyes han contribuido a aumentar la demanda institucional por conversión de la deuda en valores de activos. Todo ello en conjunto conlleva a una continua expansión de la actividad financiera bancaria.
Competencia bancaria. En su lucha por volver a adquirir el fundamento financiero después de la Crisis del tequila, los bancos invirtieron en títulos públicos, reemplazaron depósitos a plazo de alto costo y préstamos con depósitos a la vista de bajo costo, disminuyeron gastos de costos indirectos a través de despidos, eliminaron operaciones improductivas y aumentaron el volumen de operaciones y de ingresos por cuotas de servicio. Otras oportunidades para mayores avances con relación a estas líneas parecen más bien limitadas. Los márgenes de interés neto se han diluido y estabilizado. Con el incremento en la precisión o exactitud de la evaluación de créditos, supervisión y cumplimiento de contratos, el retorno a los mercados crediticios parece ser el siguiente paso en el incremento de la rentabilidad.
Condiciones económicas y demanda de préstamos. A pesar del fuerte crecimiento económico, las altas tasas actuales y las fluctuaciones en precios no se moderaron en México hasta 1999-2000. Para entonces, los créditos comerciales parecían estar en condiciones para crecer, pero la subsiguiente desaceleración económica de los Estados Unidos obstaculizó el crecimiento económico en México y puso fin al ímpetu detrás de los primeros signos de expansión crediticia.
Afortunadamente, el crecimiento económico ha resurgido en los Estados Unidos y en México. El movimiento conjunto de estas dos economías refleja en parte los efectos unificados del Tratado de libre comercio de América del Norte de 1995 para promover mayor integración de sus ciclos económicos y comerciales (Gráfica 4). El incremento en la demanda de préstamos, asociado con una actividad económica más fuerte, debería obrar en conjunto con los otros factores discutidos para generar un crecimiento sostenido en los préstamos comerciales de los bancos de México.

Perspectiva
México representa una oportunidad bancaria única. Las condiciones macroeconómicas son estables y siguen mejorando, la infraestructura financiera del país está en continuo desarrollo y modernización y la convergencia del ciclo económico con los Estados Unidos debería ayudar a promover el crecimiento futuro. Lentamente, pero en forma segura, se han resuelto varios de los obstáculos para el suministro y demanda de préstamos comerciales. Al reconstruir el capital y mejorar los sistemas de supervisión de riesgo, la banca mexicana se ha ubicado en una situación ventajosa en las tendencias positivas que modelan la demanda de préstamos comerciales. Los márgenes de interés estables y la posibilidad limitada de incrementar sus cuotas y reducir sus costos ayudarán a impulsar el otorgamiento de préstamos en la medida que los bancos obtengan ganancias para fortalecer el valor para el accionista.
Estas consideraciones sugieren que se ha superado la recesión crediticia de los últimos 10 años de México reconstrucción crediticia es el último paso en la restauración monumental del sistema bancario de México, que se caracteriza por un firme crecimiento crediticio y los logros alcanzados en la mayoría de sistemas bancarios de avanzada.
—Robert V. Bubel y Edward C. Skelton
| Sobre
los autores
Babel y Skelton son analistas financieros internacionales del Departamento de estudios de la industria financiera del Federal Reserve Bank of Dallas.
Notas
- “NAFTA and Mexico's Less-Than-Stellar Performance,” de Aaron Tornell, Frank Westermann y Lorenza Martínez, Dirección general de investigación económica, documento en vigor Núm. 10289, febrero de 2004.
- “Financial Markets and Economic Freedom,” [PDF] de Luigi Zingales, en The Legacy of Milton and Rose Friedman's Free to Choose , Federal Reserve Bank of Dallas, 2004, pág. 175–89.
- “Financial Globalization: Manna or Menace? The Case of Mexican Banking,” de Robert Bubel y Edward Skelton, Federal Reserve Bank of Dallas Southwest Economy , enero/febrero de 2002.
- Tornell, Westermann y Martínez (2004).
- “Why Institutions Matter: Banking and Economic Growth in Mexico,” de Stephen Haber, Centro Stanford Center para el desarrollo internacional, documento en vigor Núm. 234, noviembre de 2004.
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